VALÈNCIA. En 1997, cuando Denis Bajram empezó a escribir el primer número de Universal War One (En España lo sacó Norma en 2003) el mundo era un lugar apacible. Todavía quedaban supervillanos, pero se les bombardeaba correctivamente. La democracia era un sistema perfecto e infalible y el capitalismo era el único sistema económico posible porque los demás no funcionaban. El mercado equilibraba la economía de forma justa e incluso científica. No había mucho espacio para discrepar de nada sin ser tachado de loco o indocumentado. Sin embargo, Bajram, este guionista parisino, le puso el cascabel al gato con un cómic crítico con la voracidad de un capitalismo que quería privatizarlo todo, por supuesto, por el bien de la civilización.
Para ello planteó una distopía de ciencia ficción, pero no muy lejos. Transcurría en el sistema solar. Una colonización espacial que parte de cuando, en el año del primer álbum de la serie, el 98, se inventa la antigravedad en La Tierra tras unos experimentos en la Estación Espacial Internacional, en la que, recordarán, solo cabían seis astronautas.
Así, el ser humano puede extenderse por el sistema solar, pero las inversiones que hace la ONU para ir haciendo habitables los planetas no tienen los retornos esperados. De modo que, ante la falta de rentabilidad de la inversión pública, como saben, solo hay una solución muy de los 90 y la primera década del siglo XXI: privatizarlo todo. La inspiración para crear ese escenario de guerra total entre humanos por el sistema solar le vino por la lectura de los típicos aguafiestas: el Le Monde Diplomatique.