Como las cápsulas hoi-poi de Bola de Drac, Mochisan transporta al Japón tradicional y, concretamente, al universo de los mochis elaborados artesanalmente, tiernos y frescos, que reivindican el valor de una elaboración cuidada frente a las versiones congeladas, las más habituales en Occidente. Pero aquí no. En Mochisan se preparan estos dulces a mano, combinando la tradición japonesa con sabores más reconocibles para nosotros. Y ahora se pueden disfrutar en su nuevo local, ubicado en el número 31 de la calle Cuenca de València.
La apuesta nació durante la pandemia, cuando Andrea Valls, natural de la Vall d’Albaida y con 14 años de estudios de violonchelo a sus espaldas, buscaba una salida profesional ligada a sus inquietudes. Aficionada al manga y a la cocina japonesa, empezó a perfeccionar las recetas de unos dulces que preparaba para familiares y amigos. La buena acogida la animó a dar el paso y, en 2021, abrió su primer local en la calle Martí l’Humà. Aquel pequeño establecimiento, alejado de los circuitos gastronómicos habituales, se convirtió en un lugar de referencia para descubrir el daifuku mochi artesanal.
Aquella apertura fue también el germen de lo que es hoy Mochisan. Después llegarían el obrador y el espacio take away de la calle Callosa d’en Sarrià, 2, y la incorporación de Dídac Martí como socio. El último paso de ambos es este local, más amplio y céntrico, que mantiene viva la filosofía con la que nació el proyecto. La dimensión que ha alcanzado el negocio da idea de su crecimiento: vende entre 300 y 400 mochis diarios en la cafetería y abastece también a otros restaurantes de València y su área metropolitana.

- Fotos: Kike Taberner
El mochi es una elaboración japonesa a base de arroz glutinoso, de textura blanda y elástica. En Mochisan, el protagonista es el daifuku mochi, una variedad que envuelve un relleno en una fina capa de masa. Su superficie es ligeramente pegajosa, aunque el interior revela una textura tierna y jugosa. Al primer mordisco, el contraste entre la masa y el relleno invita a seguir comiendo.
Basta probarlo para comprender las diferencias entre un daifuku mochi artesanal recién elaborado y las versiones industriales congeladas que suelen encontrarse en los supermercados. Su elaboración requiere técnica y práctica para conseguir el punto exacto de elasticidad, sin que la masa resulte gomosa o dura. Hacen falta pericia y formación específica para dominar una elaboración en la que la textura es fundamental. Y es que el arroz glutinoso es el ingrediente principal de una masa que, por sí sola, ya tiene personalidad. También es importante mantener el equilibrio entre la cantidad de masa y la del relleno, para que ninguno de los dos elementos domine.
La carta de Mochisan cuenta con sabores clásicos —algunos acompañan al proyecto desde sus inicios—, como el pistacho, el yuzu, el miso-caramel, el Oreo o el cheesecake, que ya elogiamos como plato de la semana. Para los más nipones, también está el de anko —pasta dulce de judía roja que, en temporada, puede acompañarse de fresa—, que se elabora por encargo. A ellos se suman los llamados mochis del mes —cinnamon roll, en octubre— y las variedades de temporada, como el pumpkin spice, la propuesta de este otoño. Además, preparan tartas por encargo y sirven dorayakis, las tortitas rellenas que eran la perdición de Doraemon.

- - Kike Taberner
El diseño del nuevo establecimiento ha corrido a cargo del estudio El Tejado Azul. Está concebido como una cafetería informal y acogedora, con manga, cómics y juegos de mesa, además de una amplia terraza. Hay más mesas, pero el espacio sigue siendo acogedor y la atención, cercana. Un lugar en el que disfrutar de la velada sin necesidad de mirar el reloj. Entre conversaciones, mochis y bebidas como el Ramune o el té matcha —un acompañamiento natural para estos dulces—, pasa la vida. Bienvenidos al universo de Mochisan: una pequeña cápsula hoi-poi en la que el Japón más dulce se sirve a bocados.

- Fotos: Kike Taberner
Dirección: Calle Cuenca, 31, València.
Teléfono: 625 06 56 13.