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visita a bangarang

Las librerías suben la persiana: crónica de una apertura en tiempos de desconfinamiento

Son muchas las librerías que, como Bangarang, abren esta semana por primera vez sus puertas, un vuelta a la normalidad con más de un reto

5/05/2020 - 

VALÈNCIA. Aparentemente nada raro pasa cuando, cada mañana, el inocente de Truman se dirige a su puesto de trabajo. Buenos días, buenas tardes, buenas noches. Nada (o casi nada) apunta a un engaño cuyo éxito reside en un mecanismo que se basa en reproducir casi al milímetro la realidad. Pero al final son los pequeños detalles los que le hacen intuir que algo extraño pasa en ese mundo que hasta entonces se antojaba despreocupado. Dios está en los detalles. En estos días son muchos los que, por primera vez en semanas, salen a la calle para descubrir una ciudad que es tan familiar como extraña. También, por primera vez en cerca de dos meses, suben sus persianas las librerías, con apariencia de una normalidad que se incluye en ese paraguas llamado 'nueva' normalidad. Es en los gestos que se intuye el cambio. Pocos minutos antes de las 10 de la mañana de este lunes Estela Sanchis y Jaime Belda abrieron al público las puertas de la librería Bangarang (C/Historiador Diago, 9), dando la vuelta a un cartel que indica el inicio de una nueva fase. Del forzado ‘cerrado’ al esperanzador ‘abierto’. 

Aparentemente nada ha cambiado en el espacio. Los libros siguen en su sitio, estanterías repletas de volúmenes que van de la novela al cómic. También una vitrina con figuritas para los fanáticos de la animación. El tiempo parece que no ha pasado y es que, en realidad, en cierta manera se ha parado. “Da la sensación de que aquí no ha pasado nada”, explica Jaime. Vivimos junto a Sanchis y Belda la apertura de puertas de una librería que podría ser cualquier otra de las que salpican la ciudad de València. Muchas de ellas abren esta semana por primera vez, con tantas ganas como incertidumbre. También con un protocolo común. Porque esta nueva etapa está marcada por los detalles. El primero, un nuevo elemento en un mostrador más despejado de lo habitual: gel hidroalcoholico. El segundo, unos profesionales que mantienen la amabilidad pero esconden su sonrisa tras una mascarilla. 

Esta es la primera imagen con la que se topa el cliente, la de un espacio en el que todo es similar a lo conocido pero en el que todavía quedan algunas preguntas por responder. "Sabemos muy poco de momento. Nos van informando a través del Gremi de Llibrers. Evidentemente contamos con mascarilla, gel desinfectante... no sabemos todavía si es obligatorio poner mampara [...] A nosotros, que acabamos de llegar, nos viene muy bien que nos escriban, por ejemplo, de Bartleby. Desde el primer momento ha habido mucha colaboración entre librerías para organizar la apertura”, explica Estela. Fue la semana pasada cuando se desveló el plan de desconfinamiento del gobierno, que planteaba la apertura de librerías en la fase cero, primeros espacios culturales -junto a los archivos- en volver a ponerse en marcha. Sin embargo, entre el qué y el cómo -BOE mediante- han pasado varias jornadas de dudas y preparativos para una apertura con ciertas restricciones. 

“Ante la confusión hemos decidido tirar adelante e ir limpiando todo durante estos días. En el mostrador ya no hay nada, el escaparate es más aséptico…”, indica Estela. “Entre cliente y cliente se limpiará la zona para asegurarnos de que no corremos ningún riesgo”, añade Jaime. A lo largo de esta semana la librería estará abierta de 10 a 14 horas -aunque atienden fuera de este horario a clientes que así lo indiquen previamente-, una norma que también va de la mano de la limitación del aforo, pues atenderán a un cliente por turno, que debe haber pedido cita previamente. Una vez dentro de la librería, toca poner fin a uno de los gestos más habituales entre estanterías: se acabó eso de manosear los ejemplares. De oler las páginas a estrenar ni hablamos. Son los libreros los que se encargarán de coger de la estantería el libro seleccionado y, además, se insta a los compradores a pagar preferiblemente con tarjeta. 

Foto: ESTRELLA JOVER.

Otro de los puntos clave de la joven librería es el futuro de su espacio dedicado a actividades, un lugar que en los últimos meses ha dado vida al barrio a través de encuentros como Quiosco, talleres de risografía o el evento de improvisación entre poetas e ilustradores Spoken Draw. Sin embargo, el futuro de este segundo pilar está, por el momento, aparcado. “Podríamos intentar hacer un taller con aforo limitado, pero creemos que no es responsable activar esta parte de la librería”, explican los libreros, que confiesan que han tenido que cancelar gran parte de la programación en la que ya estaban trabajando de cara a los próximos meses. Pese a todo, no pierden el humor y la nueva realidad se hace hueco entre las repisas con una sección dedicada especialmente al hecho de caminar, con títulos como El camino, de Miguel Delibes; En los senderos, de Robert Moor; o Wanderlust. Una historia del caminar, de Rebecca Solnit. Los runners también son bienvenidos. 

Para Bangarang, que nació el pasado mes de noviembre, este era además un año especial, pues entre los distintos proyectos en los que trabajaban también tenían marcado en el calendario su primera Fira del Llibre, que ahora debería estar llenando Viveros de lectores y que, sin embargo, ha tenido que dejar su 55ª edición para el próximo mes de octubre, un batacazo para las distintos profesionales del sector que han visto como el encierro acababa con ferias del libro de toda España y con el propio Día del Libro, las principales jornadas del año por lo que respecta a facturación. “Íbamos con dos casetas a la feria del libros, acompañados de una distribuidora que había hecho una apuesta grande por nosotros. Sabíamos que era una buena oportunidad para posicionarnos, para que la gente nos conozca. Hasta ahora, y encantados, somos librería de barrio, pero para ampliar público era clave el salón del cómic, al que fuimos, y la feria”, relatan. 

Con esta fotografía del presente, desvelan, han sobrevivido estas semanas gracias a no haber tenido que pagar el alquiler del local -“ha sido la diferencia entre tener que cerrar o no”, destaca Estela- y por eso, si tuvieran que hacer una petición, es que las ayudas planteadas, como la compra de libros anunciada por la conselleria de Cultura, se pongan en marcha lo antes posible. “Ahora estamos en una situación económica muy inestable. Tenemos que pedir novedades, aunque no vamos a vender todo lo que vamos a pedir… Nos veremos dentro de uno o dos meses con un escalón que hay que soportar y vendría bien que la ayuda de la conselleria fuera ahora para, precisamente, salvar este periodo que será, creo, el más complicado”, recalca Jaime. Por lo pronto, "además de amigos y  familiares", cuentan con un listado de visitas en cola que augura una semana de ventas y reencuentros con lectores. Hagan hueco en su estantería, que han abierto las librerías.

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