Fue en febrero de 2020, un par de semanas antes del inicio de una pandemia que para muchos ya parece totalmente olvidada, cuando los protagonistas de esta historia, -Alejandra Santos de Felipe y Carlos Rojo Seco-, se aventuraron en la apertura del primer local de Lamonarracha. Lo hicieron muy jóvenes, con 19 y 24 años respectivamente, en el conocido barrio de Chamberí con una fase inicial de delivery dada las circunstancias, que poco a poco fue evolucionando a esa ‘normalidad’ que era de todo menos normal. Fue así como a lo largo del verano de 2020 el proyecto de Lamonarracha fue asentándose en el número 53 de la calle Alonso Cano para con el paso de los meses convertirse en uno de los restaurantes japo-fusión de referencia en la ciudad. En un breve periodo de tiempo, esos platos con cara de mono no solo aparecieron en nuestro Instagram, sino que también hicieron lo propio con los medios gastronómicos y de lifestyle de la ciudad.
Si ahora echo la vista atrás, no recuerdo muy bien cómo los conocí por primera vez… ¡aquellos años ya están algo difusos! Tan solo sé que desde su apertura se convirtió en mi restaurante de confianza durante los fines de semana o cuando quería sorprender a alguna visita de fuera de Madrid. Ellos llegaron, pero yo marché de regreso a Valencia durante el verano de 2021 y fue uno de los tantos restaurantes que despedí con pena al no tenerlos en el día a día de mi nueva vida.
Por eso cojo con mucha ilusión que finalmente hayan decidido desembarcar en casa. Con seis años de recorrido a sus espaldas y cuatro locales abiertos por el camino (Chamberí, barrio de Salamanca, Ponzano y Pozuelo de Alarcón), ya se puede decir alto y claro que el quinto local de Lamonarracha es una realidad y que además, tiene acento valenciano.

Un cruce de fronteras muy meditado
Apostar por Valencia no es algo que le venga de nuevas, hace dos años que Carlos y Alejandra pusieron en el punto de mira a la ciudad del Túria, pero finalmente les salió una oportunidad en Madrid, dejando en standby este desembarco.
“Siempre hemos sido de hacer las cosas en el momento que toca y no antes. Por aquel entonces la operativa no la teníamos a nivel estandarizado, por lo que preferimos esperarnos a estar 100% preparados para este salto tan importante. Es ahora, una vez hemos conseguido replicar la calidad de nuestra oferta en todos y cada uno de los locales, cuando hemos creído que era la oportunidad perfecta de expandirnos más allá de la capital. Valencia ya lo teníamos muy bien estudiado, solo ha hecho falta actualizar el estudio de mercado de hace dos años y adaptarnos a las necesidades de un presente que está en constante evolución”, reconoce a Guía Hedonista, Carlos Rojo Seco, socio fundador de Lamonarracha.
Comenzaron a buscar local hace aproximadamente un año, se hicieron con el mismo durante el mes de abril e iniciaron las obras en mayo. Han sido necesarios tres meses de reforma y puesta a punto para finalmente abrir oficialmente las puertas el pasado 5 de agosto.
“Teníamos muy claro que queríamos abrir en verano con el propósito de rodar durante algunas semanas, para así entrar en la rentrèe septiembre con la mejor preparación posible”, añade. Dicho y hecho.

Tu japo-fusión de confianza
Para quienes todavía no han tenido la oportunidad de visitar cualquiera de los locales de este proyecto, debemos anticipar que Lamonarracha no pretende seguir la estela de los japoneses de alta gastronomía que se han ido sucediendo por Valencia en los últimos tiempos, -veáse Nozomi Sushi Bar, Haku, Sato Kaeru o Kaido-, más bien proponen convertirse en ese restaurante de confianza donde sabes que el servicio es bueno y el ambiente acompaña a una oferta japo-fusión donde la calidad-precio de los platos es más que acertada.
Una cena en pareja, una comida con la familia o en un marco de negocios, Lamonarracha se adapta a lo que la clientela necesita en cada momento. Tal y como define el propio Carlos Rojo: “Estamos en todas las etapas de consumo del cliente”. ¡Incluso en el delivery! Ya que lo podemos encontrar a domicilio tanto en Madrid como en Valencia. Por lo que si vas buscando una experiencia similar a la de los nombres mencionados unas líneas más arriba, ya te puedes ir por donde has venido. Porque no la encontrarás. Lamonarracha es otra cosa, es ese nicho de mercado que quizá Valencia no sabía que necesitaba.
¿Y que sí es este nuevo restaurante? Pues es fusión: Japón, pero combinado con otras partes del mundo. Con una amplia selección de makis y nigiris, para la apertura en Valencia han decido hacer un upgrade a su sección de ‘Selectos de Japón’ ofreciendo nuevos bocados que muy pronto también tendrán una nueva vida en los locales de Madrid. Ejemplo de ello es el pan de masa madre de los baos o las nuevas gyozas de vaca vieja con caldo de tuétano y soja que ya se han convertido en todo un sello de la casa. Le siguen muy de cerca el bao de atún rojo salvaje y huevo de codorniz; el nigiri de foie con frambuesa; el roll de tartar de atún rojo salvaje macerado con flor de aguacate; la tempura de langostino tigre; o el bisuketto que se traduce en una cookie de chocolate blanco y pistacho horneada al momento, acompañada de helado de vainilla. ¡La joya de la corona para los amantes del dulce!

“Queríamos que toda la carta tuviera el mismo nivel de calidad y no solo darle la importancia a los bocados de sushi donde trabajamos con soja y vinagres caseros, además del arroz de grano corto. Es decir que toda nuestra clientela percibiera ese buen hacer desde que empieza a comer hasta que llega al broche final con los postres, que por cierto hacemos de manera artesanal ya que contamos con nuestro propio obrador interno”, señala Carlos Rojo.
Carlos y Alejandra han tenido la suerte de que tanto el jefe de cocina (Kohei) como el de sala (Javier) que llevan acompañándoles desde hace cinco años en Madrid, decidieran tomar un cambio de rumbo y no han dudado en mudarse para capitanear esta nueva aventura desde Valencia.
Acompañando a la carta habitual, también podemos optar por su menú degustación si queremos esa primera inmersión o toma de contacto con el universo de Lamonarracha sin calentarnos demasiado la cabeza o su menú de mediodía para esas comidas improvisadas entre semana ahora que los reencuentros de septiembre están a la vuelta de la esquina.
“A tan solo un mes desde la apertura, el feedback está siendo tremendamente positivo, ya sea entre el vecindario o entre aquella clientela que nos descubre de nuevas. Hay personas que ya han repetido entre dos o tres ocasiones”, comenta Carlos.
A medio y corto plazo no descartan emprender alguna colaboración o sinergia con algún proyecto valenciano para crear alguna propuesta que solo se encuentre en el local de Valencia. ¿Un postre, un bao o nigiri especial? ¡El tiempo dirá!

Esto tan solo es el principio
Alejandra junto con su propio estudio de interiorismo, ha sido la encargada de crear el universo visual de este proyecto desde sus inicios. La idea desde el principio ha sido configurar un hilo conductor para todos los restaurantes donde la figura del mono sea protagonista tanto en el logo como en la vajilla, además de jugar con colores y texturas oscuras.
“A pesar de ese hilo conductor de ofrecer un restaurante divertido y elegante, en cada apertura que hacemos siempre nos gusta hacer un guiño a la zona o destino en el que abrimos. Por eso para este local de Valencia hemos apostado por un aire más mediterráneo con elementos más naturales como la rafia, el yute o la madera.
Además, la distribución del local les ha permitido la puesta en escena de diferentes espacios para aquellos comensales que repitan pueda elegir entre su lugar favorito o bien vivir la experiencia cada vez desde un emplazamiento diferente, ya sea la terraza cubierta en la entrada, el salón principal o la barra, pensaba para ser disfrutada también en grupo con mesas de hasta cuatro personas con vistas al chef.

Y es que esto tan solo es el principio de todo. Con este primer paso dado fuera de la capital y siempre y cuando la operativa funcione como toca, los planes de expansión están más presentes que nunca. En palabras de sus propios fundadores: “nos gustaría abrir en algún otro lugar de la Comunitat Valencia, quizá en algún destino tipo Jávea ya que vamos muy a menudo por ahí, aunque sea una oferta más de temporada. Tampoco descartamos trasladarnos a otras ciudades similares a Valencia como Sevilla o Málaga. Lo que sí tenemos claro, es que siempre que tenemos una idea en mente, tarde o temprano la acabamos haciendo realidad”, comentan.
Por el momento y a la espera de buenas nuevas, podemos ir reservando en el restaurante de la calle Conde de Salvatierra. Como cada septiembre, la rentrèe valenciana se presenta novedosa a la par que deliciosa.