Libros y cómic

PRESENTA 'COLOQUIO DE INVIERNO'

Luis Landero: "El relato es el esquema más antiguo de quienes somos"

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VALÈNCIA. La borrasca Filomena seguramente pilló al novelista Luis Landero escribiendo. Erguido frente a su atril y rodeado de cientos de notitas sobre los caminos que podrían tomar sus novelas. Le pillarían escribiendo a mano, vestido con ropa cómoda y poco presentable, para que, como a Ernest Hemingway -que escribía en calzoncillos- no le diera la tentación de salir a la calle a jugar con la nieve y centrarse en su trabajo. La borrasca dejó encerrados también a sus personajes Aldea Pastor, Ginés Orozco, Martín Marcilla, Nuria Soler, Santos León, Jimena, Tomás Guerrero, Víctor Marín y Eladio, que quedaron resguardados de la borrasca dentro de un hotel rural que funciona como un confesionario dentro de la novela Coloquio de invierno (Tusquets) que el autor presentó este 26 de febrero en la librería valenciana Ramón Llull.

Diciendo adiós al frío de enero y dando ya casi la bienvenida a marzo, Landero se atreve a desenredar las historias de estos nueve personajes que se dedican a contar historias encerrados en un hotel que les sirve como escenario perfecto para confesar sus pecados Lo hace iniciando por una lectura que se presenta casi como teatral y que estaba concebida para ser solo un diálogo entre ellos, aunque finalmente Coloquio de invierno se sirve de la narrativa para mostrar la realidad de estos peculiares personajes que le hablan a Landero. Bajo la idea de presentar a sus personajes a través de las historias que cuentan, el libro encapsula su esencia en una sola frase: “A veces se tarda más en contar lo vivido que en vivirlo”.

“En el hotel salen esas pequeñas historias que definen a los personajes. Al final, todo lo vehicula el relato, que es la cosa más sencilla del mundo y lo que venimos haciendo todos desde que se inventó el lenguaje. En la familia, preguntar qué tal ha ido el día y hablar de un viaje ya da pie al relato”, destaca el autor, que contempla esta forma de las historias como la más antigua del ser humano, desde las cavernas hasta la actualidad. Todas estas historias, como los personajes de su novela las desenredan y cómo las exageran con un par de copas de más le ayudan a Landero a hablar de quienes somos a través de nuestras historias, según nuestra profesión, nuestra cultura y experiencia.

Lo hace creando una historia que habla sobre historias y que pone frente al espejo a estos personajes que tienen tantas partes de él. “Lo bueno de ponerte a escribir es que surgen cosas que no sabías que estaban dentro de ti, pero que están esperando a ser contadas. Para que salgan hay que darles forma sin prisas, generando un espacio de historia y debate en el que no existan las prisas”, y con este escenario, el del encierro de los personajes en un hotel ante el temporal y el de tener “todo el tiempo del mundo” se llega al libro que Landero quería crear, en el que cabe el diálogo y la reflexión.

Coloquio de invierno es posible porque hay escucha y conversación. No hay pausas para quitarle la palabra al otro y se respetan las historias de los personajes. A su vez, están deseando contar estas historias en voz alta para limpiar su conciencia. El espacio de la novela funciona como un confesionario y la escucha es la absolución. Al fin y al cabo, todos nos contamos historias, a veces hacia dentro y a veces hacia fuera. A veces adornando la realidad porque queremos agradar al otro o porque nos sentimos inspirados. Mentir como miente la literatura es hacerlo desde el alma”, destaca el autor, que se da licencia absoluta para la mentira en este libro en el que las verdades a medias adornan la vida de sus personajes.

Con la calidez que les ofrece el hotel rural de Coloquio de invierno, los personajes llegan también a una especie de bucle en el que el escritor les saca de sus casillas para ofrecerles nuevos caminos. Siguiendo la estela de notas de papel que dan forma a sus personalidades, Landero explica que para conectar a cada personaje con su forma de ser busca marcarse una rutina para que la inspiración le pille trabajando: “Me levanto a las ocho de la mañana y me pongo en la mesa a escribir a mano. Me voy familiarizando con los personajes poco a poco y veo que cuanto más avanzo y escribo, más aprendo sobre quienes son. Los propios personajes me dicen dónde tengo que ir, me inspiran, y me llevan a exponer algunas de las verdades que atesoran en sus vidas”.

“Siempre he pensado que si a alguien no se le ocurre nada contra la página en blanco, puede encontrar la inspiración en empezar a escribir. A partir de ponerse, surgen todas las historias que están esperando a ser contadas”, aunque no siempre le llegan a las ocho de la mañana y a veces salen a relucir cuando está “paseando o viendo un partido de fútbol por la tarde”. Bajo la filosofía de Hemingway, aunque con unos pantalones sobre los calzoncillos y un atril mejor equipado, Landero se encuentra en esa frase del escritor en la que explica que, más allá de tener suerte, hay que ser “exacto”, porque así, cuando llega la suerte -o en este caso la nevada- “ya estás preparado” y si llevas una libreta encima como hace Landero permites que no se derritan nunca las ideas. 

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