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‘Espaldas de plata’, en el Rialto   

Francisco Camps, un gorila y el sentimiento de culpa

26/05/2021 - 

VALÈNCIA. Hace más de una década que a María Cárdenas, entonces directora creativa de una agencia de comunicación, le llegó el proyecto que nunca quiso asumir: el de encargarse de la campaña electoral de Francisco Camps. El político, ahora inmerso en una batalla por liderar el Partido Popular en València, gozaba entonces de otro estatus y probablemente no pocos creativos habrían aceptado el encargo de buen gusto. Pero no María. Ella lo rechazó por convicción, aunque siempre le quedó una pregunta por responder: ¿Qué habría pasado de haberlo aceptado? Este es el punto de partida de Espaldas de plata, una producción de la compañía valenciana la Teta Calva, liderada por la propia María Cárdenas junto a Xavo Giménez. Con esta premisa plantean una comedia con tintes de tragedia que, a partir de esta experiencia personal, da forma a un nuevo relato en el que entra en juego la política, los principios morales y un gorila escapado del Bioparc. 

“En nuestras obras el punto de partida suele ser una experiencia real. De hecho, hay una aroma parecido con nuestra primer texto, Penev, que fue justo cuando me echaron de la televisión. De esta historia hace muchos años, quedó ahí esperando hasta que la pusimos en marcha. Es una idea muy potente”, recalca Giménez a Culturplaza. Será en apenas unos días que la compañía suba el telón para desvelar los secretos que hay detrás de Espaldas de plata, que se podrá ver del 3 al 6 de junio, una historia que tiene muchos matices. La pieza presenta a dos únicos personajes sobre las tablas: por un lado, Fontana, interpretado por Leo de Bari, un creativo de izquierdas que se ve obligado a hacer algo que detesta; por otro, Walter, interpretado por el propio Xavo Giménez, un jefe despiadado, un “pijo valenciano”, un auténtico “cabrón”, que pondrá entre la espada y la pared al protagonista.

Aunque el proceso creativo de La Teta Calva parte de esa fugaz experiencia con Francisco Camps, lo cierto es que el retrato que se hace del político para el que Fontana trabaja es, en realidad, fruto de la combinación de no pocos nombres. Tanto del ámbito autonómico como internacional, el listado es largo, líderes políticos de los que los autores han tomado desde tramas vinculadas a la corrupción a los tintes populistas en sus discursos. Además, cabe destacar, esta figura no aparece nunca en escena, aunque sea el claro detonante de la acción. “El personaje de Camps, en realidad, no tiene ninguna importancia en la obra, es un político como podría ser cualquier otro. De hecho, es una mezcla de varios de ellos, no mencionamos a ningún partido”, recalca Giménez. 

Este personaje invisible busca reincorporarse a la vida política tras cumplir condena en prisión por su implicación en un escándalo de corrupción, un regreso para el que necesitará un aliado en el ámbito comunicativo, un creador que no comulga con los principios de su cliente pero que, en este camino, verá como se pone en juego los suyos propios. De hecho, la figura del político y la presión para realizar el encargo que se la asigna al creativo es, en realidad, una excusa para hablar de una cuestión mucho mayor, de la implicación social de la ciudadanía y las contradicciones constantes a las que se ve sometida en tanto que habitantes de un mundo capitalista y acomodado. Una palabra se repite con fuerza durante todo el relato: culpa. “Hablamos de la culpabilidad de los actos ínfimos, de los actos más discretos. Nos conformamos con tener una cuota pagada a una ONG,  pero esos pequeños actos de bondad son en realidad para satisfacernos a nosotros, nos deja más tranquilos mientras seguimos devastando el planeta”, relata Xavo Giménez. 

Y es que, en el fondo, la pieza busca poner el foco en esos placebos cotidianos para hacer una verdadera llamada a la acción, desde el punto de vista político, social o ecológico, una reflexión sobre cómo los ideales de sofá dejan de serlo cuando se enfrentan a la calle. “La obra habla de hasta qué punto dejamos de lado nuestros principios para poder vivir cómodamente, pero a veces nos olvidamos de que cuando se baten las alas en un sitio se provoca un tornado en otro. Las pequeñas acciones son importantes”. De manera paralela, la agencia tiene que lidiar con otra situación más rocambolesca si cabe, la huida de un gorila del Bioparc, un animal que busca la libertad y que se presenta como una metáfora de los deseos del personaje principal. “Hay un paralelismo entre la jungla y esta y otras ciudades, espacios que son selvas que encarcelan a las personas”. Todo ello envuelto en un espacio sonoro de la mano del artista y músico Lukas Lehmann y bandas como Gener, Senior i el Cor Brutal, Petit Mal, Zendra o el propio Giménez en su faceta de músico ponen la banda sonora al último trabajo de la compañía

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