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crónica de un ere por goteo

HP: Precariedad al teléfono

La multinacional norteamericana adquirió su call center en Valencia con la promesa de crear muchos puestos de trabajo. Pero la situación económica cambió... y también sus compromisos

17/08/2016 - 

VALENCIA. Suena el teléfono y empieza la cuenta atrás. Victoria sólo dispone de tres minutos para atender la llamada que recibe de una oficina bancaria, una de las más de cien que responderá esta jornada. Su compañía, la multinacional HP, cobra del banco según el número de llamadas que atiende, de modo que ha de ser rápida. Lamentablemente, el tema esta vez no ayuda. Un cliente —otro más— exige una fórmula para recuperar su dinero atrapado en participaciones preferentes, y la respuesta envasada que ofrece Victoria no satisface ni a la oficina ni al afectado. Los tres minutos han pasado, de modo que será penalizada en el ranking de productividad que elabora HP.

Años de esta dura rutina la han hecho fuerte, pero hoy tiene ganas de llorar. ¿La razón? A la presión hoy se añade la visita de La Rubia, la representante de la empresa que cada trimestre, de forma sistemática, acude a Valencia para despedir a unos cuantos trabajadores. «¿Seré yo esta vez?», se pregunta. Vuelve a sonar el teléfono.

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La protagonista de la escena es Victoria González, exempleada en la sección Centro de Atención al Usuario (CAU) del call center de HP, ubicado en un bajo de más de 3.000 metros cuadrados de la avenida General Avilés, en Valencia. Victoria finalmente fue despedida tras nueve años en la firma «por no cumplir los objetivos». «Era mentira. A todos nos despedían con el mismo argumento. Simplemente te había tocado, así funcionan», explica.

Desde que la multinacional compró la sociedad en 2008 —entonces con una plantilla de 560 empleados— el comité de empresa contabiliza 230 despidos. Todo con el agravante de que los trabajadores son reemplazados por personal de empresas de trabajo temporal (ETT), que en la actualidad ascienden a 121. Los datos son estimativos, recabados por los sindicatos «mesa por mesa». El comité de empresa ha interpuesto múltiples denuncias ante Inspección de Trabajo contra la negativa de la mercantil a facilitar la información relativa a estas contrataciones. Preguntada al respecto, la empresa, en un escueto comunicado, argumenta que se trata de «medidas de reorganización» para lograr «una estructura más eficiente, sostenible y competitiva».

Sin embargo, su política laboral ya le ha traído problemas con la justicia. En 2014, tras una demanda presentada por CCOO, la Sala de lo Social de la Audiencia Nacional declaró nulos los despidos de 42 trabajadores al estimar que se trataba de un «despido colectivo hecho ‘por goteo’». Un mal menor para una compañía que recientemente, con motivo de la segregación de sus dos ramas de negocio, ha anunciado sin despeinarse que prescindirá de más de 30.000 trabajadores en todo el mundo.

La historia del call center valenciano se remonta a 1997, cuando la empresa fue fundada como Servicio Telefónico Bancaja por la extinta caja valenciana para asumir las labores de banca telefónica de la entidad financiera. Ocho años después, en 2005, fue traspasada a la multinacional Electronic Data Systems (EDS), y ya en mayo de 2008 se produjo la compra de la mercantil por parte de la multinacional estadounidense Hewlett-Packard, más conocida por la fabricación de productos de electrónica pero con una fuerte implantación mundial en el campo de la teleasistencia.

A partir de esa fecha se produjeron diversos movimientos mercantiles hasta que tanto EDS como otros call center españoles propiedad de HP quedaron integrados en la sociedad Hewlett-Packard Procesos de Negocio España SL, con sede social en Valencia. En adelante, fruto de la reorganización societaria, la mercantil operará con el nombre Hewlett-Packard Enterprise.

La espiral de precariedad y miedo ha llevado a los empleados de la firma a perder un derecho tan básico como el de ir al baño libremente

En General Avilés, tras un humilde letrero luminoso —hasta hace poco con el mismo logo que lucen los ordenadores portátiles de la marca— centenares de trabajadores prestan servicios a cuatro entidades bancarias. En el caso de Banco Sabadell, La Caixa y Bankia la firma asume la atención a oficinas, que consiste en resolver las cuestiones que plantean los empleados de las sucursales. Además, presta otros servicios como la asistencia a los clientes en operaciones de comercio internacional. Bankinter, también cliente de HP, sólo recurre a este último servicio.

«Los problemas parten de que somos una subcontrata que compite con duros rivales como Indra o Marktel para hacerse con los contratos, que se ganan ajustando al máximo la puja», explica Luis Giménez, representante de UGT. «De ahí viene la obsesión por los tiempos y los resultados que se nos exigen a los empleados», agrega Paco Torres, representante de CCOO.

Este celo llevó a la empresa a publicar un listado que clasificaba a los trabajadores según su eficiencia, «un ranking en el que había que escalar para no ser despedido». «Los sindicatos lo denunciamos porque violaba la ley de protección de datos y logramos que dejaran de hacerlo», añaden. La espiral de precariedad y miedo ha llevado a los empleados de la firma a perder un derecho tan básico como el de ir al baño libremente. «¿Ir entre llamada y llamada? ¡Qué va! ¡Eso sería lo lógico!», espeta Victoria.

La realidad es otra. Durante los cinco minutos por hora de descanso visual que corresponde a los trabajadores —un tiempo que se aplica de forma cronometrada— la empresa los invita a ir al baño para que no tengan que parar después. Si la necesidad se presenta en otro momento tienen que pedir permiso al superior por correo electrónico, cuya respuesta puede demorarse hasta veinte minutos.

Harta de esta práctica, Rosana, otra exempleada del Centro de Atención al Usuario del call center de HP, comenzó a recopilar correos para probar el retraso en la respuesta. «Estoy segura de que el motivo de mi despido fue informar de esto al comité de empresa. No hacía ni un año que me habían pagado un bonus por objetivos, y seis meses antes me habían seleccionado como enviada de refuerzo de HP a la aseguradora Aviva, por lo que me dieron 500 puntos», relata. De nada sirvieron sus méritos. En julio de 2014, mientras atendía una llamada, La Rubia tocó su hombro. En una sala anexa le comunicaron su despido y en ese mismo momento le hicieron recoger todas sus cosas y marcharse.

Sobre estas cuestiones, la firma se limita a contestar que «cumple con la normativa vigente en materia de convenios colectivos de aplicación, jornadas y descansos, así como cualquier otra condición laboral que pudiera afectar a sus empleados».

Ni siquiera mileuristas

Las presión del tiempo se traduce en empleados a la carrera por los pasillos para evitar la reprimenda de exceder los dichosos cinco minutos. La exigencia es máxima, hay que regresar al puesto de trabajo para seguir atendiendo llamadas sobre valores, seguros, tarjetas de crédito, cuentas de ahorro... enumera Rosana.

«Sabíamos la operativa de todos los productos del banco, hasta el punto que los empleados o directo res de oficina creían que llamaban a un estamento superior», explica. Nada más lejos de la realidad. Entre las principales quejas del comité se encuentra el marco laboral al que se acoge la empresa, el convenio de telemarketing. «Te pagan como si estuvieras haciendo ofertas de Vodafone pero en realidad realizas servicios a la banca, cuando en HP hasta se hacen tareas de dirección de oficina. En mi caso, por ejemplo, estoy tramitando remesas documentarias», critica Luis. ¿Y por cuánto dinero? «Yo nunca he pasado de mil euros netos», lamenta Rosana. Las tablas salariales fijan sueldos brutos anuales de 13.256 euros para los empleados clasificados como ‘teleoperadores’, de 13.864 para los ‘teleoperadores especialistas’ y de 14.662 para los ‘gestores’.

«Y si esto es lo que ocurre con los contratados de la empresa, los casos de los trabajadores que acceden a través de una ETT son todavía peores», agrega Paco. Uno de estos empleados eventuales explica que el colectivo realiza exactamente las mismas labores, aunque en ocasiones con sueldos muy inferiores, entre otros agravios. «Hay gente trabajando siete horas al día que cobra 700 euros limpios al mes. La mayoría procede de oficinas bancarias que han cerrado o tiene alguna relación con el sector bancario, algunos incluso eran directores, de modo que cuentan con una importante experiencia. Para la empresa es un auténtico chollo», detalla. Pese a su condición de eventual, como muchos otros, lleva más de un año en la empresa. «A veces nos dicen que cuando haya una oportunidad entraremos en plantilla, pero luego lees la gran cantidad de despidos que están previstos en todo el mundo y las cosas no encajan», lamenta.

Otro de los problemas, según añade, es que dos de las ETT con las que trabaja HP imponen las vacaciones pagadas, de modo que no pueden descansar. «Nos toca seguir trabajando aunque llevemos más de un año, qué le vamos a hacer, son los problemas de trabajar en una subcontrata a través de otra subcontrata», lamenta.

Según se desprende de las últimas cuentas depositadas por Hewlett-Packard Procesos de Negocio España SL en el Registro Mercantil, correspondientes al ejercicio 2014, la plantilla del conjunto del grupo experimentó un significativo ajuste de plantilla en sólo un año, al pasar de 2.102 trabajadores a 1.730 en el total de sus centros de trabajo, también radicados en Barcelona, Zaragoza, Coruña, o Almería. Una sencilla búsqueda en internet permite descubrir que Valencia no es el único foco de conflictividad laboral que tiene HP.

Hewlett-Packard Procesos de Negocio España ha firmado recientemente contratos con la Sareb y Caixabank —para el nuevo Imagin—, servicios que prestará desde Valencia. Según el comité de empresa, estos han sido cubiertos con contratos temporales «prácticamente en su totalidad», circunstancia que ahonda en el agujero de precariedad y ansiedad que HP esconde tras el teléfono en General Avilés. «Hasta cuatro veces he visto venir a la ambulancia a por gente que se ha desmayado atendiendo llamadas», recuerda Victoria.

(Este artículo se publicó originalmente en el número de abril de Plaza)

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