Parece una pregunta sencilla, sobre todo teniendo en cuenta que hablamos de una ciudad donde puedes comer prácticamente de todo. Pero cuando se trata de almorzar entre las 9 y las 12 h., la cosa se complica. Queremos gasto, un buen bocadillo donde meter tres, cuatro o cinco ingredientes sin que te miren raro, bebida y café. Si pides cacaus no saben de lo que hablas y si quieres terminar con un cremaet, la misión, hasta ahora, era imposible.
Algún valenciano residente en Madrid me ha contado sus estrategias para tratar de montar una especie de pseudoalmuerzo juntando tapas de diferentes partes de la carta: unas bravas por aquí, un poco de morro por allá, tortilla de patatas, un bocadillo y juntarlo todo en la mesa. Pero siendo sinceros te sale por un ojo de la cara y un almuerzo, tal y como lo conocemos nosotros, no és.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que si en Madrid dices que has quedado a almorzar, probablemente entiendan que has quedado a comer. Así que Gastroadictos no solo tiene por delante el reto de abrir un nuevo local, si no que también tendrá que explicar qué significa para nosotros esa comida que sucede entre el desayuno y la comida y por qué los valencianos le damos tanta importancia.
Que Gastroadictos abra Bar Mistela Chamartín es para celebrarlo. Ya que no solo es su primer proyecto fuera de Valencia y si no que también es la primera incursión estable del almuerzo en Madrid. El local está en el número 5 de la calle Manuel de Falla, en Chamartín, muy cerca del Bernabéu. Un espacio de más de 400 metros cuadrados y capacidad para cerca de 200 personas.
El espacio mantiene ese estilo que caracteriza al grupo: un bar llevado a un terreno moderno y elegante, utilizando materiales y colores que se repiten en muchos de sus proyectos. Tiene una gran barra, diferentes ambientes, reservados amplios y una pérgola muy agradable justo delante de un parque infantil. Esto último me parece un puntazo si vas con peques: almuerzas tranquilo y después tienes el parque literalmente enfrente.



El almuerzo
Todos sabemos que un 80% de la calidad de un almuerzo es el pan y una de las cosas que más me llama la atención es que han elegido la pataqueta como uno de los pilares de su propuesta. Ir a Madrid con una pataqueta me parece toda una declaración de intenciones. No es solo llevar allí nuestros bocadillos, sino también una parte de nuestras costumbres, nuestros productos y nuestra manera de entender el almuerzo.
Podrían haber llegado a Madrid con un bocadillo convencional, pero han elegido un único tamaño y un pan que cualquier valenciano reconoce rápidamente. Esto, y debo reconocerlo, me enorgullece.
En Bar Mistela Chamartín el ritual se mantiene intacto. Primero aparece el gasto, con las olivas aliñadas de Mistela y sus cacaus. Después llega la pataqueta, la bebida y finalmente el café o el cremaet. Es decir, entre las 9:30 y las 12:00 puedes hacer en Chamartín prácticamente el mismo ritual que hacemos cualquier mañana en Valencia.
En cuanto a la carta, han apostado por una carta reducida y han elegido varios de sus bocadillos que han acompañado a Gastroadictos durante estos años.
Está el mítico Top Mussafes, con sobrasada, queso y cebolla pochada, uno de sus iconos desde el principio y que han ido adaptando en cada uno de sus locales, pero que aquí llega con su receta original.
También el Copa del Mundo, con tortilla de patata, longaniza y all i oli, un bocata que representa a la perfección un clásico de los esmorzarets.
Y, por supuesto, no podía faltar el Chivito. Aunque su origen sea uruguayo, creo que pocos valencianos aficionados al almuerzo no se habrán comido uno alguna vez. Ahora es el turno de los madrileños.

Junto a ellos aparecen otras referencias menos icónicas del almuerzo pero con combinaciones de ingredientes muy reconocibles, como podría ser el Serranito o el Americano.
Repasando la carta he visto que tienen su calzone de oreja con pistachos y mayonesa ahumada. Y esto son palabras mayores, porque si un madrileño me preguntase que debería pedir en su primera visita sin duda sería un Top mussafes y una ración de oreja.
No puedo evitarlo pero tengo una debilidad con la oreja a la plancha. Y es que la primera tapa que recuerdo comer fue en 2009, en un bar que ya no existe cerca de la Puerta de Alcalá. Aquel primer bocado, turgente, sabroso y elástico, cambió mi paladar. Desde entonces, si veo oreja en una carta, me cuesta muchísimo no pedirla. Y sé que en Madrid con la oreja no se juega. El listón está alto. Pero conociendo cómo trabaja Gastroadictos, tengo ganas de ver cómo reciben los madrileños su versión.
Para los valencianos que viven en Madrid, Bar Mistela Chamartín ya supone tener un sitio donde quitarse el gusanillo. Y para los madrileños, un lugar donde descubrir y disfrutar de esta tradición tan valenciana.

Eso sí, me siento en la obligación de advertirles de que si después de su tercer almuerzo empiezan a salir de sus bocas expresiones como «au, cacau», «a fer la mà» o «a la marxeta», que no se asusten. Eso solo quiere decir que esta tradición tan bonita empieza a arraigar también en sus corazones.
El día que un gato diga «¿quedamos a almorzar?» y nadie piense que está hablando de las dos de la tarde, podremos decir que el esmorzaret ya tiene su momento en Madrid.
Nos vemos en los bares.