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‘Estudi de les humitats’, memoria poética de un territorio líquido

El poemario premiado de Víctor Benavides recorre los surcos de la memoria familiar y las grietas de una ciudad de ruinas brillantes

  • Víctor Benavides
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VALÈNCIA. La casa de la bisabuela ahora es un airbnb, igual que antes, hace años, se convirtió en un montón de escombros cuando el furor de la demolición se apoderó de los dirigentes políticos de entonces. Hubo, eso sí, resistencia al olvido. No se le puso fácil a los agentes de la destrucción. Pese a ello, casas como aquella junto a un teatro y en la que se gestaron tantos recuerdos durante varias generaciones acabaron siendo nada, un solar, una cicatriz en la piel de un barrio y acaso una nota en el plano de la reorganización urbanística. En aquel tiempo la degradación de las calles populares venía de la mano de la droga, la marginalidad y la delincuencia. 

Ahora sigue interviniendo la delincuencia, pero de otro tipo: el virus que borra a las personas y sus historias en esta ocasión ha adquirido el aspecto de plataforma y fondo buitre, de forastero y de vecino colaboracionista, de neolengua que habla de expats —probablemente el término más perverso y vergonzoso de todos aquellos que ahora se propagan—, nómadas digitales, cortas estancias, temporary living, global citizen, remote workers, monetización del espacio, home sharing, uso mixto residencial-turístico o ciudades flexibles. Los pisos turísticos hacen metástasis y colonizan el territorio, matando poco a poco la vida con su vida anómala, más efímera y de paso si cabe, y de ahí tratan de insertarse en nuestra memoria, donde las emociones compiten por un espacio mutante que se transforma cada vez que accedemos a ella. Las casas donde fuimos en liza con las malas noticias, la familia de la infancia con los especuladores, las golondrinas estivales con los intereses rapaces, las ausencias con las oportunidades de negocio.

  • Estudi de les humitats, Cap de Brot Edicions -

Y luego está la cuestión del agua en una Tierra que es tres cuartas partes este elemento en estado líquido, cada vez menos en estado sólido, y en proporción diferente pero igual abundante en la atmósfera, ese estrato de nuestro hogar que tendemos a olvidar que existe, o al menos, con el que no contamos, como si no lo habitásemos o como si no tuviese un efecto en nosotros. Víctor Benavides sí es plenamente consciente de la presencia de lo acuático a nuestro alrededor, así como del fluir de la memoria, elemento también, sino líquido, sí vaporoso, o acaso, de un modo más preciso, plasmático. 

En su poemario premiado en el XXIII Premi Vicent Andrés Estellés de Poesia de Burjassot Estudi de les humitats, publicado por Cap de Brot Edicions, enlaza el agua y sus efectos en las estructuras de los hogares a pie de superficie con la memoria, y todo esto a su vez con la disolución de las poblaciones por la corrosión turistífica. La asociación es sencillamente sensacional en su planteamiento y en su ejecución poética, en un libro además editado con enorme gusto que complementa lo textual con imágenes, y con un epílogo de Isabel Robles y Jaume Pérez-Montaner de alta calidad y bienhallada sintonía. La imagen del airbnb con que abre este artículo procede del poemario, que compagina sentencias/ideas demoledoras con lo que entenderíamos como propiamente el poema, pese a que ambas cosas en realidad lo son. A este poemario llegó uno mismo de un modo líquido y resistente en lo urbano, también artístico, como fue la reciente inauguración de la exposición pictórica Ambivalència, de Alexandre García Saurí, en Lalenta.

Así hila lo líquido Benavides: Les avies —deesses mare— s’arrauliren en els nínxols amb «perdona si moleste» / en el gest d’univers en equilibri sobre una agulla. / «Porta’m a morir al poble», com a fil de veus perdudes, murmuris de comiat i últims enfonsaments. / Les roques de les cases que van construir recitaren / un monòleg de molsa. / Repetiren: / «No deixes que l’aigua toque el mur de tàpia». O: Pareix lògic que una de les maneres d’evitar les humitats a les construccions / és evitar l’ús d’aigua. / Però tots els morters es pasten amb aigua; les pedres contenen aigua de la pedrera; graves i sorres necessiten netejaments previs; / tota obra cuita ha de col·locar-se mullada i els formigonatges necessiten regs durant el seu enduriment. / Resulta inevitable que l’edifici quede rellent. E incluso: La major part de l’edifici / —tota la que s’eleva— / està en contacte íntim amb l’atmosfera. Aquesta conté una quantitat variable d’humitat en forma de vapor d’aigua. Es comunica amb els murs / exteriors i la coberta de l’edifici / —la melangia s’apega—, / tractant d’establir constantment un equilibri / higromètric. 

En una época en la que hay quien dice escribir poesía por componer lo que no dejan de ser estados de perfil de red social ingeniosos en el mejor de los casos, y cuya calidad se mide en función de su capital social de seguidores y likes, es una satisfacción inmensa dar con un poemario tan extraordinario en todos los sentidos, tan inteligente, tan original, tan bien escrito, y con tanta honestidad, pese o gracias a las fisuras, humedades, erosiones y hendiduras provocadas por el agua y por la mente de Benavides. Y por descontado es pura autenticidad y oficio poético ser capaz de combinar evocaciones de la memoria y la familia con la crítica a una fenómeno que, en medio de un mundo que nos agrede de tantas maneras, en el que el fascismo vuelve a ser una realidad en su vertiente actualizada en el S. XXI, el clima provoca catástrofes terribles como tan bien sabemos por estas latitudes, y en el que tantos problemas y tan diversos hacen mella en nuestras esperanzas a diario, ocupa un papel predominante por su peso a la hora de construir una vida como es el de la vivienda. La poesía no nos salvará, pero sí nos hará, por lo menos, sentir y pensar la belleza en este hoy torrencial

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