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mirando al mar

La tercera ola

Con la pandemia como telón de fondo, lo más realista es pensar que la temporada de la vela de este año también se echará a perder

22/02/2021 - 

VALÈNCIA. 2021 no pinta muy bien de cara a la celebración de regatas en España. Si ya se han pronunciado tres de los grandes eventos que se celebran en nuestro país, como son las Fallas, la Semana Santa y la Feria de Sevilla en su más que probable cancelación, si nuestro deporte rey, el fútbol, va a seguir con las gradas vacías, y si aún no se han pronunciado los dirigentes del Comité Olímpico Internacional sobre sus intenciones para con los Juegos Olímpicos de Tokio, nuestra náutica tiene un futuro inmediato bastante oscuro.

Me estoy refiriendo a las grandes regatas de nuestro país, que según lo demostrado el año pasado, solo hay cuatro con un nivel tal que les impide celebrarse. La Copa del Rey de Palma, el Trofeo S.M. la Reina de Valencia, la PalmaVela y la Ruta de La Sal fueron suspendidas en su momento con muy buen criterio por parte de sus organizadores, dada la peligrosidad que implicaba su celebración.

Solo las regatas con vitola de club son las que se pudieron celebrar. Barcelona intentó organizar el Trofeo Conde de Godó y, tras un día de regatas, tuvo que envainársela y echar marcha atrás demostrando haber hecho un gran ridículo. No solo intentó montar la regata en el agua, sino que alimentó un villaje en tierra que al final no se pudo utilizar porque los regatistas intuían el peligro que eso conllevaba. Se hizo viajar a equipos de otras partes de España —sobre todo de las clases J80 y J70— para luego suspender, por orden gubernativa, el circo que quería montar el Real Club Náutico de Barcelona. Una paletada sin precedentes.

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Los clubes organizaron regatas muy exclusivas porque de algo tienen que vivir sus socios y convirtieron sus regatas en eventos sociales en el mar. No había otra opción porque hacer viajar a tripulaciones de otras comunidades iba a ser demasiado arriesgado y, además, algunas comunidades contaban con el confinamiento obligado en estos casos. Llegó el verano y el Gobierno de Pedro Sánchez nos mandó a todos de vacaciones esgrimiendo que todo había pasado ya y que fuéramos a descansar que no había peligro. 

Las grandes regatas no cayeron en la trampa mortal que suponía un levantamiento del castigo obligatorio que teníamos. Así, el Trofeo S.M. la Reina, que organiza el Real Club Náutico de Valencia durante el primer fin de semana de julio, se suspendió. No era de recibo montar una regata en El Saler, con sesenta o setenta barcos, que generaran más de mil personas en tierra, que al final es lo más peligroso. La directiva del Náutico de Valencia fue la primera que se mojó y antepuso la seguridad de nuestros regatistas al evento deportivo.

Detrás fue el Real Club Náutico de Palma, organizador de la Copa del Rey, y que entendió muy bien que no podía albergar en las pequeñas instalaciones del club a más de tres mil personas para celebrar una regata que podía dañar su imagen si es que se producían los contangios por la covid-19 que era lógico que se produjeran.

Antes del anuncio de suspensión de estas dos grandes regatas llegaron los de la PalmaVela, una de la pruebas de vela más importantes del Mediterráneo, en la que los grandes equipos internacionales estrenan la temporada y comienzan a probar los materiales. Y la mítica Ruta de La Sal, regata popular que abraza a todo nauta que se precie y que atraviesa el Mediterráneo desde Barcelona y la Comunitat Valenciana con llegada ambas a Ibiza.

El resto de regatas bajaron el escalón y se convirtieron en regatas regionales o de club. Prefirieron celebrar una regata descafeinada a dejar a la flota en los pantalanes. Así, el Trofeo Príncipe de Asturias, tercera regata de crucero de España, se convirtió en una competición entre barcos de las rías gallegas con alguna aportación portuguesa con base en el Monte Real Club de Yates de Bayona. El Real Club Náutico de La Coruña se envalentonó y organizó el Trofeo Infanta Elena aprovechando las fechas de la suspensión del S.M. la Reina con un resultado catastrófico para la organización, que quiso engrandecer su regata aspirando a formar parte del Trofeo Presidente de la Xunta y que más tarde, al renunciar el Real Club Náutico de Sanxenxo a organizar la Regata Juan Carlos I, la propia Xunta de Galicia declinó poner en juego el Trofeo Presidente de la Xunta.

El País Vasco, Cantabria, Asturias, Murcia y Cataluña optaron por la posibilidad de regatas exclusivas de club, sin villaje ni entrega de premios y Andalucía lo intentó, pero no le salió. Al final tuvo que recular, y suspender algunas regatas o celebrarlas muy descafeinadas. La guinda la puso Canarias, que quiso organizar el Trofeo Internacional de la AECIO en Las Palmas y el Gobierno autonómico se lo suspendió a 24 horas del comienzo. Todo un despropósito para los jóvenes regatistas de la clase Optimist, que habían viajado y que se tuvieron que quedar confinados durante diez días pagándose los gastos que generaron.

La tercera ola de la pandemia de covid-19 que está entrando en España llega con furia y pone en jaque a muchos eventos deportivos. La náutica será uno de ellos, sin ninguna duda, sobre todo los más multitudinarios como los salones náuticos y las competiciones de alto nivel. Este año terminará en Les Sables D’Olonne la Vendée Globe, vuelta al mundo en solitario y sin escalas, que ha estado ‘confinada’ en los océanos durante tres meses, pero ya se ha anunciado que el Internacional Palamós Optimist Trophy, una de las regatas de referencia mundial de la vela infantil, se tiene que suspender. El calendario de eventos náuticos está cogido con alfileres porque no se sabe qué es lo que nos puede venir encima.

la Ruta de La Sal ha abierto inscripciones para el mes de abril, pero no creo que la Comunitat Valenciana lo apruebe

Los más optimistas recomiendan confinamientos perimetrales y sin contactos con personas que no convivan juntas. Eso quiere decir que la tercera ola va a ser muy dura y que los grandes eventos peligran. Y llamo grandes eventos a los salones de Dénia, Valencia y Palma y a las grandes regatas de España, PalmaVela, Ruta de La Sal, Trofeo S.M. la Reina y Copa del Rey. ¿Alguna de estas cuatro se va a atrever a organizar el evento? Sería una verdadera locura, pero peores cosas hemos visto.

También vuelve a peligrar la celebración de las 52 Súper Series, que tienen mucho que ver con España, ya que tres de sus cinco eventos se celebran en nuestro país: Bayona (Pontevedra), Puerto Portals (Mallorca) y Mahón (Menorca). Este circuito desplaza unas quinientas personas más el público que se acerca a presenciar las regatas y los clubes donde se celebra este año, exceptuando Puerto Portals, no tienen sitio material como para cumplir unas mínimas medidas de seguridad.

Veo al Real Club Náutico de Valencia muy animado para celebrar su Trofeo S.M. la Reina, al Real Club Náutico de Palma dispuesto a organizar la PalmaVela en mayo, pero con reservas importantes para la Copa del Rey, ya que su patrocinador, Mapfre, no está por la labor de extender la pandemia; la Ruta de La Sal ha abierto inscripciones para el mes de abril, pero no creo que la Comunitat Valenciana lo apruebe, y al equipo olímpico, al que aún le quedan clases por clasificar para Tokio, muy envalentonado realizando entrenamientos con otros equipos extranjeros. En fin, la tercera ola mandará sobre la náutica española… y mundial.  

*Este artículo se publicó originalmente en el número 76 (febrero 2021) de la revista Plaza

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