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el cudolet / OPINIÓN

Las otras Fallas

23/01/2021 - 

Hace unos días el Cabildo valenciano anunciaba la cancelación de la semana fallera para el mes de marzo, un mazazo en toda regla para los abonados y simpatizantes de la fiesta por excelencia de la sátira. Las Fallas se posponen hasta no se sabe cuándo. Algo que a priori se veía venir. La cadena de mando lo sabía, salvada la Navidad, València contagiada. Las Fallas del año veinte eran especiales para mi familia. Por aquel entonces vivía mi madre, el València jugaba en Europa y mi sobrina Raquel, nerviosa, esperaba la llamada del alcalde para saber si era la elegida para reinar un largo período en el universo fallero como hace mi club, el de Mestalla, que sigue ostentando el título de Campeón de Copa. El resultado no fue así, pero Raquel entró en el Olimpo de esas mujeres que representan con mucho pundonor a los valencianos por el mundo, siguiendo la carrera de Amparo, su madre, y de Pepa, su tía. 

Raquel Nebot Oliver pertenece a la Corte de Honor de la extensa y alargada temporada fallera en el calendario 2020-2021. Para mí sobrina y sus compañeras de reinado debe ser una auténtica pesadilla la no celebración de la celebración, un suplicio, un martirio, y para sus abuelos Manolo y Amparo también. Los iaios viven la fiesta como nadie. De hecho, lo está siendo, la Covid-19 ha ensombrecido sus días de gloria, lo que hagas en la vida tendrá eco en la eternidad. Viviendo en València es difícil no encontrar en tu amplia red social a alguien que no esté afectado por la situación. Ahora debemos esperar a que la pandemia cese y la vacuna sane la sociabilización de la humanidad para poder volver a abrazarnos. Sé por el momento crucial que está pasando el colectivo fallero. No es bueno. Las Fallas, además de ser una fiesta, es una industria muy potente. Una fábrica de artistas, indumentaristas, cinceladores, pirotécnicos y un largo etc. que con sus trabajos ejercen de altavoz de València, ciudad eterna de la fiesta. 

Foto: EFE/Ana Escobar

Mi viejo en esto de las costumbres y tradiciones locales era un purista, un cabezón, aunque siempre le escuchaba no sabría decirles que opinaría hoy sobre el trasladado de las Fallas a otras calendas en el almanaque, pese a contar con una nieta en el estrado. Yo no soy muy partidario de reubicar la fiesta en el buen tiempo, creo que pierde la esencia purificadora y el olor a la entrada de la primavera. Por poner un ejemplo con la Navidad, salvada, a sabiendas, se ha celebrado en el calendario cayendo la de Dios. Pero son los abonados a ella los que deben decidir la reubicación de sus fechas. Lo que decidan bien hecho estará. El resto somos paracaidistas, meros espectadores. En la historia reciente de la fiesta fallera existen precedentes. La excusa utilizada por el Arzobispo de València, Marcelino Olaechea, tras la riada del 57' para evitar que coincidieran las Fallas con el período de Cuaresma, algo que al clero no le gustaba en particular. O el debate generado por el sector de la hostelería cuándo coincidía en lunes el día de San José. 

Ninguno de los dos frentes abiertos pudo cambiar la semana fallera, hecho que ha motivado que los valencianos seamos merecedores de que Las Fallas hayan sido declaradas por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Por ello, sin alentar fariseísmos o perpetrarnos en la rasa hipocresía, el contenido central de las Fallas podría haberse elevado a Marzo y el resto de la farándula a otras fechas. ¿No lo hicimos con la Navidad? ¿No nos bañamos en las playas durante el verano? ¡Hasta Raphael tuvo su concierto!... En fin, esperaremos el resultado de la evolución de la pandemia para saber si las Fallas volverán a plantarse muy pronto. Raquel, va por ti y por tus compañeras de reinado! ¡Os lo merecéis! ¡Salvemos la industria fallera! 

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