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el tintero / OPINIÓN

La cabeza de Camps

Hace unas horas conocíamos el archivo de la última causa que pesaba sobre la cabeza del presidente valenciano Francisco Camps y ¿ahora qué? Todo lo que ha sufrido, todo lo que se ha dicho de él y el atroz y sistemático ataque a su persona, ¿cómo se reparan?

17/11/2021 - 

La tarde previa a que saliera publicada esta noticia que, una vez más, dejaba a Francisco Camps libre de cualquier responsabilidad con la justicia sobre sus actuaciones como presidente de la Generalitat, coincidí con el ex presidente en la presentación del libro Derecho de gracia y constitución. El indulto en el estado de derecho de Enrique Fliquete, y por esas casualidades de la vida, estaba sentado justo detrás de Francisco Camps y les he de confesar que miraba su cabeza y pensaba, este hombre ¿cómo ha resistido a todo lo que ha tenido que vivir? No por el hecho de enfrentarse a un proceso judicial largo, que también, sino por el tremendo y atroz circo mediático que se formó en aquellos días. No creo que esté justificado una cobertura tal en ningún caso, pero además no hablábamos de un caso con delitos de sangre que hubiera sobresaltado a la población, como fue en su día el mediático Caso Alcácer, que repito, creo que tampoco hacía falta ese exceso de cobertura informativa, simplemente porque es muy fácil cruzar la línea entre la información útil y el chisme y el morbo para recrearnos en los infortunios de los demás.

El ex presidente de la Generalitat, dejó su cargo tras ganar por mayoría absoluta las elecciones, se sometió al juicio con jurado popular que aún añadía más expectación a todo este sainete, salió absuelto y ha vivido un auténtico calvario judicial y mediático que a día de hoy y pese a su inocencia probada, podemos decir que ha sido tremendamente injusto con su persona y su figura política. Como otros gobernantes, ni tiene que gustar a todos, ni todas sus acciones serán dignas de alabanza, pero la mancha de sospecha y de corrupción vertida sobre su persona y su etapa es no sólo injusta con él sino con todos los valencianos. Lo más duro y cruel es que todo eso lo crearon y vendieron otros paisanos nuestros, desde la política y desde los medios, más por una manía y un odio (a veces irracional) a la personalidad del ex presidente y al gobierno del Partido Popular que porque hubiera una corrupción similar a la del PSOE andaluz, imposible de imitar.

Aquí llegamos al clásico de “calumnia que algo queda”, principio que guió la acción de la oposición política en los últimos años de gobierno populares. Tal fue la sospecha y la duda que constantemente se creó sobre las presuntas corruptelas que hemos llegado al punto, siempre injusto en un estado de derecho, de que ahora cuando se conocen las resoluciones judiciales, mucha gente piensa (incluso sin decirlo), “algo habrá hecho pero se ha salido de rositas”, y es más fuerte la creencia que la evidencia, porque llevamos años sometidos desde los medios a ese mantra de la corrupción del PP que es muy difícil salirse de esa idea y esperar que la justicia dictamine y después no sólo respetar sino creer lo que diga.

El presidente Camps ha demostrado una fortaleza mental tremenda, imagino que su familia que siempre ha estado a su lado, aunque con una elegancia y una discreción encomiables, y probablemente sus convicciones religiosas le habrán ayudado a sobrellevar tantos momentos difíciles. En los últimos meses han surgido muchos rumores sobre su posible vuelta a la arena política, él sabrá mejor que nadie que quiere y que le apetece, pero yo en su lugar y después de vivir en primera persona los sinsabores y la ingratitud de esa profesión, no me plantearía jamás volver. En cualquier caso, sirva esta simple columna como un humilde y discreto desagravio hacia quién todos lanzaron sus dardos verbales y escritos con un exceso de maldad haciendo que quien salió elegido en varias ocasiones por mayoría del pueblo valenciano pasara de héroe a villano de manera injusta, como parece que los tribunales, una vez tras otra, han demostrado. Parece que el título del libro que le dedicó el escritor y periodista, Arcadi Espada, era más que acertado, ‘Un buen tío. Cómo el populismo y la posverdad liquidan a los hombres’.

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