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Amores de Verano 

Isabel Fariñas y Daniel Ramón, rebeldía y esplendor en la Valencia científica   

Dos de los científicos icono, conocedores profundos de neuronas y microorganismos, se reencuentran en una tórrida tarde para conversar en torno al avance, el azar, los nuevos miedos a la ciencia… y el queso azul de Alexander Fleming

31/07/2016 - 

VALENCIA. Son dos de los ejemplos más esplendorosos de la Valencia científica. Daniel Ramón iba para pollero, como toda su familia con la particular excepción del primo de su padre, el artista Andreu Alfaro. Isabel Fariñas tuvo claro a los trece años que se iba a dedicar a la biología (“si no, no quería estudiar ninguna otra cosa”). 

Ella, catedrática de Biología Celular, comanda un amplio grupo de investigación desde la Universitat de València con el reto de conocer mucho mejor las neuronas para poder reprogramarlas. En un futuro no lineal, será el punto de partida para avanzar en el conocimiento del Parkinson o el Alzheimer. 

Él, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dirige Biópolis, una imponente empresa con cerca de 60 trabajadores en el Parc Científic cuyo destino comprende el conocimiento concienzudo de los microorganismos a partir de los cuales vender decenas de patentes que garantizan avances en la alimentación y la salud o en campos como los residuos. 

No son grandes figuras públicas pero representan lo mejor de nuestro entorno

Daniel Ramón: Toda mi familia ha sido o bien carniceros o bien polleros, pero mis padres tenían claro que querían que yo fuera a la universidad. Cuando entré me quedé prendado por la microbiología. Cuando estaba en último curso de carrera le comenté a mi padre: a ver cómo hacemos para compatibilizar el trabajo como pollero con esto… Y él me respondió: pero qué dices, si a ti lo que te gusta es el laboratorio y en la vida hay que buscar lo que te hace feliz. A partir de ahí me sentí muy liberado. 

Isabel Fariñas: A los trece años tenía claro que quería dedicarme a esto. Desde entonces nunca he tenido dudas. Antes de entrar en la universidad me dije que si no estudiaba Biología no quería estudiar otra cosa. La gente preguntaba… ¿pero Biología,  eso qué es? Fui la primera persona de mi familia que hizo estudios universitarios. Para esa generación era muy importante que sus hijos pasaran por la universidad, aunque no entendieran de qué iba a aquello.

Daniel Ramón: En mi familia solo el primo de mi tío, Andreu Alfaro, y yo no fuimos polleros o carniceros. Ese entorno me influyó totalmente, me dio una visión de la vida muy realista, darme cuenta de que si tu padre se levanta cada día a las cinco de la mañana para que tú hagas una carrera, pues te tienes que esforzar lo máximo posible. 

d¿Cuál es el objeto de vuestro trabajo?

Isabel Fariñas: En mi caso trabajamos en células madres neurales, células que tienen características de células madres pero que están en nuestro cerebro. Intentamos comprender cómo se comportan. Mi profesión es resolver problemas, hacernos preguntas que hacen avanzar el conocimiento. Por ejemplo, si tenemos unas células que son capaces de producir neuronas durante toda la vida, y en algunos casos a nuestros cerebros les faltan neuronas porque hay un proceso degenerativo que afecta a las neuronas cerebrales, si pudiéramos de alguna manera domesticarlas… eso sería una forma de avanzar en algunas enfermedades. Es el gran objetivo final. Ya hay grupos en este planeta, y nosotros somos de esa cuerda, que intenta comprender qué pueden hacer las células y tratarlas a ellas directamente para mejorar las cosas. 

Daniel Ramón: En nuestra empresa utilizamos los microorganismos para producir compuestos de interés industrial. La base es entender a los microorganismos, entender qué es lo que hacen. Hace un par de semanas publicamos un estudio sobre las bacterias que hay en los paneles solares de los edificios, saber por qué son capaces de resistir la radiación solar para a partir de ahí buscar moléculas que tengan que ver con la filtración de los rayos ultravioleta. 

Isabel Fariñas: En este ámbito tú te enfrentas a la naturaleza y ante eso no hay un camino que puedas crear, sino que son caminos tortuosos a los que adaptarte. Tenemos grandes problemas que desmenuzamos en pequeños problemas biológicos. Sabemos hacia dónde vamos, pero los caminos se ramifican…

Daniel Ramón: Normalmente vas buscando dar respuesta a una pregunta y entonces te aparecen cuatro o cinco preguntas más, igual de excitantes. Convivimos con el hecho de que nunca tendremos la verdad absoluta, vamos en busca de la verdad todo el tiempo. 

Isabel Fariñas: En el fondo relaciono nuestra profesión con la de los artistas, literatos… puede parecer muy técnica, muy metodológica, la tarea del científico, pero en el fondo hay un proceso creativo. La imaginación influye mucho, ese sentimiento crea adicción. 

Daniel Ramón: La imaginación de los que somos latinos supone un factor diferencial en la ciencia. En Europa del norte tienen una manera de valorar la ciencia que ojalá la tuviéramos aquí, pero son muy cerrados y tiene que ser sota, caballo y rey. Recuerdo cuando llegué a Holanda y me encargaron un proyecto de investigación en el que todo lo aplicaban como lo tenían que aplicar, pero yo como era latino y tenía mucho tiempo libre lo plantee de una manera distinta y salió lo que esperaban. No entendían cómo podía ocurrir sin haber aplicado lo que se suponía había que aplicar.

Isabel Fariñas: La ciencia española pertenece a una historia, y en esa historia muchas veces no hemos tenido lo que hacía falta. Eso provoca la creatividad de la precariedad. Hay mucha frescura que sale de los procesos en esas condiciones. De eso me quejo ahora, en una época de crisis deberíamos ser más creativos pero nos hemos vuelto más formales.

Daniel Ramón: Lo veo en los más jóvenes… todos son lamentos, esto va muy mal, y coincido con ello. ¿Pero vas a hacer algo para solucionarlo? Nosotros lo teníamos más asumido, se debe a que afortunadamente ellos han vivido una época mejor.

El ruido de decenas de máquinas complejas acompaña la charla como una vibración armoniosa. La banda sonora de un laboratorio en un edificio fabricando futuro, situado en el Parc Científic. 

Isabel Fariñas: Hay una frase de Pasteur que nos gusta mucho a los científicos: “el azar favorece a las inteligencias preparadas”. En el fondo tienes que ser muy sensible a lo que te dice el material, estando especialmente receptivo. Te vas a encontrar con cosas azarosas pero sólo si las puedes ver con criterio te darás cuenta que hay algo que vale la pena perseguir. Recuerdo antes de irme a Estados Unidos estar persiguiendo un resultado que durante semanas no me salía. Un sábado por la tarde estaba repitiendo el experimento y mis amigos me esperaban para cenar. Ese día, tan desesperada, me fui a cenar haciendo algo que no hacía nunca: no recoger el experimento, lo dejé el fin de semana, algo muy insolidario con el resto de compañeros que trabajan en el laboratorio. Al volver el lunes en lugar de tirar el experimento porque se supone que era fallido decidí revisarlo y me di cuenta de que el buen resultado estaba ahí. Simplemente necesitaba más tiempo.

Daniel Ramón: Fleming se fue de vacaciones a Mallorca y como era bastante poco solidario dejó las placas en el laboratorio sin recoger y cuando volvió de vacaciones gracias a ello descubrió la penicilina. El tiempo… Hace unos años fui a su laboratorio, que se puede visitar en el hospital St.Mary de Londres, te lo enseñan jubilados del hospital. “¿Pero es que le interesa esto?”, me preguntaron. Les conté que mucho porque había hecho mi tesis sobre la penicilina. “Pues ha tenido suerte porque le va a enseñar el laboratorio la auxiliar de Fleming”. Era una señora muy muy mayor y le pregunté: ¿de dónde carajo salió el hongo que dio lugar al descubrimiento si esto es una hospital y no deberían haber hongos? Me contestó: porque Fleming era un gorrino, se traía bocadillos de queso azul que le encantaban y luego se dejaba los restos.

Isabel Fariñas: De nuevo, “el azar favorece a las inteligencias preparadas”.

¿Por qué, Daniel Ramón, decidiste no sólo ser científico sino convertirte en empresario?

Daniel Ramón: En el momento que veo que tengo muchas personas que dependen de mí y no van a tener trabajo. Por eso creamos la empresa. Nunca lo había previsto. Vendemos servicios de investigación, en confidencialidad. El segundo servicio es producir microorganismos, tenemos capacidad de fermentación. Llevamos ya cerca de noventa patentes. Hemos tenido la fortuna de vivir una cresta de la ola, lo que ha crecido la biología en los últimos quince años es impresionante… Sobre todo por la irrupción de las tecnologías, porque por primera vez tenemos un poder de manejo de datos de potencia informática impensable. Cuando hacía la carrera unos pocos queríamos dedicarnos a la bata y la mayoría a la bota (la zoología, el campo…). 

Isabel Fariñas: Ahora nos damos más cuenta de que nuestra tarea en la investigación básica puede aplicarse a la mejora de las condiciones de vida, ahora se ve esa aplicación, eso es una fuerza motora formidable. Vivimos una revolución celular, nos hemos dado cuenta de que podemos extraer las células. Siempre habíamos entendido que se especializaban hasta encargarse de una tarea concreta. Ahora sabemos que esa progresión podemos llevarla hacia atrás. En el genoma de las células queda una huella histórica que le recuerda en qué se ha especializado durante todo su vida. Gracias a esa huella podemos hacer que la célula vuelva a tener todo su potencial, reprogramarla. 

Daniel Ramón: Las mismas tecnologías que han permitido secuenciar el genoma humano, con ligeras modificaciones, te permiten ver todos los microorganismos que hay en una muestra, lo vemos todo. Antes sólo podíamos ver el 10%. Por eso ya sabemos que si pesas 71 kilos, un kilo no eres tú, son las bacterias que están en tu cuerpo y que están ahí porque tienen un papel biológico fundamental, eso es fascinante. Ocurre por ejemplo lo mismo en los microorganismos del suelo, gracias a las tecnologías podremos saber qué hacer con ellos para que por ejemplo la producción vegetal sea más eficaz y sostenible. 

¿Quién es Elegans?

Daniel Ramón: Un gusano pequeño de un milímetro con 1.020 células, un animal donde mimetizamos muchas enfermedades humanas, hacemos escrutinios masivos. Un fenomenal animal de laboratorio, pero como según la ley no es un animal obvias problemas éticos. En esa habitación de ahí en frente nos llegó el otro día un robot con el que podremos seguir 25.000 animales individualizados al día, va a ser fantástico.

¿Es un buen lugar la Valencia científica?

Daniel Ramón: Los científicos necesitamos tranquilidad, y Valencia es una ciudad sin estrés. Hoy ha venido una investigadora de fuera y lo primero que ha dicho es: qué bien vivís aquí, es un sitio idóneo para hacer ciencia. A pesar de los pesares, si pones la balanza al final compensa. La Valencia científica de cuando yo empecé era un páramo, ahora hay científicos en todas las disciplinas que son referentes internacionales haciendo las cosas calladamente, por desgracia no salen lo suficiente en la prensa, pero los tenemos aquí al lado y no no necesitamos irnos a buscar ciencia demasiado lejos. 

Isabel Fariñas: Yo no soy de aquí, me licencié en Barcelona, hija de emigrantes gallegos, hice la tesis en Madrid y me fui a Estados Unidos porque quería vivir cómo era la ciencia allí, aquí no había masa crítica suficiente. Me fui a San Francisco y después de cinco años decidí volver porque hay que… devolver, devolver lo que me había dado mi país contribuyendo a mi formación. 

¿Cómo debería evolucionar esa Valencia científica?

Daniel Ramón: Comenzando porque los partidos, los clásicos pero también los nuevos, se tomaran en serio la ciencia, y que simplemente echaran un vistazo a que a los países que más invierten en ello les va mejor. 

Isabel Fariñas: Los tiempos de la política y la ciencia no tienen nada que ver. Los políticos quieren rendimientos a corto plazo. Lo comparo con reciclaje del plástico. Yo no reciclo el plástico para mí porque no voy a vivir el deterioro del planeta por el plástico que yo tire a la basura, lo hago por mis hijos, por mis nietos… Ese concepto de servicio social para las generaciones futuras es lo primero que hay que pensar cuando se plantea la inversión en ciencia. Si no lo hacen ahora, las generaciones venideras no podrán tener un futuro razonable. Y siempre digo que para mejorar la ciencia en este país debería invertirse en educación primaria. Si tienes una sociedad tecnológicamente bien formada, esa sociedad exigirá apostar por la ciencia.

Daniel Ramón: Y ocurre por igual entre nuevos y viejos partidos…

Isabel Fariñas: Es más, se percibe cierto miedo a la ciencia cuando escuchas cosas como que hay ciudades que quieren declararse libres de transgénicos. Te conmociona. Con todo lo que sabemos cómo es posible que se lancen acusaciones populistas sin fundamento científico…

Daniel Ramón: ¿Por qué hay padres que no quieren vacunar a sus hijos cuando la vacuna ha sido el logro social más importante de la medicina? Vivimos en una sociedad de contrastes en la que cuando se vive suficientemente fácil no te das cuenta de la importancia de algo como una vacuna. Es frustrante.

Isabel Fariñas: Todavía no hemos llegado a una sociedad con un alto conocimiento tecnológico. Por eso no terminamos de entender que las inversiones públicas tienen un efecto a largo plazo. Hay cosas que no van con los tiempos de nuestros políticos ni con los tiempos de nuestra propia vida, sino con las generaciones que vienen después…

Daniel Ramón: Todo eso pasa cuando se tiene la barriga muy llena. Como pateo muchas zonas en las que la barriga no está llena, las cosas se ven distintas. 

Este verano Daniel Ramón recomienda el libro El último árbol que no ardió en Salónica, de Manuel Mira. Cuenta la historia de los creadores de Danone, judíos sefardíes que salen por patas de Grecia por la guerra, tienen que huir de España por la Guerra Civil, luego de Francia por la II Guerra Mundial… Te cuenta una cosa fascinante: el comerciante que obliga a su hijo economista, Daniel Carasso, al que llaman Dano, a estudiar varios meses en el Instituto Pasteur de París para entender los microorganismos. Y allí coincide con el premio Nobel que descubrió que las bacterias lácticas podían ser buenas para la salud. Él comenzó a pensar en crear un negocio en torno a ello y fundó Danone”. Isabel Fariñas, por su parte, recomienda La doble hélice: “relata la historia de Watson y Crick y el descubrimiento del ADN, con la lucha entre jóvenes pensadores frente al establishment científico, cómo a veces para descubrir cosas tienes que ir contra las normas preestablecidas…”. 

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