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MEMORIAS DE ANTICUARIO 

Los 6+1 barrios de Ciutat Vella: una introducción

23/02/2020 - 

VALÈNCIA. Con este artículo introductorio inicio una serie que me apetecía mucho acometer y que dedico a los 6+1 barrios intramuros de la ciudad (+1 porque el de Sant Bult viene a ser un barrio dentro de otro como es la Xerea). Pero antes déjenme que me explique en términos de qué son hoy los barrios históricos de los que hablaré en próximos artículos. Siento envidia sana por quienes me comentan que una de las razones por las que les gusta el lugar donde viven es porque su zona es “todavía muy barrio”, clásica expresión que todos entendemos. Hoy cuesta mucho escuchar esto a quienes habitan cualquiera de los barrios intramuros de la ciudad, por muy paradójico que ello parezca. Algo se ha ido quedando por el camino en los últimos tiempos y sería muy complejo de analizarlo en profundidad en un artículo como éste, porque, entre otras cosas, es un hecho que toca de forma más o menos directa diversos ámbitos (políticos, urbanísticos, sociológicos etc) de los que no soy un especialista.  No he leído en profundidad el Plan Especial de Protección de Ciutat Vella, recientemente aprobado, pero la idea que lo inspira me parece acertada aunque no sé si un tanto extemporánea. Con el tiempo veremos si su aplicación alcanza o no el fin que se propone pues la película está ya muy avanzada. El caso es que, y aquí hablo con total conocimiento de causa, la ciudad intramuros comenzaba a sufrir un serio problema que tiene que ver con la vida de barrio más allá de lo pintoresco y romántico que puede evocar esta expresión.

 La València intramuros, unos barrios más que otros, en el último medio siglo no ha tenido toda la suerte que merece: en los años 70-80 sufrió una gran despoblación causada por una degradación arquitectónica enorme-derrumbes incluidos- y por un problema derivado de la insalubridad, la droga y la prostitución (sobre todo en el Carmen y Velluters). En los 90 y primeros años del nuevo siglo se desarrolla el plan RIVA, dedicado a promocionar la rehabilitación de edificios, con incuestionable éxito, y la vida ciudadana vuelve a unas calles que habían sido en buena parte abandonadas, casi a la carrera. Jóvenes de otras partes de la ciudad vienen a establecerse en el centro y la vida de barrio se recupera, al menos en parte, aunque siempre con la sensación de que todavía había mucho por hacer, a la vista de los solares y edificios que quedaban-y quedan- por ocupar. Sin embargo, mucho antes de que se culminara esta “vuelta del vecindario”, nos tropezamos de bruces con una nueva realidad completamente desconocida en nuestra ciudad, llevando consigo el nuevo paradigma originado por el turismo masivo, espoleado por el hecho de que València se haya convertido en un destino de un potencial-ya una realidad- enorme. Este nuevo paradigma, en pocos años- convierte muchas de las viviendas, que dejan de emplearse como tales, para destinarse no a ser habitadas sino a ser ocupadas, pasando a ser apartamentos de corta estancia y de naturaleza turística con lo que lejos de completarse el regreso de la vida ciudadana, se inicia un nuevo, lento pero paulatino éxodo hacia otras zonas de la ciudad por el aumento de precios-aunque no sólo por ello-, con lo que la Ciutat Vella regresa a una senda de engañoso abandono-porque en la actual coyuntura parece que no es así.

Velluters en el plano de Tosca.

 La vida de barrio no la crean los turistas, parece bastante claro y no hace falta explicarlo demasiado. El turismo desarrolla la ciudad en otros términos, la enriquece económicamente, de eso no hay duda, y crea empleo, pero “ciudad” en términos de desarrollo humano la configuran quienes la habitan de una forma más o menos permanente, sean nativos o llegados de fuera. El turismo más que hacer ciudad, “la consume”. Hay días en que no es fácil que me cruce con personas de mi ciudad, y créanme si les digo que hay instantes que siento más València en términos de relaciones humanas cuando acudo a otros barrios.

Los barrios que conforman la Ciutat Vella quedan separados literalmente por históricas calles cuyo trazado viene inalterado desde tiempo inmemorial porque, afortunadamente, el rompecabezas que constituye el trazado de origen musulmán está en buena parte inalterado. Son siete los barrios que conforman la Ciutat Vella, por mucho que desde otros lugares quieran unificar el centro histórico bajo el mediático paraguas de barrio del Carmen.

Seis barrios más uno 

Al barrio del Carmen se le tiene, junto al barrio del Pilar, como el más popular, y con razón. Tal sensación se desprende de un paseo por las calles del entorno más cercano a la antigua muralla y al IVAM: calle Ripalda, Sogueros, Corona, calles alta y baja o Na Jordana. Un barrio perfectamente delimitado por el callejero, ocupado siglos atrás en buena parte por huertas interiores (entorno de la plaza Vicente Iborra), y  configurado por todo aquello que existe dentro del espacio dibujado por las calles de Serranos, Cavallers y Quart, que delimitan sus límites “interiores”, y la antigua muralla hoy calle de Guillén de Castro, y el propio cauce del Turia a partir del IVAM, hasta, de nuevo, acabar en las torres de Serranos, línea que marca su frontera “exterior”.  

La Seu es El Barrio que gira en torno a la Catedral. Quizás sea el más monumental aunque, hoy día, también el más turístico, y posiblemente uno de los barrios que más ha perdido su cualidad de tal. En muy poco tiempo se abordará la reforma de la plaza más emblemática , que no histórica, de este entorno, la de la Reina, que va a ver cambiada su configuración de forma drástica. Una reforma más que necesaria. Los límites urbanos vienen delineados por la calle Serranos, la margen del cauce del Turia hasta la iglesia del Temple, e interiormente, de forma aproximada, aunque no exhaustiva, por la citada plaza de la Reina, calle Almirante, Avellanas y La Paz.  

Barrio de La Seu

San Francesc. Se trata del el barrio más comercial, su arquitectura civil es de gran interés, aunque su personalidad se esta viendo muy afectada con la desaparición de los comercios históricos que abundaron en la actual plaza del ayuntamiento, y en el entorno de esta gran explanada, alrededor de la cual se expande una trama urbana que encuentra sus límites principalmente en cuatro calles importantes: la del Hospital que lo separa del barrio del Pilar, la calle San vicente, la de La Paz y la calle Salvá. Toda la trama urbana más allá de estas y hasta la calle Colón y su prolongación, Xátiva, encierra este extenso barrio, que toma su nombre del convento que en su día ocupaba lo que es hoy la plaza del ayuntamiento.

El Mercat es el único de los barrios intramuros completamente interior, es decir que no limitaba con la antigua muralla cristiana aunque sí con la musulmana. Hoy es también el barrio que sufre una presión turística más importante pues se expande alrededor del mercado central que hace “barrera” arquitectónica con el barrio del Pilar. El mercat se enorgullece de poseer un monumento Patrimonio de la Humanidad como es la Lonja aunque también son hitos patrimoniales los Santos Juanes, Santa Catalina y San Nicolás.  Queda separado del Carmen por la calle Cavallers y por San Francesc por la calle San Vicente.

El Pilar. Se le conoce también como de Velluters por la cantidad de telares que existían en esta parte de la ciudad. En este caso, excepcional en la ciudad, el nombre se lo da un gremio pero no a una calle, como es lo habitual, sino a todo un extenso barrio. El nombre de el Pilar viene dado por la iglesia homónima cuyo origen se remonta al siglo XVII. Otros edificios de interés son el antiguo hospital, el Real Colegio de las Escuelas Pías o el palacio del siglo XV, sede del Gremio de Carpinteros, uno de los más antiguos de la ciudad pues se crea en el siglo XIII con la llegada de Jaime I.

Barrio de San Bult y la Xerea. Llegado aquí uno llega al convencimiento de que este artículo sólo puede servir como escueta introducción de otros que vendrán, en los que hablaremos más profundamente, y de forma individualizada, de estos seis barrios+1, inacabables en patrimonio y en historias. La Xerea todavía desprende cierto aire de reposo y tranquilidad. Antes de que se levantara la muralla cristiana era un barrio exterior a la ciudad musulmana como podía ser Ruzafa y disponía de su propia mezquita. Se trataba de una zona industrial, si se puede utilizar esta expresión en la Baja Edad Media, en la que prosperaron los sogueros hasta que en la ya cristiana València, se les prohibió por una norma foral extender sus sogas en el terreno en forma de rambla que existía entre las casas del barrio y el recién construido convento de Santo Domingo, ya que “impedían el paso” a quienes querían acceder a dicho edificio. La rambla ocupaba lo que hoy es la plaza de Tetuán hasta el punto de que llegó a existir un pequeño puente que la atravesava de un lugar a otro.

El pequeño y popularísimo barrio de San Bult, al que le dedicaremos su espacio, quizás sea la parte intramuros en la que más nos de la sensación de hallarnos en una pequeña población. Estas tranquilas callejuelas insertas en la Xerea se extienden hacia la citada rambla, hoy plaza de Tetuán, a partir de la sinuosa calle Gobernador Viejo, aunque sus límites salvo mejor opinión, no quedarían del todo claros.

Llegado aquí, después de delimitar el terreno de juego en el que nos moveremos en próximos capítulos, se me agolpan en la mente otros, que quizás hoy son “más barrios que estos barrios”. Y me doy cuenta que los barrios de València no se acaban nunca, viéndome en la necesidad de abrir el objetivo a los nacidos extramuros en plena huerta, pero eso será en una segunda parte.

Mercado de Mossen Sorell en pleno barrio del Carmen


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