En la calle Camí Reial de Torrent se encuentra El Micalet, un bar de barrio que ofrece bocadillos y tiene como especialidad uno muy concreto: el de calamares. Su pan esponjoso tiene la miga justa para abrazar el relleno generoso. Los calamares son tiernos, crujientes y sabrosos; el rebozado es fino y ligero. Cada cual decide si quiere añadir mayonesa, allioli o sin salsa; medio bocadillo o bocadillo entero. La cuestión es disfrutar de l’esmorzaret y en El Micalet de Torrent.
El local acoge al vecindario, los trabajadores de la zona y los buscadores profesionales de almuerzos. El gasto de cacaus i olivas está presente en la mayoría de las mesas. Y el vino tinto con casera, lejos de ser una rareza, aquí sigue teniendo fieles adeptos y es una petición habitual. También, el café y el cremaet tienen su espacio.
Los calamares no son la única opción. El Micalet también tienen una vitrina para elegir otro relleno que disfrutar y lo mejor es preguntar y dejarse aconsejar: lomo, tortilla de patata, longanizas... Sus torreznos no pasan desapercibidos, tienen la proporción justa de carne, corteza y grasa fundente que llegan a la mesa servidos con una rodaja de limón para quien quiera exprimirla antes de dar el primer bocado.


Al frente de este establecimiento están Lucía, Amparo y Miguel, tres hermanos que consiguen que parezca sencillo algo que no lo es: hacerte sentir a gusto cuando entras por la puerta y conseguir que quieras volver para compartir otro esmorzaret. Hace casi cuarenta años que sus padres abrieron el bar y ahora son ellos quienes lo sacan adelante con naturalidad y cercanía. La cocina está abierta para almuerzos y comidas, y es durante esas horas del día cuando salen los bocadillos. Llegan a freír veinticinco kilos de calamares diarios, una cantidad que aumenta los viernes y sábados.
A veces, la rutina nos hace pasar por alto los pequeños placeres del día a día. Por suerte, basta un almuerzo y un buen bocadillo de bar de barrio para recordarnos que lo cotidiano también puede tener un sabor extraordinario.