Está a la entrada de Villahermosa del Río, en el Alto Mijares, allí donde el río Villahermosa se encuentra con el Carbó y las montañas anuncian la proximidad del Penyagolosa. El pueblo, de apenas 473 habitantes, conserva el atractivo de los lugares de montaña que obligan a desviarse de la carretera para descubrirlos.
Ana y Juan abrieron aquí el Hostal-Restaurante Ruta de Aragón en 1999, después de varios años de experiencia en hostelería. Veintisiete años después, el negocio familiar continúa funcionando como bar, restaurante y alojamiento, con un comedor amplio, terraza y nueve habitaciones. Es un establecimiento pensado tanto para quien llega a comer como para quien vive alrededor: desayunos, almuerzos, comidas y cenas forman parte de una rutina que, en un municipio de estas dimensiones, tiene también una función social. Actualmente abre todos los días, desde primera hora de la mañana hasta la tarde —los domingos— o la noche —resto de semana—.
La cocina sigue el mismo camino. Se sirven las recetas de tradicionales y los productos de la comarca: ollas y pucheros, embutidos y cecinas de Villahermosa, carnes a la brasa, conejo lechal, chuletas de cordero o cordero al horno. También hay elaboraciones de conservas de orza y una colección de postres caseros. Sin reivindicaciones ni reinventar, lo bueno de lo sencillo cocina de montaña viva y accesible, con una carta reconocible para quien busca comer como se espera que se coma en un pueblo del interior.


Es, además, una buena base para descubrir el entorno: llegar después de una ruta por el Carbo, acercarse al Penyagolosa o simplemente venir a Villahermosa a pasar el día. Su precio ha sido tradicionalmente contenido —entre 15€ y 35€—, según almuerzo, menú o carta.
Porque quizá el verdadero motivo para venir a Ruta de Aragón sea otro: comprobar que todavía existen restaurantes de pueblo que no solo dan de comer, sino que forman parte de la vida del lugar. Y que, precisamente por eso, no queremos que cierren nunca.