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restorán de la semana

Horchatería Vida

Los caminos nuevos hacia un verano tan imaginario como éste, llevan más a las partidas que a las avenidas

Por | 10/07/2020 | 1 min, 52 seg

La partida de Saboya, donde Horchatería Vida, es un vértice pegado al Carraixet, entre Almàssera y Port Saplaya. Con la Ermita dels Peixets o la Terraza Lumiere como puntos calientes bien cerca. Se suele decir de Vida, la horchatería, que está en la nada, como otorgándole condición de reducto entre paisajes virginales. Más bien es al contrario: somos los demás los que hemos estado bien fuera, alejados de lo que está cerca. Vida, la horchatería, está al caer de cualquier plaza, a unos pasos de la ciudad, tan urbana, tan rural, como lo es València en sí misma.

Vida, que nació en 2013, es un pequeño símbolo. Una micro demostración de cuánto nos perdimos. Del desvarío que llevamos con nuestro entorno. Recuerdo el escepticismo de sus primeras andanzas. Cuando Vicenta y Vicente decidieron virar el rumbo de su alquería agrícola para vender horchata y fartons. Del por-aquí-no-pasa-nadie al quién-va-a-venir-aquí. Vicenta y Vicente estaban en lo correcto, vieron mientras otros solo se obcecaban en la derrota.

Hoy su entrada se asemeja al aparcamiento de una macrodiscoteca -en fin, cómo si no hubiera más manera que traer el coche también aquí, metiéndolo hasta las entrañas del bancal. Vida ha ganado. Ha enviado una señal poderosa sobre la normalidad evidente de pasar parte de nuestro tiempo de placer en la huerta. Una costumbre en repunte.

Llegarán avisos sobre el peligro de convertir las fajas de terreno agrícola en un paisaje bucólico donde se pace más que se actúa. Y están bien traídos. Pero si sirve para mirar de frente a un elemento tan diferencial, tan intrínseco, como l’horta, incorporarlo a la cotidianidad, supondrá mucho camino andado.

En Vida cultivan su chufa, elaboran su horchata, cocinan sus fartons, Vicenta borda sus cocas. El patio, entre animales y niños -no se sabe muy bien quién es quién- es pura jarana. Cada tarde, una hora punta. Nada se ha movido aquí, excepto nosotros.

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