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Jacobo Pallarés: "El Circuit Cultural tiene que abrirse a un cambio de paradigma"

El codirector de Espai Inestable y presidente de la Red de Teatros Alternativos de España analiza el presente y futuro de las artes escénicas

1/12/2021 - 

VALÈNCIA. Resistencia es, quizá, una de las palabras que más se ha asociado a la cultura en estos tiempos de pandemia, aforos flexibles y bajadas de persiana. Pero de entre todos, son las salas de teatro las que más han aguantado el tipo, manteniendo su programación incluso en los meses en los que el nubarrón parecía insalvable. La fotografía hoy es distinta, aunque la lucha no cambia, la batalla por mantener públicos y, también, por cambiar una arquitectura pública que ha dibujado el gran debate del sector en este curso. Ahora, como siempre, toca seguir haciendo camino y las salas de teatro lo hacen conectándose con la red nacional a través del Circuito de Creación Escénica Contemporánea de la Red de Teatros Alternativos, que traerá no pocas propuestas a un mapa local que este otoño quiere exhibir músculo. Como cabeza de este proyecto está Jacobo Pallarés, codirector de Espai Inestable y presidente de la Red de Teatros Alternativos de España, una de las figuras clave para entender la gestión en las artes escénicas.

-¿Se confirma que la unión hace la fuerza?
-La unión sí o sí. En todos los ámbitos culturales estoy trabajando en eso, en la unión, en la red. De hecho, acabamos de crear RIEE, la Red Iberoamericana de Espacios Escénicos, donde somos más de 200 teatros, un claro ejemplo a nivel internacional. En cuanto a la red de teatro alternativos, cuantas más salas seamos más recursos conseguiremos que el Ministerio vuelque en el proyecto y en la Comunitat Valenciana. Los políticos hablan de esa infrafinanciación y nosotros, a nivel de recursos escénicos, también lo estamos viendo. Lo que queremos estando juntos es sacar músculo. Esta unión también se ha visto en el ámbito de las asociaciones valencianas: en este momento estamos todas juntas trabajando con la administración. Esto es un hito. 

-Justo este año se ha visto más que nunca esa unión con esa 'batalla' entre profesionales de las artes escénicas y el Institut Valencià de Cultura (IVC), ¿cómo han sido estos últimos meses de debate?
-Ha sido muy intenso. Y lo sigue siendo. En mi caso estoy muy cansado de todas las reuniones, pero también he visto con esta administración es que al final permean las cosas, hay escucha. Pero también es cierto, y esto me lo dijeron altos cargos de la administración nacional, que la administración es lo que es: es lenta, inabarcable, conservadora. 

-¿Y no desespera eso?
-Claro que desespera. Al final hay que verlo en un medio plazo. Ahora mismo tenemos sobre la mesa unas bases reguladoras nuevas para el año que viene, que se acercan mucho a lo que queremos como sector. No hay un verdadero cambio de paradigma todavía, que es lo que proponíamos, pero sí que hay un avance. Al final la sensibilidad no da de comer. Pueden ser muy sensibles y escucharnos, pero lo que da de comer es un cambio. Hay salas que lo están pasando muy mal. Ahora mismo casi todas las salas ninguna ha cobrado un euro de las administraciones y tenemos una deuda, unos pagos pendientes, de más de 200.000 euros en muchos casos, dinero que ya hemos pagado. Estamos soportando la carga económica más alta de la historia. Antes había precariedad de las ayudas, ahora hay muchos recursos, pero no ha cambiado el modelo para que de verdad llegue como tiene que llegar. 

Foto: ESTRELLA JOVER.

-En estas últimas semanas, precisamente, Sala Ultramar lanzó una campaña de micromecenazgo para esquivar el cierre, ¿cómo es el estado de salud del circuito de salas de València? 
-Podemos ser positivos o negativos. La parte positiva es que seguimos estando aquí, seguimos apostando por los creadores. Ese potencial artístico está ahí y sigue queriendo presentarse en nuestros espacios, hay una pulsión, con residencias, propuestas escénicas, haciendo relaciones con el resto del Estado. La parte negativa es la económica, claro, y, también, algo que hemos estado hablando todas las salas de la red, que parece que este otoño la cosa va hacia abajo a nivel de público. Hubo un boom después del confinamiento, en el que la gente deseaba volver a los teatros. Pero ahora hay una tendencia a la baja.

-¿A qué se debe? 
-Ahora mismo hay preocupación. Hay cosas que siguen funcionando, como los festivales. Migrats Dansa ha tenido más espectadores que hace dos años, pero todo lo que es la programación no. Es verdad que este otoño se ha juntado todo, que la oferta cultural quizá es excesiva para el público que hemos conseguido como ciudad. Hay más oferta que público. Quizá también influye el buen tiempo o incluso el miedo a estar en un espacio cerrado por el tema de la pandemia. Hay muchos factores. Este cambio de paradigma del que hablaba también pasa por el desarrollo de audiencias. Lo que toca ahora es ponernos las pilas en ese sentido. No se puede poner todo el dinero en producir, también se tiene que trabajar la movilidad. No puede darse lo que publicó el otro día Culturplaza, que tengan 51 bolos una o dos compañías y que el resto tenga cero, uno o dos. Eso no puede darse en noventa salas. Esas salas que tienen un dinero del IVC tienen que dar más lugar a lo alternativo, a lo emergente, a la danza, al circo. 

-¿Está funcionando el Circuit Cultural como debe? 
-No critico el Circuit, pero lo que creo que es que hay mucho margen de mejora. En Bellreguard, donde también trabajo, por ejemplo, de los 12 o 15 espectáculos que programamos al año el 90% son emergentes o periféricos. Esas compañías son las que no están en el Circuit. Hay que dar lugar a todos. El Circuit lo que tiene es que abrirse a un cambio de paradigma, en todos los niveles, entendiendo el ecosistema con todas sus diferencias. Tendría, quizá, que tener la obligación de programar obras que tienen una ayuda. Al final estamos volcando dinero en una producción, ¿para que luego tengan tres o cuatro bolos en una sala y no tenga continuidad? Así no se optimizan los recursos. 

Foto: ESTRELLA JOVER.

-València es la periferia de Madrid, pero las salas alternativas también se sienten periferia del circuito local... 
-Cuando yo entré a la red de teatros alternativos la entendí como un lugar periférico a lo que era lo público o lo convencional. El concepto periférico está más cercano a eso. La vanguardia es lo que va más allá, en esas nuevas maneras de aproximarte al público. No vamos a poder competir a nivel cuantitativo con nada, pero sí a nivel cualitativo. El objetivo final es crear una mejor sociedad, porque la derecha más recalcitrante está ahí. Como no creemos personas más críticas y tolerantes nos vamos a perder y el teatro ahí es una trinchera. 

-Hablamos de una fotografía de la actualidad, del presente, pero al final lo que no cambia es ese valor universal del teatro. Todos los caminos nos llevan a esa emoción.
-Es lo que nos salva a todas las salas, lo que nos hace subir la persiana a pesar de la precariedad galopante en la que estamos, lo que nos permite seguir trabajando. Se trata de hacer un mundo más justo, mejor. Y eso está siempre en las artes escénicas. Esto también se ve en ese cambio de paradigma que planteamos a la administración. La calidad frente a la cantidad, entender la subjetividad. 

-Hay elementos que no se pueden cuantificar. 
-¿De los mil espectadores cuántos se han emocionado? Eso es complicado, aunque estaría bien [ríe]. 

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