Beber

Los tapones de vino de corcho natural, una especie en peligro de extinción

La competencia de los tapones sintéticos, aglomerados y los cierres alternativos desafía a un elemento clave en la conservación del vino y en el cuidado de los alcornocales mediterráneos.

Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

 

Descorchar una botella y oler su tapón es un gesto que forma parte del servicio del vino. Como tantos otros actos que se dan desde que compramos una botella de vino hasta que lo bebemos en la copa, el momento de sacar el corcho suele pasar desapercibido hasta que se toma conciencia de él.

El sonido seco de un tapón cien por cien de corcho natural cada vez es más difícil de escuchar. La realidad es que el pequeño cilindro de origen natural que durante generaciones ha tapado los vinos que tenemos en nuestras mesas, pierde terreno frente a otras alternativas como los tapones aglomerados, de corcho microgranulado, tapones de plástico, de aluminio o sintéticos.

La paradoja está servida: mientras los consumidores valoramos cada vez más los productos sostenibles, el corcho natural, uno de los materiales ecológicos disponibles y de cercanía, acaba cayendo en el olvido.


El corcho, un recurso natural vinculado a la Sierra de Espadán

El corcho procede de la corteza del alcornoque, un árbol característico del paisaje mediterráneo cuya extracción se realiza sin talar el ejemplar. En la Comunitat Valenciana, la Sierra de Espadán y la Sierra Calderona cuentan con extensiones de bosque cuyo árbol predominante es la surera (el alcornoque).

Este árbol se caracteriza por tener una corteza gruesa, rugosa y agrietada en la que se diferencian tres capas: el primer corcho de color gris muy agrietado y rugoso; el segundo corcho de color oscuro y menos agrietado; y el tercer corcho, casi negro y liso.

La extracción de la corteza se realiza “descamisando” el alcornoque. Por esa razón, no hay tala; el árbol se trabaja en la justa medida para que la corteza pueda empezar de nuevo su ciclo de crecimiento que necesita de nueve a dieciséis años.

La extracción o saca del corcho natural se realiza en verano. Antes, en el mes de marzo, se han hecho los cortes sobre la parte más externa para que en los meses de junio y julio se pueda separar la corteza haciendo palanca y ayudándose de un hacha. Esta es una parte del oficio del hachero. Es silvicultura en estado puro.
 


Los alcornocales, una función económica del bosque

Para que el desarrollo rural de una zona sea sostenible y duradero, se necesita que exista empleo y actividad económica que aporte valor a dicho territorio. Los bosques de alcornoques son una fuente de materia prima para la que existe una industria y sin esta, los alcornocales corren el peligro de caer en el descuido y abandono. La Península Ibérica concentra cerca del 70% de la producción mundial de corcho y los principales productores de tapones de corcho natural en Europa se encuentran en Portugal y España. A nivel mundial, Marruecos, Argelia y Túnez también compiten en el mercado.

La Sierra de Espadán y la Sierra Calderona tienen la particularidad de ser bosquedales de orografía escarpada. Además, se organizan en parcelas pequeñas a modo de minifundios. Como consecuencia, la mecanización del terreno es complicada y el esfuerzo físico es mayor que en zonas planas y dehesas. Esto hace que actualmente, continúe siendo imprescindible el papel de los arrieros y los mulos para sacar el corcho del bosque y llevarlo a la pista forestal, donde se cargan los camiones directos a la fábrica para elaborar los tapones de corcho artesanales.
 


Los talleres artesanales que surgieron en Castellón

A raíz del quiebre de la Compagnie Industrielle du Liege (Compañía Industrial del Corcho) a principio del s.XX, surgieron los talleres artesanos. La gran empresa belga fue el motor fundamental de la industria corchera española y su epicentro se ubicó en la localidad de Eslida (Castellón). Tras su cierre, los trabajadores recibieron las fincas y maquinaria como liquidación.

Entre estos trabajadores se encontraba Leo Miravet, bisabuelo de Adolfo Miravet, Ingeniero Superior de montes y cuarta generación al frente de Espadán Corks, empresa familiar de Soneja arraigada al territorio y al oficio artesano de elaboración de tapones de vino de corcho natural. Adolfo y su equipo han conseguido ser la única productora de tapones de vino de corcho natural de España que cuenta con el certificado ecológico de la Unión Europea, la EuroHoja.

La labor de Adolfo Miravet en la defensa de la producción natural de corcho es constante y rigurosa. Realiza ponencias y conferencias en el CSIC y es presidente de Asilval. Adolfo realiza una divulgación cientificotécnica y práctica para concienciar de las bondades del corcho natural. El próximo sábado 27 de junio guiará un taller de corcho artesanal en Soneja (Castellón), de inscripción gratuita.

 



El vino y el corcho, una relación basada en el tiempo

El corcho es un material elástico, compresible y de alta resistencia dinámica. Un tapón de vino de corcho natural se comprime para entrar en la botella y una vez dentro, se expande horizontalmente sellando la botella. Su composición y estructura permiten que, mientras se presiona por los costados, el tapón de corcho natural no crezca de forma vertical y, por tanto, no se deforme ni pierda la capacidad de cierre y sellado. En la medida en que sella, también favorece la microoxigenación gracias a los poros naturalmente presentes en la estructura del corcho; este factor favorece la conservación óptima de los vinos de guarda y largas crianzas.

Estas son algunas de las cualidades que han hecho del corcho natural, un material óptimo para los tapones de vino. Su elaboración es un trabajo artesano y de proximidad, que requiere del factor humano y del tiempo. Se realiza en la Sierra de Espadán y si no se toma conciencia, se perderá.

 

 

 

 

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo

Villabrille y que los vinos de Montilla-Moriles brillen