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MÚSICA ELECTRÓNICA Y ARTE DIGITAL EN VALÈNCIA 

Guaridas de experimentación para raros y disidentes

Sala Naranja, Magatzems, La Clínica Mundana… todas ellas desaparecieron, dejando atrás un bonito legado de producción y exhibición artística al margen de los circuitos comerciales. Continúan su labor espacios como Plutón c.c. y ciclos itinerantes como Abstrakce Trips y Pin Pan Pun

17/01/2019 - 

VALÈNCIA. Hubo un tiempo no muy lejano -hace apenas una década-, en el que València volvió a sonar como una ciudad amigable para la producción y exhibición de música y arte contemporáneo experimental. Desde luego, semejante apreciación no se debía a la existencia de una masa crítica de público ávida por seguir las últimas tendencias de performance e improvisación sonora, sino a la apertura encadenada de una serie de espacios independientes y autogestionados donde este tipo de manifestaciones encontraron un hogar. 

Primero abrió sus puertas la Sala Naranja (2000-2008), que tenía su sede en la calle del barrio de Patraix y daba cabida a casi cualquier expresión artística contemporánea. En 2007 se fundó la asociación Magatzems en un amplio local situado en el número 53 de la calle Turia. A lo largo de sus cuatro años de actividad, este centro acogió 63 eventos (incluida la primera edición de la feria de autoedición Tenderete) y expuso la obra de 112 artistas. Durante un periodo de tres años su programación coincidió con la de otros dos espacios afines: La Clínica Mundana (Plaza del Ángel, 5) y Plutón c.c. (carrer d’En Plom, 5). La primera cerró en 2012 dejando para el recuerdo actuaciones como la del músico norteamericano Daniel Higgs y los ciclos Herzios y Audiometrías. En este pequeño edén de arte sonoro, música ambiental, electroacústica y ruidismo (que el propio Llorenç Barber considera su segunda casa) surgió también el proyecto La Orquesta Mundana, formada por Avelino Saavedra, Jean Montag, Antonio Sánchez, Josué Coloma y Edu Comelles. De forma variable participaban también Martí Guillém, Juan Antonio Nieto, Óscar Martín y Julián Bonequi. En otras palabras, La Clínica Mundana era la desembocadura natural para muchos de los alumnos y profesores de la rama de audiovisual y arte digital que emanaba de la Escuela de Bellas Artes de València, así como para talentos autodidactas.

La Clínica Mundana 2011(Festival Hz!)

Estos espacios, constituidos como asociaciones culturales sin ánimo de lucro y carentes de subvenciones, se financiaban gracias a las aportaciones personales de los propios socios y a la limitada liquidez que dejaban en caja los eventos a los que no se buscaba más rentabilidad que cubrir los gastos. La crisis económica se llevó por delante muchos de estos y otros proyectos filantrópicos excepto el pequeño y espartano Pluton c.c., un centro de investigación artística que todavía mantiene una agenda escueta pero constante de actuaciones y debates abierta al público. En sus paredes se celebró el pasado fin de semana un concierto del prestigioso artista intermedia José Manuel Berenguer, y también la 13ª edición del ciclo itinerante Pin Pan Pun, en el que participaron Antoni Baus (noise-industrial), ATTA (Avelino Saavedra y Martí Guillem), María Chavez y el neoyorquino afincado en València Jordi Wheeler, y por último el belga Manu Louis.

Foto: EVA MÁÑEZ.

También aquí encontramos vasos comunicantes con la Politécnica de València. Hablamos con una de las fundadoras del proyecto, María José Martínez de Pisón, profesora de Medios Digitales e Interactivos en la Escuela de Bellas Artes: “Entre semana somos un estudio privado donde desarrollamos nuestros propios proyectos, impartimos talleres y también está abierto a que los alumnos de Bellas Artes vengan a resolver sus dudas. Uno de nuestros principales intereses es desarrollar herramientas de software libre enfocadas al arte electrónico y digital. Ahora estamos ultimando un software que se llama Mosaic y está muy enfocado a la enseñanza, pero también sirve para hacer música en directo”. “Si Plutón sobrevive es únicamente porque los tres socios que somos aportamos parte de nuestro sueldo como profesores”, aclara. La popularidad del espacio es la última de sus preocupaciones. No utilizan redes sociales ni les hace demasiada gracia que el local se llene a rebosar (cosa que rara vez ocurre). La marginalidad en ese caso es completamente deliberada.

Una escena intergeneracional y sin jerarquías

Avelino Saavedra (Santiago de Compostela, 1967), pintor y músico polifacético con tres décadas de trayectoria en el campo de la improvisación libre, el noise y la música concreta, recuerda de esta manera sus primeros contactos con la escena de la capital del Turia. “Lo primero que conocí fue la Sala Naranja, en Patraix, hace unos 18 años. Expuse unas pinturas y performances. Después abrieron otras como Magatzems, La Clínica Mundana, Plutón c.c… En ciudades como Madrid se veía todo este movimiento con cierta admiración. Allí sigue siendo hoy muy difícil organizar este tipo de eventos -apunta-. En general, hay pocos espacios en España con programación habitual de arte sonoro, performances y video arte. En Barcelona apenas hay dos o tres locales pequeños donde se hacen sesiones de improvisación, y que además son bares, no asociaciones. En Almería tienen desde hace poco un colectivo interesante que se llama La Morada Sónica, y en Galicia otro que se llama La Metamovida. En València, dentro de lo que cabe, y a pesar de que han cerrado varias asociaciones, la cosa no está tan mal en comparación”. 

Todas estas iniciativas se distinguen por su carácter intergeneracional y su horizontalidad. No hay jerarquías internas. “Se mezcla todo tipo de gente, y colaboramos y compartimos escenario personas de edades muy distintas”, confirma Saavedra. La artista multimedia Cristina Ghetti, colaboradora habitual de Plutón c.c., cree que se necesitan más lugares que den cancha a obras que no pueden o no quieren entrar en el circuito comercial de galerías o el institucional de museos y festivales. “Es muy bonito encontrar un sitio donde los jóvenes y los más mayores muestran sus proyectos y los someten a debate para que todo el mundo opine. Es un ambiente muy enriquecedor que yo hacía mucho que no veía, ni siquiera en mi ciudad de procedencia, Buenos Aires”.

Foto: EVA MÁÑEZ.

Ciclos itinerantes y festivales 

Otra de las vías de escape -sobre todo para las manifestaciones experimentales sonoras- son el ciclos itinerantes Pin Pan Pun, coordinados por Martí Guillém, y el que llevan a cabo Jonathan Bordes y Guillermo Cerdá, fundadores del sello discográfico Abstrakce Records, bajo el nombre Abstract Trips. Esta serie de conciertos nos ha permitido ver en València a artistas sumamente interesantes del panorama electrónico underground internacional como Marie Davidson, M. Geddes Gengras o la rusa Maria Teriaeva, cuyo debut en España -acompañada de su sintetizador Buchla- tuvo lugar en el espacio que comparten en Ruzafa la tienda de ropa y antigüedades Madame Mim y Flexidiscos. El mapa de “guaridas” de la electrónica menos comercial se completa con espacios como La Carbonera (en el Cabanyal) y la nueva sala Umbral, de la que nos habló Álvaro G. Devís en Cultur Plaza hace unas semanas. Paralelamente, el Centro Octubre acoge periódicamente sesiones de improvisación a cargo de Avelino Saavedra, Josep Luis Galiana y Bartolomé Ferrando, recogidas ahora en un disco que se presenta el próximo 1 de febrero en el espacio cultural de la calle San Ferran. 

Sí, son pocos; pero están bien organizados. Afortunadamente, la experimentación es una forma de militancia tenaz, que sobrevive al margen de las subvenciones, los medios y las grandes audiencias.

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