II DEBATE DEL ESTADO DE LA CIUDAD

“Grezzi, espera que ahora voy a por ti”

21/09/2017 - 

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VALÈNCIA. Decía este martes el alcalde de València, Joan Ribó, que el segundo debate del estado de la ciudad, el que marca el inicio del tercer año de legislatura, debería servir para reflexionar. Decía también que iba al mismo con “tranquilidad”. Cómodo con la vara de mando, a gusto en el inestable Govern de la Nau, Ribó asistía este miércoles casi como un testigo a una lid en la que el protagonismo, las críticas y los ataques se repartieron entre sus concejales, y en la que el alcalde supo manejarse situándose por encima del bien y del mal, oyendo como si escuchara.

No picó en ninguno de los cebos que le lanzó la oposición, escuchó sin entrar al trapo y eludió hasta la trampa que le puso el portavoz popular Eusebio Monzó cuando le quiso forzar a hablar del referéndum del 1 de octubre, tema candente en una mañana de smartphones y redes sociales, pero que el alcalde resolvió con una respuesta llena de sentido común y poca polémica: dónde esté el diálogo, que se quite cualquier otra opción. Tampoco tuvo mucho éxito en la invocación al fantasma del catalanismo el portavoz de Ciudadanos, Fernando Giner. Aunque formaba parte del guión que ambos partidos de la oposición agitaran esas banderas, uno por estrategia nacional innegociable, el otro por convicción personal, sus proclamas se topaban con una cierta indiferencia de una realidad más prosaica.

Con la mente puesta en el próximo cónclave del 30 de septiembre, que posiblemente se celebrará en la sede histórica de la Universitat de València, el Govern de la Nau intenta tender puentes entre sus diferentes socios. Aparente adalid de ese intento de re-unión, Ribó guardó espacio para todos sus ellos en su prolijo discurso en el que repasó la acción de estos dos años. Con todo, los anuncios que desgranó tampoco eran nada novedosos. En su mayoría sólo concretaban fechas o ampliaban contenidos. Así se podría decir de la fecha de apertura del Parque Central, del inicio del estudio de la peatonalización de la Plaza del Ayuntamiento o de la apertura del parking de Brujas. Pasó desapercibida la única gran novedad, el pacto por la Ley de la Capitalidad, asunto demasiado elevado y sesudo para estos tiempos, o líricos o mundanos, pero nada profundos.

Con la portavoz de València en Comú, María Oliver, exhibiendo poco músculo en una intervención condicionada por cuestiones ajenas a su voluntad, fue la portavoz socialista Sandra Gómez la socio de gobierno que mejor aprovechó su tiempo. Así se reservó dos ases: el acuerdo con el IVF para favorecer a los innovadores y un plan de empleo para mayores de 50 años, una iniciativa que no vende publicitariamente pero ayuda a mejorar las vidas de muchas personas. Más resonancia tuvo su anuncio de que se iban a limitar el porcentaje de alojamientos turísticos en Ciutat Vella, aunque la letra pequeña descubría que ésta era una idea ya anunciada en su día cuando se puso en marcha el PEP para el casco histórico. Fue, algo así, como lo del Parque Central.

Quiso Giner jugar a desvelar las grietas y el malestar que existe entre los socios de gobierno en una inteligente estrategia de divide y vencerás. Pero se fue perdiendo hasta caer en los fáciles brazos de la crítica al catalanismo, el comodín del público. Muy enconsertado por su propio discurso, lo malo de ir preparado, fue duro por ejemplo, con Ribó (al que le dijo que era un alcalde a tiempo parcial), Oliver (habló de cainismo en Podemos) y Gómez (cómo no), pero al final le faltó mordiente y entró en lo que la portavoz socialista, con malicia, definiría después como “tertulia de bar”. Sólo le faltó llamarle ‘cuñado’.

Más mordaz y certero estuvo Monzó, quien decidió saltarse sus propias normas y prácticamente improvisó su intervención. Estuvo ácido, habló “del bailecito, del suavecito” en el que vive el Govern de la Nau, de que Ribó habla de un mundo de felicidad pero la ciudad está peor. Se creció y soltó zascas tanto al concejal de Movilidad, Giuseppe Grezzi, como al portavoz de Compromís, Pere Fuset, a quien le desdeñó su discurso (por otro lado muy parecido al de Gómez el año pasado). Al primero le acusó también del caos de la movilidad en València, y se creció y le advirtió en un momento del debate: “Grezzi, espera, que ahora voy a por ti”, para después afearle unos tuits sobre los atentados de Cataluña acusándole de haber culpado de los mismos a Rajoy, algo por lo que le calificó de “miserable”; un comentario inapropiado con el que deslució la mejor intervención del debate. “Controle sus tuits”, le reclamó. Nomdedéu puede marcar tendencia.

La inoperancia, el bajo nivel de ejecución del presupuesto… llamativo era que conforme iba avanzando el día iba quedando claro cuáles eran los concejales que menos estopa iban a recibir, los otros victoriosos. Al socialista Ramón Vilar, regidor de Hacienda, ni un soplo en contra y hasta un elogio a la inversa por parte del portavoz de Ciudadanos, Fernando Giner, quien le dijo que no le dejaban hacer lo que quería. En su saldo, el haber reducido el déficit del Ayuntamiento o las facturas en el cajón de la cuenta 413 que han bajado de 30 millones de euros a 400.000.

A su compañero de Urbanismo, Vicent Sarrià, una mención irónica a que tenía que trabajar para Grezzi (Giuseppe es otro comodín para la oposición). A Isa Lozano, Compromís, sólo alguna referencia a los problemas que ha habido este año con la matriculación por la Universidad Popular. Y a Sergi Campillo, que detenta la Concejalía de Gobierno Interior, hasta Ciudadanos se olvidó de atacarle. Y eso que en el discurso original los miembros de la formación naranja habían incluido una referencia a su política de contratación, la clásica crítica acusándole de “contratar amigos”. Ni la dijeron.

La participación de las entidades vecinales y cívicas quedó finalmente más en una anécdota, un protocolo, que en algo práctico. Algunas, como los comerciantes del Centro Histórico, advertían ya de entrada que prácticamente tenían que repetir el discurso, lo cual no parece precisamente una buena noticia para el Govern de la Nau. Hubo laudos y alguna intervención extemporánea, como una que acabó hablando de problemas de campos de petanca, pero la mayoría aludieron a asuntos cotidianos como el botellón, la suciedad, temas relevantes de infraestructuras como la T-2 o problemas que se arrastran desde hace meses como los okupas en el Cabanyal.

Entre los participantes, el senegalés afincado en València Papa Balla Ndong, quien habló en nombre de SOS Racisme. Inició su intervención en valenciano, se excusó por no hablarlo del todo bien, elogió el funcionamiento del Consejo Local de Cooperación y la habilitación del Anillo Ciclista (punto positivo para Grezzi), e instó a la mejora de la formación en el respeto a la diversidad así como a las actuaciones dirigidas a mejorar la convivencia. Al final de la mañana la única persona que quedaba en los salones adyacentes viendo el debate retransmitido por circuito interno, escuchando la réplica de Giner y el final del debate, era él. Toda una metáfora.

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