Casa de Banys (Avellà de Catí)

Restorán de la semana

RESTORÁN DE LA SEMANA

Setas, caza, trufa, queso y descanso en el Alt Maestrat.

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A cinco kilómetros del casco urbano de Catí, en el paraje de l’Avellà, Casa de Banys L’Avellà reúne restaurante, hotel y spa en un enclave donde la escapada pide algo más que sentarse a comer. José María Puig Puig y su familia tomaron las riendas en 2003 de la antigua Fonda Miralles. Ampliaron los salones, incorporaron una terraza y dieron continuidad a un establecimiento ligado desde hace décadas al manantial y al santuario de la Mare de Déu de l’Avellà, la Capilla Sixtina del Maestrat. El restaurante abre todos los días excepto el martes y las cenas se pueden reservar de miércoles a sábado.

En la cocina está Guillem Fornea, formado en el Grau de Castelló y con experiencia en restaurantes como el triestrellado Dani García. Su propuesta combina producto de proximidad y cocina reconocible, con una atención especial a los ingredientes que marcan el calendario del interior castellonense. El menú degustación es una buena manera de recorrerla. El de otoño de setas y caza —48 euros— arranca con un consomé de gallina con aroma de bosque y una croqueta cremosa de jamón ibérico y champiñones. Después llegan platos que explican bien el paisaje y la despensa de la zona: una ensalada de brotes tiernos con conejo en escabeche de granada, higos y queso de cabra de Catí; rossinyols sobre crema de queso de Romero de Catí, con manita de cerdo melosa y nueces caramelizadas; y un guiso de judías del terreno con perdiz estofada. En los principales, el lingote de jabalí glaseado con parmentier y calabaza asada comparte protagonismo con el cordero lechal al horno. La temporada fría trae otro argumento para volver: menú degustación con la trufa negra de Castellón.

 

 
 

La carta permite elegir también a la medida del apetito y ofrecen un menú diario con una gran diversidad de opciones para elegir. Hay carpaccio de tomate rosa valenciano con queso tierno de Catí, mejillones con aromas de l’Avellà, croquetas de cecina y queso, paletilla de cabrito de Catí o carrillera de cerdo a la cerveza. Para terminar, los postres incluyen cuajada de la casa, tarta de queso de Catí y torrija de horchata con helado de café.

Pero sería quedarse a medias marcharse después de comer. Catí conserva un casco histórico medieval de gran interés, con casas solariegas, arquitectura gótica y una antigua lonja; y el entorno de l’Avellà invita a caminar entre montañas y fuentes. Casa Banys dispone de habitaciones con desayuno y un spa privado con jacuzzi, sauna seca, baño turco y ducha de sensaciones. Una buena fórmula para alargar la visita: comer con calma, recorrer el paisaje y dejar que la sobremesa se convierta en noche.

 

 

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