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HISTORIA láctea

La vida es leche

Por | 09/10/2020 | 5 min, 3 seg

Historia de la leche

Vida, infancia, misterio, tabú, peligro, controversia, literatura. La leche lo es todo.

La vida es leche

Hay un pueblo nómada de África, el fulani, que cree que el mundo surgió de una inmensa gota de leche.

La infancia es leche

Somos porque mamamos. Los tiernos intestinos de bebé están expresamente diseñados para aceptarla, entre su vegetación crece la enzima de la lactosa.
En muchos adultos esa enzima se extingue y lo llamamos intolerancia pero bien podríamos llamarlo ley natural. Y es que somos los únicos mamíferos sobre la Tierra que, una vez destetados, seguimos dándole a la leche. Freud ahora mismo mueve la cabeza, significativamente.  

Lo animal es leche

De todos los fluidos corporales, la leche que mana de los pezones es sin duda el que más fascina, el hecho que más nos conecta con nuestra animalidad, el que ha resistido más estoicamente a la domesticación del instinto.

El universo es leche

Y sí, según la mitología griega, la Vía Láctea se creó cuando la diosa Hera derramó su leche al retirarle de forma brusca el pecho a Heracles, un hijo bastardo que Zeus tuvo con una mortal. Y cada gota se convirtió en un punto de luz, dibujando ese grafiti que vemos cada vez que alzamos la cabeza hacia el cielo nocturno.

El misterio es leche

En un capítulo de Friends, Ross se negaba a probar la leche materna que su ex le había dejado para alimentar a su hijo. No era por aprensión, aunque también, sino por cierta reverencia hacia ella, había un oscuro tabú que le impedía cometer el sacrilegio de llevarse la leche a la boca. Joey sin embargo apretó el biberón como si fuera un bote de kétchup y abrió la boca.

No sucede con la leche de vaca, ni la de cabra, ni la de burro (que curiosamente es que la más se asemeja a la humana). Ninguna destila esa áurea mágica. Pero la humana, ah, la leche humana.

La superstición es leche

Los egipcios del período faraónico hacían ofrendas a los dioses de la leche y del vino. Isis se representaba amamantando, y Osiris, su esposo, era celebrado por derramar cuencos de leche, uno por cada día del año.
No hace tanto, cuando una madre moría o no podía dar de mamar a su hijo, se contrataba a una nodriza. Pero ojo, no a cualquier nodriza. Estaba extendida la loca creencia de que las amas de cría transmitían su carácter a los bebés a través de la leche, por lo que éstas debían demostrar una moral reluciente, una rectitud impecable. Se debatía incluso sobre cuál era el color de cabello adecuado para una nodriza, si mejor rubia o morena (las pobres pelirrojas se evitaban siempre). Por su parte, los romanos ya habían decretado que las nodrizas no debían ser ni locuaces ni temperamentales. A los griegos les bastaba con que fueran griegas y nada más que griegas.

El peligro es leche

La leche fue durante tiempo una amenaza: su consumo causó estragos en el Medio Oeste y las grandes llanuras americanas. La misma madre de Abraham Lincoln murió cuando él tenía nueve años, a causa de la enfermedad de la leche, que se transmitía por las vacas que se habían alimentado de una planta nativa que contenía una sustancia tóxica llamada tremetol.

La leche fue particularmente peligrosa en Manhattan, donde en la década de 1840, casi la mitad de los bebés nacidos en la ciudad murió antes de cumplir los cinco años.

Hasta que llegó de Louis Pasteur, y sus súperpoderes de pasteurización.

La controversia es leche

Cuando éramos niños, los huesos se nos convertirían en gelatina si no bebíamos leche, nos quedaríamos para siempre enanos y horribles monstruos vendrían en la noche a robaros los colmillos.

Ya crecidos, la leche se convirtió en un veneno, en germen para el cáncer, en grasa, en el mal.  

Y de nuevo, en la madurez, cuando los monstruos de la infancia se recuperan, el fantasma de la osteoporosis reaparece con un vasito de leche en la mano.

Por supuesto los estudios científicos, ya sean de Harvard o del Ministerio de Agricultura Español respaldan cualquier de estas opciones contrapuestas.
El hecho es que el consumo de leche en España ha descendido un 15% en los últimos años, y sigue cayendo.

La leche es raza

No fue hasta el siglo XVIII cuando los adultos comenzaron a tomar leche de forma generalizada. Sucedió primero en Europa del norte, donde la población desarrolló la capacidad de procesar la enzima de la lactosa más allá de la infancia.

Sin embargo, aún hoy se estima que sólo entre el 30 y el 40 % de la humanidad puede beber leche sin ningún problema. Si nos fijamos en asiáticos y africanos, la intolerancia a la lactosa está entre el 65 y el 100 %, mientras que en las poblaciones nórdicas apenas alcanza el 5 %.

La leche es trivializada

A cualquier cosa se le llama leche hoy. De arroz, de soja, de avena, de almendras, de lirios triturados, de banderas de paz exprimidas.

Todo lo blanco y líquido se nos ha vuelto leche.

La leche es literatura.

Hay un hermoso libro de Mónica Ojeda que se llama Historia de la leche y que repasa poéticamente el mito de Caín y Abel.

Tiene versos como: “el poema es un cráneo de leche”

o “todas las metáforas son lácteas. Avisos de

desastres en miniaturas”.

y también: “Un poema es profético, como la leche,

pero no puede decir el mañana de los hechos

sino el mañana del ser.

el futuro es el presente de lo que nunca cambia”.

Y así bien podría resumirse la leche.

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