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una veintena de obras

Los Pinazo 'perdidos' vuelven a casa

Las obras del malogrado Círculo de Bellas Artes encuentran acomodo en el Museu de Belles Arts de València

30/03/2021 - 

VALÈNCIA. La disolución del Círculo de Bellas Artes de València se ha convertido en una partida de ajedrez en la que los límites entre el ámbito cultural y judicial han quedado completamente difuminados. La última sorpresa tiene a dos protagonistas, aunque la identidad de uno de ellos es desconocida. Por un lado, el pintor Ignacio Pinazo, del que casi una veintena de obras -pertenecientes a la colección del extinto Círculo- han sido recuperadas para las salas del Museo de Bellas Artes, gracias a un documento hasta ahora desconocido que ha frenado que acaben desperdigadas. El otro protagonista: el anónimo donante de cuatro de ellas, las de más valor. “Ha sido una gran satisfacción todo el proceso”, relató el presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, Manuel Muñoz Ibáñez, quien presentó las obras junto al director del centro, Pablo González Tornel. La generosa donación, en realidad, no lo es tanto, pues la institución recupera unas obras que en realidad no podían venderse y que les pertenecen de manera legítima. La formalización de esta donación, en cualquier caso, vuelve a poner el foco sobre la situación del patrimonio del extinto Círculo de Bellas Artes, de cuyos fondos desaparecieron misteriosamente hace meses unas 90 piezas. 

Fue en 2019 cuando el Círculo, ahogado por las deudas, cerró sus puertas definitivamente. La venta de su antigua sede, un palacio gótico situado en la calle Cadirers, le generó un conflicto mayúsculo con la Generalitat Valenciana, pues años atrás financió la rehabilitación del inmueble con la condición de que solo se podría vender previa autorización de la administración autonómica, permiso que nunca pidió. La batalla se volvió más y más compleja con una deuda que ascendía a 1,8 millones de euros. El siguiente paso parecía inevitable: la subasta de la colección del Círculo, que consta de unas 200 piezas, para dar por cubierta la deuda, un proceso que daría por cerrado el conflicto. Sin embargo, la sorpresa llegó cuando, en pleno proceso, salió a la luz la desaparición de unas 90 obras de la colección, casi la mitad del total, entre ellas varias de Ignacio Pinazo, José Benlliure, Santiago Rusiñol o Esteve Edo. El suceso, investigado entonces la Policía de la Generalitat, trastocó por completo la resolución del conflicto. 

Entretanto, una importante novedad daba otro giro de tuerca al proceso. El exdirector del museo, José Ignacio Casar Pinazo, ponía en conocimiento del actual director y del presidente de la Academia un documento firmado por los herederos de Pinazo en 1917, un año después de la muerte del autor, mediante el que se especificaba que la donación realizada al Círculo estaba supeditada a la existencia del mismo, es decir, “que las obras no podían salir a subasta y que debían permanecer en manos públicas”, explicó Tornel. De esta forma, con la desaparición del Círculo, todas aquellas obras donadas por la familia de Pinazo debían volver al Museo de Bellas Artes. Así, tras contactar con el administrador concursal, las piezas registradas para la subasta volvían al museo tal y como fijaba el documento firmado por la familia de Pinazo… aunque también lo han hecho otras cuatro hasta ahora ‘deslocalizadas’. 

Foto: KIKE TABERNER.

"Un tiempo antes de disolverse el Círculo una parte de las obras se vendieron a una tercera persona”, desveló Manuel Muñoz. “Hablé con Gerardo Stubing, último presidente del Círculo, para ver si podíamos gestionar que el propietario de las obras nos las pudiera donar para que la colección fuera compacta. La labor de Stubing fue muy favorecedora. Se puso en contacto con el propietario pero nos dijo que quería que fuera una donación altruista y anónima y así ha sido”. La donación, en cualquier caso, está supeditada al documento que marca que el Círculo debía llevar las piezas a la Academia en caso de cesar su actividad, con lo que no regresarlas podría haber supuesto una batalla legal añadida a los no pocos problemas del Círculo. "Nada de esto no hubiera pasado si Jose Ignacio Casar Pinazo no se hubiera plantado un día en mi despacho a contarnos que debíamos reclamar unos derechos. Eso es importante recordarlo. Gracias a él esto pasa a formar parte del patrimonio de los valencianos", subrayó por su parte González Tornel. 

Fernando Richart y Constantí Llombart, joyas de la selección

El grueso de la selección de piezas lo compone una serie de dibujos en los que Pinazo "refleja su día a día", una serie de piezas que, especifica el presidente de la Academia, no son bocetos, dibujos a través de los que "entiendes al personaje". Entre ellos algunos de su nieto o, otros, con sorpresa, pues están dibujados por las dos caras. Tal es el caso de Sant Antoni, en cuyo reverso se conserva un dibujo de un caballo de tiro y tres labradores. Es destacada también la tablilla, de pequeño formato, en la que captura el Palau de la Generalitat. Aunque son los óleos las 'joyas de la corona', entre ellos el Retrato de Carmelo Lacal o Jardín de la casa de Godella, aunque destacan principalmente otros dos retratos: los de Fernando Richart y Constantí Llombart. Son precisamente estos lo que requerirán de alguna intervención, pues se han detectado pequeños agujeros que atraviesan el lienzo y la película pictórica, mientras que los dibujos están en "fantástico estado". Estas piezas se suman a los 44 óleos y 110 dibujos de Pinazo depositados por la Academia en la colección. 

El acomodo de las piezas recibidas está por ajustar todavía, aunque el director sí dio algunas pistas sobre cuál sería su futuro. El más evidente es el de los dibujos, que no se pueden exponer de manera permanente, pues "han de almacenarse en condiciones óptimas, fundamentalmente de oscuridad absoluta y solamente pueden exponerse para muestras temporales", reflejó González Tornel. El destino de los óleos es otro cantar. "Nos encontramos en el momento actual a las puertas de la aplicación de la museografía que deriva del nuevo plan museológico. En estos momentos estoy en conversaciones con el Ministerio para personalizar dicho plan antes de la licitación". En esta reflexión cabe "hacer un esfuerzo" para que, al menos, dos de las piezas sí formen parte del recorrido del museo, los retratos de Fernando Richart, el de mayor calidad de la selección, y del de Constantí Llombart, que aunque es un retrato que "técnicamente es menos seductor" tiene una carga simbólica que "justifica sobradamente" su presencia en sala. "Ante la duda, una obra siempre está mejor en sala que en un almacén", concluyó el director. 

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