La idea de montar un negocio de hostelería con amigos suena mejor de madrugada que a la mañana siguiente, por eso ese fogonazo de ilusión se suele evaporar mucho antes de que empiece a materializarse. Los protagonistas de este reportaje sí llevaron a término su propósito: abrir un bar de ostras inspirado en su local predilecto de Valencia, pero imprimiendo su propia identidad y enfocado a un público más joven. A estas alturas quizás ya sabes que hablo de Nostra, un lugar que se ha convertido en uno de los puntos de encuentro más animados del barrio de Ruzafa.
Pablo, Goumba, Carlota, Dani y Fran imaginaron un local luminoso y una distribución de elementos que facilitase la socialización -terraza, barra, mesas altas, poyos corridos y amplios ventanales que conectasen visualmente el exterior con el interior-. Querían una taberna marinera y contemporánea con una carta sencilla, pero con productos de calidad, y a precios razonables. Apuntaron al barrio de Ruzafa y -¡bingo!-, surgió la oportunidad de quedarse con el traspaso de un local de kebabs situado junto al mercado municipal y dotado de una amplia terraza en chaflán.
Tras una reforma que llevaron a cabo con sus propias manos, Nostra abrió sus puertas por primera vez hace unos meses. Desde el primer momento mostraron un punto fuerte clarísimo: la capacidad de generar una parroquia joven y fiel, que además no deja de crecer. Hay muchas razones que explican el éxito de este bar -su ubicación, el cuidado que le ponen a las propuestas de la carta, etc-, pero sin duda la clave está en ese elemento intangible, pero esencial, que es la atmósfera y el buen rollo. En un barrio plagado de bares anodinos y “atrapa turistas”, los habitantes de la ciudad necesitamos refugios como Amor Amargo o Nostra.

Inspirarse en grandes hosteleros
¿Es Nostra el Ostras Pedrín de la generación millennial?, me pregunto. “No pretendemos ser como ellos, porque son una institución en la ciudad”, explica con humildad y respeto Goumba, quien además de ser un gran aficionado a las ostras es el socio que más tiempo pasa en el bar de cara al público. “Es uno de nuestros lugares preferidos de la ciudad; el típico sitio al que siempre vamos a celebrar los cumpleaños de los amigos, y obviamente ellos han sido nuestra principal inspiración para montar Nostra Bar -corrobora Pablo-. Lo que pasa es que nosotros le hemos querido dar nuestra personalidad”.
“Hay muy buen rollo con ellos. De hecho Salva (Barres) nos ha echado una mano para encontrar algunos proveedores”, señala Goumba, que a sus 32 años ya sabe lo difícil que es llevar adelante un negocio. “A los 22 años abrí un bar en plena Plaza de la Virgen. Se llamaba Nuna y me duró solo un año. Yo era muy joven y aquello se me fue de las manos, pero es una experiencia que no cambiaría, porque me ha servido para empezar este proyecto con una mentalidad muy distinta y controlando mucho más el tema de la gestión”.
“Todo empezó porque pensamos en crear un punto de encuentro social para nuestros colegas, y a partir de ahí para cualquiera a quien le guste ese rollo como de taberna andaluza donde todo el mundo está de pie, se come de picoteo, te abres hueco a codazos y hablas por encima del que está al lado”, comenta Pablo. Efectivamente, aunque estamos en un bar diáfano, con paredes lisas y alicatados de diseño contemporáneo, la esencia del “jaleíto” que asociamos a los bares castizos está en el ADN de Nostra desde el principio. Es un lugar dinámico y relajado, que te invita a improvisar y fluir.

El lugar perfecto para iniciarse en el mundo de las ostras
El núcleo de la propuesta es la ostra, y de hecho Nostra es un bar idóneo para iniciarse en el consumo de estos moluscos. La carta tiene representación gallega -la ostra plana- y valenciana, pero el grueso viene de Francia: la Gillardeau -la más popular, a 4,20 euros la unidad- y las de la familia Mareia: la cocktail (4 euros), la special (5 euros) y la super special (5,80 euros).
“Desde que abrimos no sé cuántas personas hemos conseguido que prueben una ostra por primera vez” -asegura Goumba-. A los no iniciados les recomiendo siempre empezar con la cocktail, porque es pequeñita y tiene un punto dulce que la hace más fácil para paladares que no están acostumbrados aún”. El itinerario natural, nos explica, sería pasar después a la special, que es de la misma familia, pero de calibre número 2. De ahí a la Sol (5,80 euros), que son ostras cuya crianza incorpora una etapa de breve exposición solar que ayuda a concentrar el sabor.
Hablemos del resto de la carta. El hilo conductor de Nostra es el mar y la premisa es muy clara: no tacañear con materias primas -no muchas, pero de calidad-, y apostar por elaboraciones sencillas y combinaciones que le gusten a todo el mundo.
La cocina, cuya chef es Sofía, es muy pequeñita, así que la agilidad del servicio se consigue gracias a muchas elaboraciones previas (todas caseras), acabados en sartén y al uso del soplete de cocina. Con esta herramienta terminan dos de los platos estrella de Nostra: una deliciosa ventresca de atún rojo y pesto de trufa y dorada en mantequilla cítrica con chipotle. Tienen además cuatro tipos de gildas que montan a mano (hoy en día la mayoría de los bares las compran ya hechas).

Los montaditos siguen la misma línea. Probamos -y recomendamos encarecidamente- los de sardina ahumada con pimiento de piquillo y salsa Nostra (con pan del obrador Mòlt) y el de anchoa con mantequilla ahumada. Las vieiras con salsa de ajo (aunque en realidad son volandeiras) las preparan con una ligera variación con respecto a cómo se preparan en Galicia normalmente; aquí Sofía les pone un punto de mantequilla ahumada que queda delicioso.
Otro de sus hits son los brioches; en particular el que más triunfa es el de gambas salteadas con ajo y un poco de chile que viene acompañado de ensalada de col, cebolla morada, mayonesa y chipotle.

Si terminas con un postre, que sea el profiterol relleno de lemon curd casero (crema de limón, huevo, mantequilla), con masa cocida por ellos mismos en el obrador compartido que tienen al lado del local, y nata montada casera.

Y todo esto, ¿con qué nos lo bebemos?, os preguntaréis. La bodega sigue el mismo criterio que la parte gastronómica: pocas referencias y sin complicaciones innecesarias, priorizando que haya un abanico de precios suficiente como para que no se queden sin cava los bolsillos más pequeños, pero que también tenga opciones más elevadas el cliente que quiere pegarse un homenaje con una buena botella de champagne. Desde los 18 euros hasta algo más de 80, seguro que puedes encontrar una opción para ti. Personalmente, pienso que con un blanco de merseguera Cavall de Foc, un verdejo Pandora o un Cullerot del Celler de Roure, no necesitas mucho más.
Terminamos con un cliffhanger: Nostra es un proyecto muy reciente, pero no se va a quedar parado en el barrio de Ruzafa. Pablo, Goumba, Carlota, Dani y Fran ya están escribiendo su siguiente capítulo. Estad atentas.