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la normativa lo prohibe

Malos tiempos para el guarapo: ya no se puede vender zumo de caña de azúcar en el Mercado Central

Jalil ha pasado en apenas dos meses de ser el rey de la fiesta a atisbar la ruina. La Concejalía de Comercio le denegó en julio el permiso para utilizar su máquina de extracción de jugo

Por | 11/09/2020 | 6 min, 29 seg

Jalil fue el protagonista de uno de los artículos de Guía Hedonista más leídos de 2019. Su flamante máquina para elaborar zumos de caña de azúcar se convirtió en un reclamo irresistible en la ciudad; sobre todo entre la comunidad latina, que encontró en este puesto del Mercado Central su particular magdalena de Proust. “He visto a gente llorar al probar el zumo, porque les trasladaba mentalmente a su país de origen, que llevan años sin visitar”, asegura este tendero jordano de origen palestino.

Se escribieron más artículos en la prensa; se pasaron cámaras de televisión por su puesto, Narig Fruitland. “La noticia corrió como la pólvora -recuerda con entusiasmo-. Ha venido gente de Almería, Denia, Sagunto o Valladoild preguntando por el zumo. Durante unos meses, fue una locura”. El negocio iba tan bien -facturaba entre 2.500 y 3.000 euros al mes solo con los guarapos-, que Jalil empezó a agrandar sus horizontes. Comunicó a su proveedor local de caña de azúcar ecológica -una cooperativa eco-social radicada en la huerta de Paterna- que preveía aumentar sus necesidades de abastecimiento a una tonelada mensual de caña. En consecuencia, su proveedor amplió también la superficie de cultivo, plantando 5.000 cañas adicionales, que en cuestión de meses se convertirían en 20.000. Ahora mismo, este cañar -que ya rebasa los 2,5 metros de altura- se ha quedado huérfano.

El pasado 15 de julio, apenas unas semanas después de salir de un ERTE que mantuvo cerrado el negocio durante el confinamiento, Jalil recibió la respuesta de la Concejalía de Comercio a una solicitud de permiso que había tramitado para utilizar su máquina eléctrica de zumos de caña de azúcar, y de paso también para incorporar una fuente de chocolate para bañar pinchos de fruta troceada. Pero se le denegó la autorización para ambos servicios. La principal razón esgrimida por el Ayuntamiento hace referencia a la Regulación de Mercados de Distrito, que prohíbe elaborar o transformar alimentos en los puestos de venta “y promover situaciones de consumo delante de los mismos que den lugar a confusión con actividades hosteleras o de restauración”.

Jalil comprendió la negativa a la fuente de chocolate, pero interpuso un recurso en lo referente al zumo de caña de azúcar. “No me han hecho ninguna observación sobre la seguridad de la máquina, que es un extractor de zumo absolutamente estándar, y se utiliza sin problemas en 160 países del mundo”, lamenta. “Tampoco entiendo porque no puedo hacer zumos de caña de azúcar, pero sí se pueden hacer de naranja u otras frutas. ¡Mi máquina es más pequeña todavía que una de zumos de naranja!”.

Guía Hedonista se puso en contacto con la Concejalía de Comercio para conocer con más detalle sus argumentos. Y ahí es donde aparece el verdadero mar de fondo. “Desde el Ayuntamiento de València se trabaja para mantener los mercados municipales como puntos de venta de producto fresco de l'Horta de València, de manera que los mercados conserven su esencia y su sentido, y sean espacios donde se dé abastecimiento alimentario a los residentes de los barrios enfrente a otro tipo de planteamientos dónde se venden productos elaborados más enfocados a una explotación turística de estos recintos municipales”. En “román paladino”: el Ayuntamiento de València no quiere que el Mercado Central se convierta en el de San Miguel de Madrid -que en realidad un espacio gourmet-, ni en la Boquería de Barcelona, que es una romería de turistas (cuando no hay pandemias, claro).

“Esto está lleno de contradicciones -rebate Jalil-. Si no quieren turistas, ¿por qué hay puestos de souvenirs dentro del Mercado? ¿por qué dejan hacer tours dentro del mercado”? En este sentido, las fuentes municipales que consultamos se ciñen a la letra del reglamento: las máquinas de extracción de caña de azúcar no están reguladas para su uso en los mercados, pero sí está permitido fuera de estas instalaciones. “Tener un puesto en el Mercado Central tiene muchas ventajas; por ejemplo, las tasas que se pagan son mucho más económicas que el coste que supone alquilar un local en el exterior. Pero si estás dentro, tienes la obligación de cumplir la normativa, que tiene que ser igual para todos”, nos explican.

Caña de azúcar ecológica y valenciana

Mientras hablamos con Jalil en su puesto del mercado, aparece uno de sus clientes habituales. Juan Pablo, de origen argentino, se aficionó a pasar por Narig a por su zumo de caña de azúcar todos los días de camino al trabajo. Poco a poco arrastró con él a otros amigos latinoamericanos que residen en València. “Me parece absurdo que se pongan obstáculos a un producto así, que además se hace con materia prima valenciana. No es como si fuese un zumo de una fruta de otro país que puede traer insectos extraños”, opina.

El proveedor de caña de azúcar de Jalil no es una empresa, sino el Colectivo de Jóvenes de la Coma, una asociación subvencionada por el Ayuntamiento de Paterna que se dedica desde hace treinta años a la reinserción laboral de jóvenes en riesgo de exclusión social. Además de dar formación en el campo de la agricultura ecológica -sobre cultivos, pero también en otras materias relacionadas, desde la construcción de sistemas de regadío y vallados hasta funciones comerciales-, esta cooperativa deriva los beneficios económicos de los cultivos al mantenimiento de un centro de día para menores de edad. Hablamos con Luis, uno de los impulsores de la asociación: “Empezamos a cultivar caña de azúcar hace seis años. Buscábamos una alternativa al monocultivo de naranjo, que está controlado por cuatro grupos económicos grandes. Vimos que este era un cultivo viable económicamente y muy interesante como fórmula para recuperar la tradición de la huerta. Además, no lo olvidemos, la caña de azúcar que tiene tanta tradición en València como la chufa. Los que tenemos cincuenta años recordamos muy bien que se vendían como chuches cuando éramos niños. ¿Cómo es posible que por un lado nos subvencionen con dinero público para animarnos a cultivar caña, y por el otro lado el Ayuntamiento de València ponga obstáculos para que lo comercialicemos?”

El debate está servido, y sus tentáculos llegan más lejos de lo que parece. Surgen preguntas muy legítimas ¿Qué tipo de mercados municipales queremos? ¿Qué tipo de atmósfera e interacción social buscamos en ellos los ciudadanos que residimos en la ciudad? ¿Cuáles son las actividades que pervierten la esencia de los mercados y por qué? Si no se puede consumir zumo de caña de azúcar, ¿deberían retirar también de los mercados el servicio de venta de horchata o zumos de naranja? (¿O quizás nos estamos pasando de frenada?).


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