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políticos al habla / OPINIÓN

La película de serie B de Torra

13/12/2018 - 

12-12-18. Para tan mala película no hacía falta este pobre actor, president de la Generalitat de Cataluña. Ni el más afamado escritor de guiones habría dibujado este dislate. Toda una parafernalia al servicio de la causa nacionalista que recrudece sus ataques a los que no piensan como ellos, en un intento de reventar el procés. Están haciendo tanto daño a la sociedad catalana que tardarán años en restaurar las heridas perpetradas.

Que el último episodio de este serial barato, cutre y peligroso sea emprender acciones independentistas como la vía eslovena, sólo puede ser algo trágico. Desde la irrupción de los nacionalismos en la zona balcánica no se habían producido estallidos de separatismo significativos. Hasta que llegó el plan catalán; bueno, el de algunos catalanes.

Slobodan Milosevic fue un patán comunista y nacionalista que arrojó a la zona a una de las mayores atrocidades que hayamos visto en los últimos decenios. Una guerra nacionalista por el supremacismo de una raza sobre otra. De un país imaginario sobre otro. Una violencia extrema sobre la que Europa calló, hasta que la sangre bajó por los ríos europeos y el clamor hizo intervenir.

No me digan que no puede pasar aquí. No debe pasar, pero puede. Es el Estado de Derecho, es Europa la que debe ser fuerte e impedir que las apuestas al margen de la ley acampen por las regiones. Nadie está al margen de la ley. Porque si dejamos que unos iluminados ejerzan la violencia contra la ley, los ciudadanos tendrán que ser sometidos a esa ideología. Y lo que verdaderamente ahoga el sentir de la ciudadanía es el sentirse manipulado y gobernado por alguien que dice tener el fervor patriota que tú no tienes.

La cinematografía ha sido aderezada por un pelotón de CDR que se aplica en crear el caos callejero. A lo anarquista. En cierto modo, parece la película La Purga. Esa recreación donde se permite, callejeramente, eliminar a cuantos te plazca, porque ese día la ley no existe. Una banda de delincuentes acampa a sus anchas esperando crear la necesaria confusión que traiga una República irreal y violenta. Saben perfectamente que su estrategia de miedo ocupa el espacio ideológico que quieren usurpar al estado contra el que luchan. Y lo van a hacer, como harían los mejores delincuentes, con la organización de su propia mafia.

Levantamiento de barreras por los CDR el pasado puente de la Constitución en Cataluña. Foto: EFE
Un señor de apellido Alsina, que pretende ser el alcalde de Barcelona, en su irresponsabilidad, dice que hay que darles una porra y un silbato a los del CDR para vigilar las fronteras y el orden interno, y evitar además que los españoles puedan entrar. Se atreve además este señor a llamar presuntos sindicalistas a JUSAPOL, a nuestros policías nacionales y guardias civiles que velan por el orden constitucional y por la seguridad de todos los españoles, incluidos a estos señores. Y ya, la gota que colma el vaso, es que pretende comparar a De Gaulle con Puigdemont, esto último ya es para nota.

Si a los escraches de jueces, a la persecución de la policía, al seguimiento de los funcionarios que no comulgan con el credo independentista, que son todos los nacionalistas, no se les para con la ley y el orden, ellos decidirán quién tiene derechos y quién los pierde. Una irracional ola de tontunas, historias de colegio inventadas, una irrefrenable mentira sobre una sumisión, un engaño colectivo al que pocos psiquiatras podrían valorar sino por una locura generalizada entre la tribu, hace irrespirable la sociedad catalana. Abocada a un final tenso. Ellos lo quieren trágico. No hay una sola vida, ni una, que valga más que Cataluña. Y si estos siguen por la vía del precipicio, con suicidio colectivo, bien haríamos, como sociedad, en resguardarnos de la violencia.

No es verdad que quieran dialogar porque han puesto a los de los pasamontañas a organizar el pensamiento. Te queman contenedores, te cortan carreteras, te queman comercios, coches, y te piden comprensión con la República del lacito amarillo. Nunca una sociedad que señaló a los buenos de los malos -la técnica del lacito es xenófoba- llegó a buen puerto. Con un DNI catalán, solo les quedaría marcar como bestias, tal y como nos llama a los españoles el Sr. Torra, a todos aquellos que sean incapaces de hablar su lengua o arrodillarse ante los encapuchados.

No es la violencia, en democracia, ninguna solución que ampara la convivencia. Es más, nos organizamos con nuestras maravillosas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para que los delincuentes, los maleantes o los que incumplen la ley, no caminen a nuestro lado. El ayuno de los que incumplen la ley no hace sino que confirmar que la enfermedad es más profunda de lo que parece. Imponer tu ideología, incluso con votos a lo Hitler, es el fin de la democracia. Y nadie podrá decir que el diálogo no es necesario. Lo que podemos decir, y bien fuerte, es que si tenemos que dialogar con los que se tapan la cara, el diálogo será cero. Y cero nunca suma.


Emilio Argüeso es el secretario de Organización de Ciudadanos en la Comunitat y secretario primero de la Mesa de Les Corts.

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