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Buenos, bonitos y baratos

Los vinos para ir saliendo

Hemos pasado semanas de rarezas y muy lejos, de abrazos en la distancia y alguna lagrimita, pero siempre con Baco a nuestro lado. Y para que no se vaya, hoy los traemos buenos, bonitos y baratos, oiga: los vinos para ir saliendo

Por | 15/05/2020 | 5 min, 38 seg

Etiquetas de paseo por viñedos color esperanza. Andanzas que llenan la copa con más valor que el de su precio. Esos que con aprecio nos toman de la mano para ayudarnos a subir las cuestas más empinadas. Botellas que se acuestan en el armario sabiendo que estarán por poco tiempo, porque son de glugluglú, pero más de jijijí, porque estaremos tiesos, pero nunca seremos siesos. Vinos ricos, sin complejos y para todos los públicos y bolsillos, de consumir a diario y que desparezcan con sólo poner la radio. Y aunque no se les van las vitaminas, nos los vamos a beber sin más dilación, corazón, y con esos platos de confinamiento que tan buenos ratos nos han dado.

Empezando por el aperitivo y un Fino Gran Barquero (Bodegas Pérez Barquero). Ricoso, salino y refinado, nos llena de frutos secos y pequeños. Con su punzante sentido del decir, nos dice que no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista y el cuerpo se nos pone de feria tomándolo con los mejillones en escabeche de Ferrán Adrià.

El Pyjama Godello 2018 (Bodega Demencia de Autor) es una fiesta de camisón y calzón en casa rural del Bierzo entre rocas suculentas. Tensión de convivir una vida y vivirla bien vivida. Directo y siempre de cara, nos sorprende con volúmenes sinuosos que nos llevan a países vecinos y a comernos las cocochas de merluza rebozadas, con erizos y yema de huevo de Paco Morales.

El Pardevalles Albarín Blanco 2018 (Viñedos y Bodega Pardevalles) se presenta como felino aleonado y nunca alienado, porque es restallante, crujiente e irreverente.  Albarín blanco de fruta chicata de hueso y campito con prado fresco. Expresivo y parlanchín nos cuenta que se bebía hasta el agua de la pila bendita, pero como ya no hay, se acaba esta botella con unas ortiguillas fritas por el señor Espeto.

El Calambur el Carril del Perro 2015 (Bodegas Recuero) es uva verdoncho o gordal, que no gorda o tal. Pero tiene su volumen de las lías y de esos árboles frutales que crecen con el tiempo. Lozano y con un algo siempre cercano, es de los de atravesar los momentos difíciles con una sonrisa. Tan solo hay que abrirlo mientras Pedrito hace su tortilla de pepino, para disfrutarlo antes, después y durante.

L’Efecte Volador Blanc 2019 (Josep Grau Vitucultor) nace de garnacha blanca con un pelo de sauvignon blanc y moscatel de granito. Combinación entre lo mineral, con su punto de sal y un aromático que se domina antes del desboque. Y suena el timbre para dar la sorpresa en forma de ramo florido y evidente, que se llevará de maravilla con la penca de Marian de Taberna Verdejo.

Nos vamos a La Rioja con el último blanco y el primero de los tintos. El Clos Ibai 2018 (Ibai Viticultores) es otra garnacha de varietal descarado, con volumen y frescura perdurable. Cercano y casi del año no lleva cápsula de estaño, lo que no resulta extraño, porque tiene el temperamento para darnos buenos ratos junto a los sesos de conejo con su salsa y coliflor de Iván Sáez.

De conjunción entre tempranillo, garnacha, mazuelo y graciano, el Tío Martín Crianza 2016 (Bodegas D. Mateo) es reflejo de su tierra. Monte especiado para no cansarse nunca. Chico alegre y con mucha chispa que nos convida a perdernos en largos juegos de laberintos en los que ocultarse. Y de perdidos a la alberca, nos lo tomamos sobre pato pazguato con el arroz con txipirones de Julen Bergantiños.

Desde Jumilla y lanzado a tope llega el Carchelo 2017 (Bodegas Carchelo). Salvajín que corretea entre hierbas agrestes.  Monastrell, tempranillo, syrah y cabernet sauvignon con especias locuelas y diversión bien entendida. Y lo entendemos sin darle más vueltas, en familia y con cualquiera de las pizzas de Patricia Mateo.

El Fraga do Corvo 2018 (Fragas do Lecer - Grandes Pagos Gallegos) es mencía de Monterrei con montones de frutas golosonas y rojetonas. Fresas y cerezas vivaraces, jugositas y también bonitas. Duradero y con dimensiones cuidadas tiene el frescor necesario para darnos aire y sentarse a la mesa con el curry de callos de Rodri.

El Chaparral de Vega Sindoa 2017 (Bodegas Nekeas) viene de Navarra frondosa y floral con su garnacha entrada en esas carnes que provocan morder con ganas. Sabrosura masticable que no te pone la nariz de payaso, porque mantiene la finura. Ciertopelo que pasa acariciante y que pide un plato de esos del saber cocinar de siempre, el fricandó de Granja Elena.

Mirando al Mediterráneo, desafiante y sin miedo alguno está Sentada sobre la Bestia 2017 (Fil·loxera). Tempranillo, garnacha tintorera, graciano y malvasía de voluminosa seriedad, equilibrio y preciosos mentolados. Rico en matices, sedoso, con color y sin calor, se muestra agudo y con brío mientras nos comemos las alitas de pollo entra crujientes de Dani García.

Nos vamos a Francia, que con poco presupuesto también es posible viajar, con sencillez, sí, pero felices. El Chateau Beaubourg 2015 Cotes Du Bourg (Chateau Beaubourg) es un Burdeos austero, con su tanino en hora punta y la templanza de encontrar el punto medio. Seco y con una bolsita llena de hierbas, pasa con la soltura de monsieur gracias a su carácter singular, como las migas de José Andrés.

Con el Masía Cal Salines Ancestral Subirat Parent 2018 (Cal Teixidor) nos damos el capricho, un baño de gurbujas. Espumoso de xarel·lo, macabeu y subirat parent del Penedés, es cremoso y melosito con preciosas vainas de vainilla que se abren para darnos cariño. Ligero, fino y repleto de vitalidad pide un plato lleno de pasión, los spaguettis caldosos con almejas, coco, piparras y café de Dabiz.

Terminamos el plan dulce y siendo buenitos con el Moscato D’Asti Sito Venere (2019 Sito Venere). El Piamonte en su versión más ligera, con muy poquito alcohol y bastante tiza de suelos deslumbrantes. Lichis revoltosos, energía sutil y liviana, y alborozo para repartir entre todos, como el de Jubany y su flan familiar.

Así nos despedimos una semana más y una semana menos, con nuestro yo más solidario diciéndolo bien clarito: compren y beban vino, señores.


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