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otoño en la vall d'alba

La auténtica gastronomía rural se cocina en el Pou de Beca

  • Antonio Pradas
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Será la piedra de las paredes o las sillas de madera. Es Otoño, de las mejores épocas para visitar El Pou de Beca: un paisaje idílico de conexión real. Nicolàs Barrera no es chef, si apuramos nos deja llamarle cocinero pero él se define como masover y su misión junto a Sonia Gil es la de avanzar hacia el ideal que marca el camino de los valores del mundo rural.

El Pou de Beca es una responsabilidad heredada. La vida en una masía puede parecer idílica sin embargo, está llena de matices. “Ser masover es vivir en la tranquilidad del entorno, siguiendo los ritmos de la naturaleza pero con la responsabilidad de mantener el patrimonio familiar” Nicolàs heredó un camino marcado por la cuchara y la brasa. No es un tarea sencilla, el vivir alejado de la urbe tiene derechos como la tranquilidad pero muchas obligaciones de subsistencia: “si queremos volver a lo de antes es con todos sus matices”.

El restaurante era la antigua masía: “Si no tenías un producto singular era imposible subsistir, la única opción era el volumen”. Explica que entonces solo tenían un cerdo macho en la zona que preñaba a las hembras, masía a masía. El origen del restaurante viene a ser hacia finales de los 50 para satisfacer la demanda de los comerciales cárnicos que se acercaban para comprar las crías, les abastecían de comida para los animales y además eran taberna. Reconoce que el Pou de Beca de ahora ha sido mucho más fácil: “abrimos las puertas el primer día y ya teníamos lleno y por eso estoy agradecido al trabajo de mis padres a pesar de que esto mismo me ha marcado el camino: es una responsabilidad heredada”. Tras un tiempo viviendo en el pueblo (La Vall d’Alba) en el 89 volvieron a la masía, pero no fue hasta el año 2000 que Nicolàs (con 20 años) se puso al frente junto a tres socios de la nueva cooperativa. Fue una temporada de mucho trabajo y poca conciliación. Sin formación reglada, aprendió desde pequeño en casa, de base tradicional  de mar y de monte de La Plana y cocina de montaña del Maestrazgo como escabeches y conservas. La cooperativa quebró y su pareja Sonia se involucró más en el proyecto: “su toque femenino nos ayudó a organizar y a gestionar el restaurante y con su formación también a ejecutar la sostenibilidad de manera más resolutiva”.

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