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tribuna libre / OPINIÓN

La manada líquida

Foto: EVA MÁÑEZ
2/05/2018 - 

Entrar a valorar una sentencia judicial no es mi cometido. No sé de jurisprudencia. No sé de leyes. No tengo un master. Me limito a ser un simple espectador. Abundan ya demasiados licenciados en derecho penal y constitucional para ello. Acepto las reglas del juego. Pero sí puedo, y debo, juzgar la conducta y el comportamiento moral de ciertos personajes de la sociedad. El pensamiento freudiano de la psicología de masas en la cultura contemporánea, ya lo hizo. Reflexionaba sobre la velocidad en el contagio de la multitud exacerbada. El individuo ya no tenía conciencia de sus actos. Aptitud contraria a la naturaleza del hombre. 

El retrato de Dorian Gray es una obra literaria pincelada en el espectro del terror gótico. Escrita por Oscar Wilde a finales del siglo XIX, supo retratar a la perfección la vanidad, la locura y la enajenación. Una mezcla de fantasía y realidad. Dos siglos después, (la mal llamada manada del jolgorio) ha quedado bien pincelada en un retrato obsesivo por el abuso de la fiesta, el sexo y el fútbol. La víctima del encierro, una joven teen, con herida profunda de asta, perpetrada por estos depredadores del abuso. La sentencia judicial escuece sobre la herida. Costará cicatrizar. 

Uno de los letrados de la defensa de la paranoia sexual, los definía como “patanes, imbéciles, simples y primarios con el fútbol o las relaciones sexuales. No son modelo para nada”. Más bien, los enlataría en el perfil consumista de pornografía barata del destape digital. Hijos de la era smartphoniana. Almas pequeñas y tóxicas. Hombres primitivos en una sociedad avanzada, la líquida. La dantesca acción perpetrada por la manada, es el resultado de años de investigación de Zygmunt Bauman en el campo de la filosofía y su modernidad líquida. Los primarios tienen en los tatuajes otra de su huella característica en su frágil epidermis. Bauman y Leoncini los interrelacionan en su sociedad líquida. Habla antes de morir de los tatuajes, el bullying y las relaciones humanas en la red. 

Parafraseando al escritor gallego Manuel Rivas, “siento vergüenza. La vergüenza te ayuda a ver. Abre paso a la esperanza. La esperanza no se espera. Hay que arrancársela de los brazos al conformismo”. Desde la movilización callejera y el inconformismo, el "monstruo amable" ha dictado su propia sentencia, la de la moral y la ética, como resistencia ante tanto jolgorio político y judicial. 

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