Más de una quincena de periodistas se dieron cita ayer en 2 Estaciones para celebrar su recién obtenido Sol Repsol en un encuentro bautizado como Un mediodía al Sol. La jornada comenzó en la terraza del restaurante, donde Saüc Taller Creatiu propuso un ejercicio en sintonía con la esencia del proyecto: un taller de bodegones construido a partir del producto de temporada. Sobre una mesa central, ingredientes y flores de distintas estaciones marcaban el punto de partida. A su llegada, cada asistente recibía una lámina numerada que indicaba la estación asignada y, a partir de ahí, recorría ese pequeño mercado improvisado para componer su bodegón estacional junto a otros participantes. Un gesto sencillo que invitaba a mirar el producto con más atención y a entender el ritmo de cada estación, valores que 2 Estaciones ha defendido desde sus inicios.
Tras el taller, la experiencia continuó en sala con la degustación del primer menú de primavera con Sol del restaurante. Un recorrido que traslada la temporada al plato a través de propuestas como el cardo con azafrán y clóchinas, el guisante lágrima con bacalao y amontillado o el bogavante con patata, coco y vainilla, antes de dar paso a principales como la merluza con pilpil y jugo de pimientos -emblema de la casa- o la vaca de la Sierra de la Demanda con calçots. El cierre, entre queso fresco, fresas y un sugerente juego con setas y trufa, puso el broche a un mediodía concebido como agradecimiento a todas las personas que han acompañado al restaurante a lo largo de estos diez años de trayectoria.
Una comida para celebrar y reconocer el trabajo que durante todo este tiempo han desarrollado Mar Soler y Alberto Alonso, al frente de un proyecto que ha sabido consolidar una identidad propia y honesta, profundamente conectada con el territorio y la naturaleza. Mucho antes de que palabras como estacionalidad, temporada o proximidad empezaran a ganar popularidad en la restauración, 2 Estaciones ya trabajaba bajo una filosofía muy concreta de respeto por su entorno.

Así es 2 Estaciones, el restaurante que escucha a la naturaleza
Mar Soler y Alberto Alonso son la base de un proyecto que nació hace diez años en València y que ha convertido el paso del tiempo en su principal motor creativo. Estamos ante un restaurante con una cocina cambiante, en la que cada estación transforma no solo los platos, sino también el espacio y la manera de relacionarse con el comensal. Es importantísima la apuesta por productores locales, con los que los cocineros mantienen una relación de confianza y complicidad, hasta el punto de que han llegado a dedicarles un libro donde se les rinde homenaje (Libro de Productores). Más allá de los fogones, su filosofía también se asienta en el respeto, la artesanía y el compromiso con el entorno, valores que se reflejan en el cuidado de los textiles y la elección de los ceramistas locales.
El resultado tanto de cocina como buen servicio que ofrece 2 Estaciones es posible gracias al equipo con el que cuentan Mar y Alberto. De hecho, la propia Mar es quien los presenta uno a uno, reflejando el cariño que prevalece en el equipo: “Óscar Villanueva, nuestro maravilloso sommelier y rey de la sala, nuestro hellinero (natural de Hellín), con un corazón que es mayor que su profesionalidad, que es muchísima; Tatiana Hurtado, nuestra caballera, ya que en Juego de Tronos sería la mano de la reina, ella baila entre sala y cocina para que todo funcione; Adrián Olmeda, quien cocina con cariño la merluza que tanto disfrutáis y bolea los panes con maestría, ¡y no es hermano de Alberto aunque se parezcan!; y Roberto Ferrer, con precisión, delicadeza y metódica él se encarga de los postres sean lo que son, el final perfecto para disfrutar de cada estación”.
Esa manera de trabajar, tan ligada a las personas como al producto, se refleja también en la organización del restaurante. En 2 Estaciones la sostenibilidad es transversal y alcanza al propio equipo: el proyecto prioriza la conciliación y el bienestar laboral, por lo que abre únicamente cuatro días a la semana, de miércoles a sábado para servicio de comida y cena —y sólo de forma excepcional en momentos de gran afluencia como los días principales de Fallas—. Un equipo que funciona casi como una familia, ya que la mayoría de sus miembros llevan años formando parte del proyecto.
A partir de ahí, la cocina evoluciona al ritmo de la temporada: aproximadamente cada tres meses la carta se renueva tras un proceso largo de investigación, pruebas y reflexión que prioriza el aprovechamiento y la reducción del desperdicio alimentario. Esa filosofía se aprecia tanto en las nuevas incorporaciones como en los clásicos de la casa —la merluza al pil pil o la vaca de la sierra de la Demanda— cuyas guarniciones responden a criterios de proximidad y en el trabajo continuo con productores cercanos que marca el carácter de cada estación.