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la bola de nieve QUE NO CESA, ante la posible intoxicación 

Los medios miserables

¿Hasta dónde llega la responsabilidad de un medio de comunicación ante una catástrofe así y sin confirmaciones oficiales?

Por | 22/02/2019 | 3 min, 8 seg

El jueves 19 de febrero a las 10:42 de la mañana La Vanguardia publicaba la siguiente noticia: "Investigan la muerte de una mujer tras comer en un restaurante con estrella Michelin", y sentenciaba la imagen pública del Riff y de Bernd H. Knöller, propietario y cocinero. Sin piedad. El alemán en la picota y un puñado de medios disparando sin cuartel ni medida en busca del clic. Nuestro amarillismo más rancio en busca de carnaza. La encontraron.

Guía Hedonista es un medio valenciano, la pata gastronómica y de estilo de vida del grupo Ediciones Plaza (grupo editorial de capital valenciano) y nuestra responsabilidad era —es— informar a nuestros lectores y a la ciudadanía de lo que sucede en nuestro sector: la gastronomía. Pero de ahí a lo que publicó El País El País!) hay un mundo, se llama respeto: "18 clientes del restaurante RiFF de Valencia en el que murió una comensal también tuvieron molestias", sin que Sanidad hubiera dicho esta boca es mía y por supuesto sin ningún informe oficial de Toxicología sobre la mesa. No murió en el restaurante, murió en su casa, y esto no sé qué nombre tiene, pero sí se el que no tiene: periodismo.

En 1993 el Consejo de Europa aprueba la Resolución 1003 sobre ética del periodismo y en él se dibuja el código deontológico que enmarca la profesión; os dejo algunos apuntes: El respeto a la verdad / Contrastar los datos con cuantas fuentes periodísticas sean precisas / Perseguir la objetividad aunque se sepa inaccesible. ¿Dónde han quedado las buenas intenciones estos día de carnaza? Yo no las veo en El Español, "La chulería en TripAdvisor del chef de las setas con las que se intoxicó María Jesús en Valencia"; ni en Cuatro ("Comimos lo mismo que la mujer que murió"), ni en El Mundo (en su edición de València, además) con esta lindeza: "¿Cómo es posible morir por la ingesta de setas en un restaurante Michelin?".

¿No deberíamos esperar a los resultados antes de señalar al culpable? Es un poco el escenario que plantea Billy Wilder en esa obra maestra llamada El gran Carnaval: el periodista Charles Tatum (Kirk Douglas) se topa de bruces con la, intuye, será la exclusiva de su vida: un minero indio queda atrapado en una mina de Nuevo México y se monta un circo en torno al posible rescate. Exactamente el mismo grotesco espectáculo  televisivo de las niñas de Alcácer y Julen en el pozo de Totalán, pero cincuenta años atrás —en la película, en determinado momento Jacob Q. Boot, el director de su periódico, y tras ver el cartel en su puerta (Di la verdad) le manifiesta: "Entonces le preocupa poco la verdad...", a lo que Chuck contesta: "No como para pararme. Estoy en el camino de la gran noticia de mi vida y no me preocupa hacer tratos con un algún sheriff desalmado, y si tengo que aderezarlo con una maldición india y con una esposa desconsolada, tampoco me importa".

Qué miserable es nuestro mundo a veces.

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