Belén Segarra: "El yoga es para todo el mundo menos para quien no tiene ganas de ver a sus demonios"

Entrevista

Libros y cómic

La ilustradora valenciana explora en su primer libro la depresión y la luz que ha encontrado en el yoga

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VALÈNCIA. "Cuando llega septiembre siempre me propongo cosas nuevas. Es una especie de trampa”. Esta frase la desliza Belén Segarra en Mi libro de yoga (Editorial Lumen) y no podía venir más al pelo. Llega septiembre, el año nuevo de los adultos, y Segarra lo encara con su primer libro, un trabajo profundamente íntimo que parte de un ataque de pánico para contar cómo el yoga acaba convirtiéndose en un inesperado cambio de vida. 

La ilustradora valenciana, que ha trabajado para numerosas marcas, eventos y publicaciones como la revista Vogue, Swatch o el Mad Cool Festival, se enfrenta ahora a un proyecto bien distinto. La cosa pide calma. Es absolutamente necesaria para abordar un trabajo que es de largo plazo, pausado e introspectivo. Íntimo y revelador, como no podía ser de otra manera.

Su debut en el mundo editorial viene en forma de bellas ilustraciones que acompañan su proceso de aprendizaje sobre el yoga, ahora parte indispensable de su día a día, pero también se dan la mano con una texto que abre todo un mundo, el de un proceso en el que, precisamente, poner palabras a lo que le sucedía ha sido clave, siendo una de ellas depresión. 

A medio camino entre la novela gráfica, el diario íntimo y la guía ilustrada, en Mi libro de yoga Segarra relata algunos de los momentos más complicados que ha vivido en los últimos años desde lo cotidiano, también con dosis de humor y siempre acompañada por su amigo Sergio o sus compañeras de clase, un relato que encuentra la paz desde la esterilla. 

 - Con Mi libro de yoga te estrenas en el mundo editorial, ¿por qué era esta historia y no otra? 

 - Mi gran pasión siempre ha sido la ilustración, el arte, la creatividad, y pensaba que no me iba a suceder con nada más, pero de repente aparece el yoga en mi vida y me apasiona al mismo nivel que me apasiona el arte. Esto me remueve un poco. De repente tengo dos cosas que son fascinantes para mí y creo que tengo la posibilidad de poder contar una historia que es cómo he llegado yo al yoga usando todas esas herramientas. No solo surge de la necesidad de contar mi experiencia, sino de que tengo la manera de hacerlo.

- En un momento del libro dices: “Soy incapaz de mostrarme vulnerable, así que no puedo evitar apartar la mirada”, ¿cómo convive ese sentimiento con escribir un libro en el que expones tus vivencias?

- Es complicado. Al principio tengo muy claro que quiero contar la historia tal cual ha sido, hablar de depresión, siendo ahí cuando empieza mi historia con el yoga. Tengo muy claro que quiero visibilizarlo. Parece que está muy de moda el tema de salud mental, hablar de ansiedad o de que vamos a la psicóloga, pero sigue estando un poco estigmatizado el tema de depresión, ir a un psiquiatra. Por eso quería nombrarlo.

Es cierto que conforme veo que el libro va a suceder empiezo a sentirme muy vulnerable, porque es algo que solo sabía mi entorno más cercano, pero ahora me siento en paz. Al final no he hecho más que contar mi experiencia. Estamos en un mundo en el que va todo a una velocidad increíble, con mucha tensión. Quizá a través de esta historia, de mi verdad, mucha gente se pueda ver reflejada. Ha sido todo un proceso, pero ahora estoy muy tranquila con lo que he hecho. 

- Ese camino también es el de poner nombre a cosas que no conoces. Tú misma hablas de ese desconocimiento inicial, también hablas de la "vergüenza"...

- Al principio no encuentras la palabras por eso mismo, porque es algo muy fuerte. Es lo más atroz que me ha pasado, es una sensación muy fuerte. Tú te consideras una persona "normal", que lo tiene todo, privilegiada, con muchas posibilidades… pero empiezas a sentir que todo te desborda. Enfrentarte a eso da un poco de vergüenza también, es como si no tuvieras derecho a sentirlo. En mi caso, por ejemplo, me agobia mucho cuando me siento abrumada por las emociones tristes. Pienso: no puedo sentir esto, tengo que solucionarlo ya. Pero lo cierto es que está ahí, que sucede y hasta que no lo miras de frente, lo aceptas y lo asumes no vas a poder solucionarlo.

- Es un libro escrito en primera persona del singular pero también entran otras voces, como las conversaciones con tu madre o tu amigo Sergio, que de alguna manera reflejan cómo se convive desde fuera con la enfermedad.

- Son dos figuras importantes porque al final es la red de apoyo que yo he tenido. No todo el mundo la tiene, soy muy afortunada en ese aspecto. Mis padres creo que nunca me han llegado a comprender del todo, hay que pensar que han lidiado con ser artista, con esa tristeza que no entendían, después con el yoga. Pensarían: "¿Va a entrar en una secta?” [ríe] Pero siempre están ahí, para llevarme de la mano, aunque haya cosas que no entiendan. El personaje de Sergio simboliza a muchos amigos, aunque también existe Sergio, con quien tengo una relación muy especial. Tener una red de apoyo que te va a sostener cuando estás mal, que va a intentar hacer lo posible para cuidarte, es imprescindible.

- A través de ellos me pregunto, ¿qué mensaje darías a esos familiares o amigos que en un primer momento no comprenden lo que está sucediendo? 

- La mejor forma de enfrentarse a esto es con mucho respeto a la persona, a los espacios que necesita, a cuándo quiere comunicar o no. Muchas veces con la intención de ayudar agobiamos. También caemos en las frases hechas: ¿estás mal? pues no estés mal; ¿estás mal?, sal a correr. Pero no, no puedo. Hay algo que me ha arrasado completamente y no tengo fuerza para salir a hacer deporte o a tomar algo con mis amigos. Creo que la clave es respetar y acompañar desde lo que la otra persona necesita. Sencillamente estar. A final lo que más reconforta es saber que no estás solo cuando estás en un momento delicado, saber que tienes a alguien en quien apoyar un poquito la cabeza, que te mime. 

- Te conocemos como ilustradora pero el yoga ha pasado a ser un pilar fundamental, ¿qué ha supuesto? 

- En el libro digo que es magia y antídoto. Al final el yoga me salva porque te enseña a escucharte, es un espejo. El yoga es para todo el mundo menos para quien no tiene ganas de ver a sus demonios. Si estás dispuesto a eso, puedes aprender muchísimo. Te hace reencontrarte contigo, valorar tu cuerpo y el hecho de que estamos aquí. Vivimos en piloto automático y al final te hace volver a tomar conciencia y contacto contigo mismo. Es esencial, sobre todo en este mundo en el que vivimos en el que vamos a una velocidad cada vez más insostenible.

 - En este proceso, ¿ha cambiado tu relación con la propia práctica artística?

 - Ha cambiado un poco. De hecho, al principio me daba mucho miedo el proceso de empezar a dibujar porque, a diferencia de mi trabajo en campañas u otros encargos, nunca había hecho un proyecto tan largo en el tiempo. Además, en las campañas convive tu estilo con tener que agradar al cliente. A diferencia de lo que pensaba, siento que la ilustración en este libro ha ido muy fluida, fue un proceso muy emocionante. También en esto me ha ayudado el yoga porque me ha enseñado a tener calma. También cuando algo no está funcionando: se va fuera y no pasa nada. En este sentido sí que ha cambiado mi relación con el dibujo.

Desde el punto de vista del estilo, siento que hay una evolución muy natural. Ahora uso mucho los colores oscuros, sin dejar de ser vibrante, quizá porque he aceptado esa oscuridad, he asumido que no hay que tenerle miedo. 

- Entiendo Mi libro de yoga como un punto de inflexión en tu trayectoria artística, ¿seguirás explorando la ilustración y la palabra? 

-Me gustaría que así fuera, unir ilustración y palabra pero también ilustración y yoga. Aquí he encontrado la manera de unirlas al mismo nivel y me gustaría seguir explorándolo. El yoga al final te obliga a verte y en la ilustración pasa lo mismo, puede ser muy creativo, vincularlo a talleres artísticos... está mucho más relacionado de lo que a priori puede parecer.

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