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políticos al habla / OPINIÓN

(In)Visibles

25/02/2019 - 

Cuando a mitad de semana pensé sobre qué quería escribir el artículo de opinión en Valencia Plaza, lo tuve claro. Decidí frenar la vorágine del día a día y el carrusel de información sobre la actualidad política y dedicar unas líneas a hablar de esas personas a quien generalmente la inmediatez de nuestra sociedad olvida, o ignora.

El pasado lunes asistí al reparto de comida que realizó el Banco de Alimentos a un millar de personas en Valencia. Cuando llegué a las inmediaciones del Jardín Botánico y vi la cola de gente esperando a recoger su paquete de comida, me sobrecogí. Conocía esta realidad. El pasado 23 de diciembre acudí a una cena solidaria en el mismo lugar y me pregunté: ¿cómo es posible?

Es la imagen de la pobreza en pleno corazón de Valencia. Una imagen que no nos gusta ver y que otros intentan ocultar o ignorar, pero que está ahí: gente sin techo y familias que acuden a entidades e instituciones solidarias que llegan donde no llega la administración (y, en muchos casos, desgraciadamente, a pesar de ella). Sigo preguntándome cómo es posible. Me pasa siempre que, andando por los barrios de la ciudad, encuentro una persona pidiendo por la calle. Me reafirmo en mi compromiso y me digo a mi misma que debo intentar resolverlo.

¿Cuántas veces han tropezado con un mendigo (sí, mendigo, con toda la dureza del término) en Valencia mientras andan a toda prisa mirando el móvil? Piénsenlo porque la escena es más habitual de lo que parece.

No es demagogia. Esta realidad existe. La pobreza crece en Valencia y empieza a ser alarmante. Esta misma semana, Casa Caridad advertía que el año pasado las personas atendidas en el comedor social  han aumentado un 44% y lo que es más preocupante, 1 de cada 10 personas son menores.


La vulnerabilidad se ceba con las mujeres, con los inmigrantes y con los jóvenes. Se han duplicado los usuarios de entre 18 y 30 años que requieren de los servicios de la ONG del pueblo valenciano.

El mismo día que conocíamos estas cifras el señor Ribó estaba en Nueva York hablando de la alimentación saludable. Una coincidencia lamentable pero que deja en evidencia el fracaso de la gestión en materia social de Compromís y el PSPV. Mientras Ribó estaba en la capital del consumismo, en la ciudad que él gobierna la gente hacía cola para recoger comida.

El Govern de la Nau, que venía a rescatar personas, ha dejado de colaborar con ONGs y asociaciones como el Banco de Alimentos, cuyo fin es ayudar a los más necesitados.  Dar la espalda a estas entidades es renunciar a todas las manos que necesitamos para combatir la exclusión social y la pobreza.


El último informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, que sigue el indicador At Risk Of Poverty and/or Exclusion (AROPE), inciden en esta situación:  el riesgo de pobreza en la Comunitat Valenciana ha pasado del 24,4% al 25,6%, en 2017. Hay 1,26 millones de personas en riesgo de pobreza, más de la mitad son mujeres.

No son solo cifras. Son personas. Realidades muchas veces invisibles. A mí me duele verlas, pero no soy de las que les gusta ignorar el problema. Siempre opto por dar la batalla y solo con una red de solidaridad, contando con todos, podremos darla en este campo. Lamento decirles al Sr. Ribó y a la Sra. Oltra (ambos han viajado mucho esta semana) que estas realidades no se resuelven ni en la Feria del Calzado de Milán ni en un encuentro en Nueva York en el que se pretende dar lecciones sobre alimentación saludable.

Porque (In)visibles también son las personas mayores o con movilidad reducida a los que caprichosas decisiones sobre tráfico les han hecho la vida más difícil en los últimos años. (In)visibles son los niños con TEA y sus familias, con las que llevo toda la legislatura peleando tras un incomprensible protocolo que les alejó de la atención sanitaria y provocó retrasos en los diagnósticos y recortes en el tratamiento. (In)visibles son las mujeres a las que se les dificulta sobremanera la conciliación con recortes en las ayudas municipales a la escolarización infantil. (In)visibles son los menores tutelados por la Generalitat que han sido sometidos a un segundo nivel de desprotección por una Administración indolente que no ha sabido gestionar su responsabilidad.

Y a esta realidad no podemos responder con viajes frívolos (que suenan a despedida), ni con los clásicos mantras de la izquierda, que pretende convencernos que con decir que hay que superar el modelo de la caridad ya es suficiente. Pues no. Porque además, quienes lo dicen, son los mismos que hicieron del "rescatem persones" su lema de campaña política. Pues eso.

María José Catalá es portavoz adjunta del PP en Les Corts

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