Libros y cómic

Librerías independientes en Valencia: los nuevos ateneos culturales "conectados" a los barrios

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VALÈNCIA (EP). Las librerías independientes buscan su lugar en una sociedad cada vez más "hiperindividualizada" y surgen espacios que van más allá de la mera venta de obras y apuestan por conectarse a los movimientos ciudadanos de sus barrios. València y su área metropolitana ha visto nacer y crecer en los últimos años diversos establecimientos que se reivindican, aprovechando la conmemoración del Día del Libro, como los nuevos "ateneos culturales" del siglo XXI.

Así lo explica a Europa Press Jordi Garcia Miravet, de La Repartidora, librería íntimamente unida a su barrio, Benimaclet, donde este proyecto "tiene todo el sentido por su tejido social". "No es una librería al uso, sino un espacio dirigido al pensamiento crítico. Nos sentimos parte de los movimientos sociales y ofrecemos una herramienta más: la librería es el soporte que hemos elegido para impulsar el cambio social", asevera a Europa Press.

Bajo esta premisa, organizan cursos de formación, presentaciones y debates. Además, el propio formato del negocio es singular, puesto que se trata de una librería asociativa que en la actualidad cuenta con más de 300 socios que, con una cuota anual, permiten que la viabilidad e ir consiguiendo avances, como integrarse en el Gremi de Llibrers de València y acudir a su importante Fira del Llibre.

Garcia señala que la lógica del capitalismo opera también en el sector del libro. ¿Cuál es la diferencia que pueden ofrecer para "escapar" de ella, se pregunta el librero, que responde: "Nosotros ofrecemos ser algo más, ser ateneos culturales y recuperar el papel que tuvieron a principios del siglo XX, con esa voluntad de transmitir el pensamiento crítico".

Esta condición les permite tomar el pulso a las preocupaciones que afectan a la ciudadanía. Para La Repartidora, el impulso del movimiento feminista ha sido siempre una seña de identidad al que se ha sumado con fuerza desde 2018 la cuestión del derecho a la vivienda. En este sentido, recalca que el alza de los precios "también afecta a las librerías y al resto de pequeño comercio local: o bien no renuevan licencias porque los caseros prefieren usar el espacio para hacer pisos turísticos o, cuando se acaba el contrato, se dobla el alquiler y los negocios no pueden afrontarlo".

Benimaclet es igualmente el hábitat de la Librería La Rossa, centrada en libros de autoras. Para su responsable, Alodia Clemente, "las librerías son espacios donde compartir, escuchar, ser escuchadas, sentirse en comunidad, y 'consumir' cultura de calidad, más allá de que estemos asistiendo a la presentación de un ensayo de pensamiento crítico o participando en un club de lectura de fantasía".

"Es algo que no te dan ni las librerías pertenecientes a cadenas comerciales, ni las orientadas a público-consumidor generalista o turista ni, por supuesto, si adquieres los libros por internet", incide. En su caso es obvio que la lucha feminista es su 'leitmotiv', pero la librera coincide en advertir que, "en los últimos tiempos y al estar en el barrio de Benimaclet que va, poco a poco, gentrificándose como el resto de la ciudad", la preocupación de la vivienda "va ganando peso en las conversaciones".

Gentrificación y consecuencias

La gentrifricación y sus consecuencias son evidentes también para la Librería Bartleby, ubicada en el turístico barrio de Russafa. Manu Garrido, uno de los socios, recuerda que llevan 13 años en el barrio y, por ello, han sido "testigos de su profunda transformación de un área popular y residencial a un decorado tomado por el turismo masivo y la oferta hostelera desaforada".

"Formamos parte de la asociación de comerciantes del barrio y estamos en contacto con diferentes asociaciones, plataformas y colectivos, y los temas que más preocupan a las vecinas que se resisten a irse son la subida de los precios de la vivienda relacionada con la proliferación desmedida de apartamentos turísticos e, históricamente, con los niveles de ruido asociados al ocio nocturno y las incontables terrazas", detalla a Europa Press.

Para este establecimiento es muy importante, más allá de su función como prescriptores de libros, "servir como un pequeño espacio cultural en el barrio, especialmente en uno más habitualmente relacionado con el ocio nocturno que con la lectura". "Pero más allá de ser una mera vía diferencial con respecto a las grandes plataformas y cadenas de librerías, es para nosotros una cuestión de principios, de vocación y de respuesta a nuestra manera de ser", recalca Garrido.

Es por eso, apunta, por lo que hacen un gran esfuerzo por brindar "una nutrida programación de actividades culturales". Así, cada semana realizan entre una y dos presentaciones de libros y cómics. Además, dos domingos al mes abren para albergar las reuniones de nuestros dos clubes de lectura, uno dedicado a la novela y el ensayo contemporáneo, conducido por la periodista cultural Lucía Márquez; y el otro de cómic/novela gráfica, conducido por los divulgadores y directores de la Cátedra de Estudios del Cómic Fundación SM-Universitat de València, Noelia Ibarra y Álvaro Pons.

Incluyen asimismo una vertiente como galería de ilustración y organizan exposiciones de obra gráfica, intervenciones artísticas en las cristaleras del escaparate y muy pronto se lanzarán a la pequeña edición de obra gráfica y fanzine.

La Llibreria Ramon Llull, Premio Librería Cultural 2025, se encuentra en Ciutat Vella. Almudena Amador, una de las propietarias, resalta la importancia de la programación cultural paralela que ya forma parte de la "vida librera". Prueba de ello es que "prácticamente todos los días" hay actividades en su agenda. Mantienen ocho clubs de lectura, entre los que figura un exitoso punto de encuentro dedicado a la literatura japonesa, los de pensamiento, ciencias sociales y uno dirigido por el editor de Pre-Textos, Manuel Borrás, que se coordina con la Librería Alberti de Madrid.

Además de los temas ya mencionados, la Ramon Llull palpa la inquietud por la situación geopolítica actual que abordó el año pasado en 'El estado del mundo', una cita incluida en el Avivament Fest que quieren repetir porque las cosas no han mejorado desde 2025.

En este punto, la librera ha llamado la atención sobre el hecho de que muchas actividades son posibles gracias a la ayuda implementada hace un par de años por el Ministerio de Cultura, que ha facilitado que las librerías sean "más ambiciosas". "Hemos respondido de una manera responsable y creativa", ha proclamado.

"Hacer pueblo"

Este tipo de negocios no solo hacen barrio, sino también pueblo. Somnis de Paper, en la localidad de Benetússer, fue impulsada por dos historiadores que, tras salir de la carrera y frente a un contexto de crisis económica, apostaron por abrir la primera librería del pueblo que, más allá de venta de material de papelería, también pudiera ofrecer un espacio cultural.

Jorge Cabezas, propietario junto a su socia e ideóloga del proyecto, Laia García, señala a Europa Press que su objetivo era "evitar que la gente se tuviera que desplazar a València". "Cuando abrimos hacían un club de lectura muy residual en la biblioteca pero, por supuesto, no se hacían presentaciones o cuentacuentos; todo eso que vamos generando dentro de la librería no se hacía y eso permite crear esa cultura en el pueblo".

Para Cabezas, el paso de la dana y la pandemia ayudaron a que la gente se diera cuenta "de lo que es tener un pueblo vivo y con comercio". De hecho, ha indicado que, con la barrancada, vieron como, en un momento en el que "todo estaba destrozado" y "no había donde comprar agua, alimentos y no teníamos luz", la gente les decía: "Pero vais a volver a abrir ¿no?". Constataron así que un negocio como el suyo es "importante" para el pueblo porque "permite crear comunidad". "Si no hay una librería en el pueblo, es un pueblo más pobre", ha finalizado.

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