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PUBLICA 'ANIMAL PRINT'

Irene Cuevas: "Ya casi no encuentro la ternura en lo humano, prefiero la rabia animal"

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VALÈNCIA. Hace unos seis años, justo tras la pandemia y en el momento en el que mentalmente nos empezábamos a recuperar -al menos un poco- la escritora Irene Cuevas imaginó un relato en el que una chica vestida con un pijama de leopardo era atropellada por un coche porque la confundían con un animal. Crudo, doloroso y a la vez divertido. Dándole otra vuelta, y en pos de la literatura, Cuevas decidió salvarle la vida a esta chica con un pijama estrambótico para imaginar hacia dónde se dirigía, cómo era en la intimidad y el porqué de la elección de su pijama animal. 

De esta hazaña, la de su salvación, salen las primeras páginas de Animal print (Reservoir Books), una suerte de “fábula moderna” tal y como la define su autora, que habla sobre el amor, la disidencia, el miedo y la rabia animal a través de una serie de relatos queer conectados entre sí. La autora, que este semana presentó el libro en la librería valenciana Bangarang, desvela algunas de las claves tras este cuento moderno en el que el libro se convierte en un zoológico plagado de emociones. Entre el gruñido y la escritura, Cuevas encuentra el lugar en el que cederse a la ternura entre las páginas de un trabajo tan animal como poético. 

 

-¿Cómo te inspira el mundo animal a la hora de crear Animal print?

 

-Es el germen de la idea. El libro nace hace seis años con el primer cuento, Cute agression -que es el segundo en el libro- aunque la Irene de ahora es más cruel que la poeta que escribía en ese momento. Fue un disparador de esta novela leer Modelos animales de Aixa de la Cruz, que habla en parte de la violencia en el mundo. Recapacitando sobre mis amigos creadores, creo que todos acabamos hablando de lo animal de alguna manera, como pasa con Pelea de gallos de María Fernanda Ampuero, con Olor a hormiga de Júlia Peiró y con Leche cruda de Ángelo Nestore

 

Hay una tendencia de volver a lo animal porque ha habido una crisis de la humanidad. Volver a nuestros orígenes es encontrarnos con la ternura y con lo salvaje, aunque yo ahora mismo ya casi no encuentro la ternura en lo humano, prefiero la rabia animal. Mis personajes van metamorfoseando y tomando su camino entre la ternura y la rabia.

 

-Este libro puede leerse como una fábula con protagonistas animales o como un relato continuado, ¿en que género lo clasificarías?

 

-Me interesaba trabajar con un formato más híbrido, aunque si tuviera que decir un género, tiraría más hacia los relatos, aunque también se genera una novela coral. Hay un personaje por el que pasan todas las historias, aunque se entremezclan todo tipo de conversaciones. Más que un libro es un concepto, te diría hasta que un zoológico.

 

-Es un libro en el que la música tiene también una gran presencia, llegando a generar hasta una playlist propia, ¿podríamos decir también que es un libro-disco?

 

-Creo que sí. Yo concebí Animal print como un disco en el que hay siete canciones. En este caso hay siete relatos que tienen el mismo tono y que hablan de cosas similares, aunque cada uno tenga sus particularidades. Las historias suenan de manera parecida, aunque abordan diversos temas, que van desde la identidad hasta la exhibición de uno mismo.

 

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-La música está presente también en la rabia animal que hay en el baile, y en cómo se mueven tus protagonistas. ¿Cómo conviertes la música en un personaje más?

 

-Coincide con el momento en el que estoy, que es un momento muy ‘technero’ -referente a la música techno- y muy bailongo. Creo que todas estamos muy bailongas y muy punkies, y quería explorar también qué les pasaba a mis personajes si empezaban a salir a bailar todo el rato. Creo que el baile se ha convertido en un refugio, y en un lugar en el que estar con los amigos. 

 

-La fiesta se convierte también en un espacio en el que convive lo queer y en el que se desarrollan los lazos de amistad entre los protagonistas.

 

-Sí, es un libro que habla de la amistad como salvación para las personas queer. Justo venía de leer a McKenzie Wark en Raving, un libro en el que habla de la fiesta como espacio queer y en el que sentir libertad. Siento que mis personajes evolucionan con la novela, y que en muchos de los relatos la identidad es la que puede generar el conflicto, o dar pie a las nuevas partes de la historia. 

 

-Volviendo al reino animal… ¿Con qué animal te identificarías?

 

-Tal vez con la serpiente, porque son seres muy mutables. Son unos reptiles maravillosos que tenemos muy denostados y demonizados. La serpiente habla de la tentación y de la capacidad de mutar. De hecho, en la portada del libro aparece una cara que parece la de una chica cuando en realidad es la de un chico, jugando a llevar esa metamorfosis a la portada. 

 

-¿Y con qué libro conectarías Animal print?

 

-Escribiendo este libro me topé con las Fábulas feministas de Suniti Namjoshi. Ella es una escritora india lesbiana y maravillosa, que recoge un montón de fábulas y las reescribe desde una mirada feminista y queer. Al igual que ella yo quería adentrarme en el territorio de las fábulas y darle una vuelta, quería hablar de estas como las historias esperanzadoras que nos contamos para sobrevivir en el mundo. 

 

-¿Qué significa para ti el acto de escribir?

 

-Es tener una conversación con todo lo que vino, todo lo que está viniendo y con todo lo que llegará. Diría que esta novela es una conversación con mis autoras favoritas muertas y con todas mis escritoras favoritas contemporáneas. 

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