Beber

De vinos que se dejan oxidar

Rancios que son simpatía, tía

Hoy es viernes de tradiciones que provocan emociones y a veces contradicciones. Porque nos ponemos en modo rancio a la par que simpático.

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Hablamos de esos vinos que se dejan oxidar para que no tengan par. Y pardiez, que se vuelven pardos y potentes para la dicha de algunas gentes. Con posterior crianza y toda la calma para lograr que sea calidad. Una realidad que es rareza, porque hay muy poquitos y en zonas determinadas que deben ser rebuscadas. De ciertas regiones de Francia y Cataluña… o manchegos y de otros parajes viajeros sin marchar más al extranjero. En esta ocasión en el Salón de Vinos Radicales, que nos conquista cada año con una cata incomparable y un montón de referencias muy notables de las que hablaremos prontito. Pero vamos ahora a darle al pico con el Niño Perdido Madre Nº1 Ladislao (La Calandria - Bodegas Pura Garnacha). Gordito larguilucho que lucha por destacar por ser el preferido de la madre. Las ganas de ser encontrado, porque a pesar de tantos años, es chiquitín como proyecto. Y se proyecta hacia un futuro que lo verá crecer hasta ser el infinito y hacer caminito para ir a comer un queso de la Garrotxa.

Con el Mémoire d’Automnes (Domaine la Tour Vielle) cruzamos la frontera por un buen rato. Garnacha blanca y grisácea con un velo que apenas le hace sombra. Delgado y ajerezado, porque es ligero y acidillo. Como para regalarle un anillo, que no tiene ningún compromiso. Porque no es necesario que pida permiso para subir al primer piso del pódium con un banon que nos gusta un montón.

Pasamos al Abyss (Les Arrels), de variedades similares y su aquel de moscatel. Mirando lo de ser rancio porque aún sólo tiene tres años siguiendo el proceso que le llevará a eso. Y no es para nada sieso, porque en cuanto nos despistamos sorprende con un beso. De los que se dan en montes peculiares y que agrada a los paladares junto a un fermé d’aubert.

Seguimos de dominios vecinos con el Domaine des Schistes Rancio Sec (Domaine des Schistes). Cremosismo que no nos da lo mismo. Con volúmenes voluminosos y un poquillo alcoholoso. Flores que salen altivas de la tierra, tan aromáticas como amieladas. Monadas asentadas en soleras de 2004 y que así piensan seguir para dar lo mejor de sí con elegancia y la fragancia del chevrotin.

Licorosos hermosos

El Vallée des Abeilles Rancio (Vallée des Abeilles), con sus ocho añitos en bota es licoroso y hermoso. Cambiante del calor al temporal lo que lo hace especial. De exteriores, porque le gusta andar por ahí zascandileando. Y le va dando capas de pintura al que piensa que será su hogar. Allí donde beberlo sin parar con el picodon de la Drôme.

La Rectorie (Voile d’Argile) también posee leves levaduras que puede hacerte recordar a algunos juras. Y juramos que también ha pasado por una barrica de las que dan cosas ricas. Acercándole a colores amarillos que nunca dan mala suerte. Porque son una suerte de umami salino para relamerse en pose de fino con el pélardon des Cévennes.

Como señor misterioso, aparece Llámalo X Rancio (Vinos Llámalo X) para resolver incógnitas. Y es acierto de pleno con su sinceridad e intensidad. Una realidad golosona al tiempo que molona. Con sus frutas secas que igual te animan la oreja como te hacen un garrapiñao. Y ahí le has dao con un manchego de cabra.

Terminamos con La Oxidativa (Pagos de Villavendimia) que no puede ser más clara al decirlo. Majuelos singulares de La Seca y damajuana. Identitario con idénticos punzantes de cítrico. Nitidez con atentos acentos que son maravilla cambiante. Para seguir adelante por mucho tiempo con el reconocido manchego de oveja. Y así, balando un poco, nos vamos a pastar hasta dentro de un par de semanas.

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