Libros y cómic

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El libro ilustrado que nos enseña cómo habitar internet sin adicción ni toxicidad

La periodista y activista Marta G. Franco y el ilustrador Luis Demano son los autores de Internet. Por unas vidas digitales más sanas (Litera, 2025), libro donde comparten ideas y herramientas para conducirnos por la red de forma respetuosa con los demás usuarios y con el medio ambiente

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VALÈNCIA. “Imagínate una ciudad que son todo centros comerciales. No hay calles, ni plazas, ni bibliotecas públicas, apenas hay centros vecinales, clubes deportivos ni sedes de asociaciones donde poder reunirte. Para encontrarte con tus amistades, asistir a eventos culturales, estudiar o trabajar, tienes que ir a alguno de esos centros comerciales. La mayoría pertenece a un pequeño grupo de empresas gigantes. Puede que sean sitios divertidos o prácticos, pero cada vez plantean más problemas porque no se rigen por normas claras, te cambian los precios cuando les da la gana y tratan mal a sus trabajadores. No tienes que imaginar mucho: ese es el escenario de nuestras vidas digitales”. 

Con esta metáfora tan comprensible, la periodista y activista Marta G. Franco nos pone ante el espejo de una internet que se aleja cada vez más de sus principios fundacionales: ser global, descentralizada, plural y de uso libre. En el siglo XXI, sin embargo, parece que internet ya no es nuestra del todo. Un tecnofeudalismo regido por un pequeñísimo grupo de magnates se ha adueñado de nuestras vidas digitales; se enriquecen con la venta de nuestros datos privados y manipulan nuestra mente mediante sofisticados métodos de seducción que generan adicción. Día tras día, la mayoría de las personas usuarias de internet aceptamos a ciegas términos de uso y hacemos girar la rueda del scroll infinito con el sentimiento interno de que nos estamos metiendo cada vez más en la boca del lobo, pero que tampoco tenemos otra opción.

Es fácil caer en el derrotismo cuando no conoces las alternativas, pero existen. Así lo asegura Marta G. Franco, autora junto al ilustrador alicantino Luis Demano del libro Internet. Por unas vidas digitales más sanas (Litera, 2025). “Está claro que en el mundo digital hay empresas con muchísimo poder, pero tenemos capacidad para habitar espacios de internet que son más justos. Internet no son solo dos o tres plataformas; hay muchos espacios de experimentación que podemos explorar”.

El principal objetivo de este álbum ilustrado a todo color es el de explicar cuáles son las mimbres del mundo digital contemporáneo para que podamos protegernos mejor de sus riesgos pero también -y esta es la parte más bonita del libro- para ayudarnos a tomar conciencia de las acciones que podemos adoptar a nivel individual y colectivo para luchar por una internet más democrática, justa y alineada con nuestras necesidades reales.

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Luis Demano, que en los últimos años compagina su trabajo como ilustrador con la lucha activista para conseguir una regulación ética de la IA generativa, nos explica cómo surgió este nuevo proyecto editorial. “Durante la investigación para mi libro en proceso sobre el impacto de la IA generativa en el sector cultural, uno de los libros que acabó en mis manos fue Las redes son nuestras. Una historia popular de internet y un mapa para volver a habitarla, de Marta G. Franco. Me pareció magistral por su habilidad para sintetizar y abordar con sencillez una problemática tan compleja. Así que, como mi editor (Juan) y yo siempre hemos tenido como tema recurrente la influencia de internet sobre la infancia y la adolescencia, el libro de Marta nos pareció un estupendo punto de partida para hacer este libro, un álbum ilustrado dirigido a esas edades tempranas más vulnerables al diseño del internet actual”.

Refugios digitales, desde Wikipedia a Mastodon

Escrito de forma sintética y accesible, aunque con mucha información útil, el libro está dirigido tanto a público joven como a cualquier persona que carezca de conocimientos en tecnología. A lo largo de distintos capítulos, el libro repasa los inicios de internet y recorre las problemáticas relacionadas con la gobernabilidad (¿quién manda?), con la privacidad (¿qué ocurre con nuestros datos?), con el medio ambiente (¿cuál es el coste real de todos esos centros de datos que llamamos “la nube”?) y con la propiedad de las ideas. Pero sobre todo nos ayuda a mirar más allá. Nos pone sobre la pista de alternativas éticas a las redes sociales comerciales como Mastodon, desarrollada por una entidad europea sin ánimo de lucro y que cuenta en la actualidad con ocho millones de cuentas aproximadamente.

“Es cierto que muchas de estas iniciativas son todavía minoritarias y los que empiezan a usarla son personas muy especializadas o con mucho interés en el software libre. Mastodon también atrae mucho a la comunidad LGTBI y a personas comprometidas con la justicia social porque esta app fue diseñada con muchas funcionalidades de seguridad para poder proteger a los usuarios y para que no reciban contenido de odio -apunta G. Franco-. En todo caso, hay otros proyectos de inteligencia colectiva que todos conocemos y usamos ya habitualmente, como Wikipedia, que es un ejemplo de cómo millones de personas pueden organizarse a través de internet y hacer cosas valiosas en común”. 

Las redes sociales han perdido su papel de plaza pública o espacio para la conversación horizontal entre usuarios. La publicidad y los contenidos patrocinados copan la mayor parte del espacio y los usuarios comunes y corrientes tienen muy pocas posibilidades de viralizar sus contenidos de forma orgánica, como ocurría en los primeros años de Twitter, por ejemplo. A pesar de ello, las redes sociales son a día de hoy la principal vía de comunicación e información para las generaciones más jóvenes. “Se utiliza incluso para enviar mensajes privados y decir hola a un amigo, cuando lo más sencillo es utilizar el correo electrónico: no necesitamos abrir Instagram, donde nos encontraremos publicidad y sin darnos cuenta nos desviarán de nuestro objetivo”. 

“El algoritmo no está hecho para que hagamos mejor lo que queremos hacer, sino para que nuestro comportamiento en la plataforma sea lo más rentable y monetizable posible.  -sostiene la autora-. No te recomienda la música o los contenidos que más te gustan, sino los que captan tu atención; por ejemplo, cosas que nos enervan y nos ponen nerviosos. Lo peor de todo en mi opinión es que se produce una pérdida de agencia por nuestra parte: dejamos de decidir qué es lo que queremos y nos dejamos alimentar por algoritmos que no controlamos”.

Redes sociales: menos prohibición, más regulación

Recientemente el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció que España prohibirá próximamente el acceso a plataformas digitales a menores de 16 años. Marta G. Franco considera que esta es una medida de “gran resonancia mediática” que entraña un doble riesgo: acabar con la privacidad de toda la ciudadanía y excluir a parte de la juventud de la sociedad. 

Argumenta, entre otras cosas, que no existe un consenso científico sobre la relación causal inequívoca entre las redes sociales y el empeoramiento de la salud mental de los adolescentes. ¿Y si también es la ansiedad preexistente la que lleva a los jóvenes a volcarse en las redes?

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“Está claro que hay adolescentes a los que las redes sociales causan problemas de salud mental, y hay estudios que vinculan problemas de percepción corporal con lo que se ve en Instagram, pero es que si enciendes la tele o te asomas a cualquier publicidad en la calle te enfrentas al mismo canon estético normativo que provoca problemas de autoestima. Lo que yo creo es que no hay que olvidar que hay gente que encuentra comunidad y referentes positivos en las redes sociales. Por ejemplo, jóvenes LGTBI o personas neurodivergentes. La prohibición supondría renunciar a regular para conseguir que las redes sociales comerciales sean menos salvajes y nocivas, y al mismo tiempo estaremos excluyendo a los jóvenes de una parte importante de la sociedad”. 

Por otra parte, esta medida abre una nueva problemática. Los nuevos controles de acceso necesitarán la creación de un sistema digital de autenticación, lo que en la práctica significa que nuestros perfiles sociales, con su historial de mensajes e interacciones, quedarán ligados a nuestra identidad personal y legal. “En un futuro esas bases de datos podrían usarse para el control y la discriminación gubernamental contra los ciudadanos”. G. Franco considera, en suma, que deberíamos aspirar a que la Comisión Europea legisle de manera más efectiva y decidida, enfocando bien el problema. 

“La IA generativa está atrapada en una gran contradicción”

Una de las muchas cuestiones que se abordan en el libro es la que tiene que ver con la inteligencia artificial, un “invento” que no es tan nuevo y que se nos ha vendido con una épica exagerada, según Marta G. Franco. “La industria tecnológica comunica todo desde la hipérbole, y eso tiene que ver con su modo de obtener financiación; necesitan que haya muchos inversores metiendo mucho dinero y que todo parezca un supernegocio. El hype de la IA es el ejemplo más claro de esto. Pero la realidad es que el mundo no cambia de un día para otro, como nos hacen pensar. No debemos dejarnos llevar por la inercia de la propaganda publicitaria. No hay que utilizar cada nueva app o juguete tecnológico que nos dicen que es el futuro. Lo importante es plantearse para qué quiero internet, qué necesito, a qué herramientas concretas puedo sacarle provecho”.

¿Y el riesgo potencial de que la IA reemplace nuestros empleos, incluso los más creativos? Preguntamos por ello a Luis Demano, que hace unos meses recibió una beca de investigación del Ministerio de Cultura para escribir un libro sobre las consecuencias del uso indiscriminado de esta tecnología. “El principal problema de la integración de la IA generativa en nuestros hábitos de vida es que alimenta el pensamiento cortoplacista, creando una falsa ilusión de utilidad, priorizando la velocidad en la resolución de tareas por encima incluso de la calidad de los resultados o los procesos de aprendizaje reflexivo, que requieren de un tiempo más pausado. Por lo tanto, es muy difícil hacer pedagogía sobre el uso de una tecnología diseñada por las mismas empresas que han acelerado nuestras vidas hasta la extenuación, y que ahora nos venden la IA generativa como antídoto contra la velocidad del sistema capitalista”, expone Demano. 

“En lo que respecta a la sustitución de los empleos más creativos -continúa-, la industria de la IA generativa está atrapada en una gran contradicción: necesitan para entrenar a sus modelos de IA las habilidades y el conocimiento profundo de aquellas personas a las que buscan sustituir en el mercado laboral. Por eso mismo, poniendo como ejemplo el ámbito de la creación visual, no les sirven para alimentar sus bases de datos las obras de dominio público (libres de derechos de autoría), necesitan también las obras de los y las artistas actuales (protegidas por derechos de autor), porque son las que conectan con la sensibilidad de la época actual. Por eso la IA vampiriza masivamente el estilo de Studio Ghibli de Miyazaki y no grabados barrocos del siglo XVIII, porque necesita contemporizar para poder rentabilizar su tecnología. Así que la mayor utilidad de este libro, espero, será el debate que pueda generar, como estamos haciendo tú y yo ahora en esta entrevista”.   

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Cuatro medidas esenciales para que tu vida digital sea más sana

Despedimos este artículo con cuatro buenos consejos de Marta G. Franco para empezar a llevar una vida digital más sana y consciente.

“En primer lugar, yo dedicaría un día entero a mirar bien mi teléfono: qué apps tengo y cómo las tengo configuradas. Pregúntate cuáles necesitas realmente y si están cumpliendo tus expectativas o te lleva a hacer cosas que no quieres hacer”. En segundo lugar, “intenta cambiar al menos una de esas apps por una opción más ética. Por ejemplo, cambiar de Gmail a otro proveedor de mail; o tu navegador de Google por Ecosia. Es decir, hacer una migración a un espacio más alternativo, y a partir de ahí ir avanzando poco a poco”.

En tercer lugar, sería interesante limitar el tiempo de uso de pantallas. “Hay muchas apps que ayudan a hacerlo, pero según mi experiencia lo que mejor funciona es la distancia física con el teléfono. Por ejemplo, determinar algunas habitaciones de tu casa donde no entra el teléfono, como el dormitorio”.

El cuarto consejo está enfocado a protegernos de las noticias falsas y los contenidos informativos tóxicos. “Haz una lista de los periodistas, medios o creadores de contenido que te parece que hacen bien su trabajo y son de confianza. Así, cuando quieras informarte sobre algo que esté ocurriendo en el mundo, en lugar de abrir una app puedes ir a buscar esas webs o perfiles directamente”.

Por último, sé responsable con lo que publicas; no seas impulsivo. “Aconsejo no interactuar nunca con contenido tóxico, ni siquiera para enviar un mensaje en contra: usa el botón de reportar contenido inapropiado”.

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