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empezará con 150 motos eléctricas 

La tecnológica Molo lanzará en València un servicio de motos compartidas por suscripción

4/09/2018 - 

VALÈNCIA. La fiebre del sharing continúa en València. La empresa tecnológica Molo se prepara para lanzar en la ciudad el primer servicio de motos eléctricas compartidas por suscripción. Así lo explicaba este martes su CEO, Manuel Donate, en la presentación de la compañía, que hasta ahora ha estado en fase de pruebas bajo el nombre de CitenGo. Actualmente, la ciudad de València ya dispone de este servicio -prestado por Muving- con una tarifa que se paga por minutos. No será la fórmula de la empresa valenciana, que ha optado por un pago mensual fijo, que inicialmente tendrá un coste de 9,90 euros y que se pondrá en marcha el 17 de septiembre

Como ya publicó Valencia Plaza, la compañía empezará a rodar en una primera fase con 150 motos para finalizar el mes con 200, aunque la intención es terminar el año con 500 vehículos. Sin embargo, para poder utilizarlo habrá que estar suscrito. Inicialmente, tan solo serán 1.000 personas las que podrán optar -quienes también podrán cancelar en cualquier momento- en la que están incluidas la utilización ilimitada del servicio en la ciudad y el seguro. Para darse de alta será necesario ser mayor de edad, tener el permiso de conducir y facilitar el DNI.

"¿Para que vas a tener una moto si tienes una que la puedes coger cuando quieras y sin los gastos de tenerla en propiedad?", señalaba Tono Brusola, director de Estrategia. Y es que la aspiración de Molo es que la gente que utilice su servicio acabe vendiendo su moto propia. "Nosotros lo que intentamos es retirar motos particulares de la calle y que se comparta más", recalcaba Paco Navarrés, CTO y fundador de la compañía, que además apuntaba a la intención de ampliar el uso al área metropolitana. 

10.000 motos por toda España: su objetivo para 2020

El funcionamiento será similar al del resto de empresas de motosharing. Será posible localizar las motos que están alrededor del usuario mediante una app, reservarla y desbloquearla con el móvil. Navarrés también insistió en la importancia del modelo de vehículo, superior a los que habitualmente se encuentran en este tipo de servicios. "No podemos dar cualquier modelo si pretendemos que nuestro usuario sustituya su moto. Es el vehículo más robusto y fiable de este tipo de servicio que, hasta ahora, se está desarrollando en España". 

La compañía tiene un acuerdo con el fabricante Silence para adquirir 4.000 unidades en los próximos tres años pero el objetivo de la compañía es expandirse por toda España con 10.000 motos en 2020. Los vehículos están equipados con doble asiento y vehículos para dos cascos, tienen una autonomía de 100 kilómetros de uso por ciudad y alcanzan una velocidad de 80 km/h. Desde Molo tendrán control en vivo de la flota y podrán recoger datos de velocidad y golpes en el caso de que se produzca un accidente. 

3,5 millones de inversión

Hasta ahora, Molo ha invertido 3,5 millones de euros, dirigidos a la adquisición de vehículos y a implantarse en València. Este año prevé una ampliación de capital de cinco millones con la intención de llegar a los 66 millones de inversión en 2020. Además, la compañía quiere seguir incorporando más servicios a su modelo de suscripción como bicicletas o transporte público aunque no descarta los coches y ve con reticencias el patinete tras las últimas decisiones del Ayuntamiento de retirar estos vehículos de alquiler. 

Navarrés, cofundador de la compañía, aseguraba que han tenido conversaciones con el Ayuntamiento de València, con el se comprometieron a implementar el servicio de forma gradual teniendo en cuenta la acogida por parte de los usuarios. De momento, no están preocupados por la posibilidad de que salga una nueva legislación sobre esta modalidad de servicio. "A corto plazo cumplimos todas las normas y queremos que las motos se integren en la ciudad", destacaba Navarrés.

Stefania Pasavento, directora de Marketing, apuntaba a la intención de que los usuarios conciban las motos como suyas y se genere un sentimiento de pertenencia a la marca. De hecho, insistían en el propio de color del vehículo. "Yo nunca me compraría una moto amarilla", aseguraba el CEO, Manuel Donate. 

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