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No éramos dioses. Diario de una pandemia #52

Muertos de quita y pon

26/05/2020 - 

VALÈNCIA. Soy un hombre de rutinas, ferozmente conservador en los hábitos. Las mañanas en que tengo videoconferencia con mis compañeras, me trastorno por completo. No me da la vida. Hoy me ha vuelto a suceder.  

La larga videoconferencia me ha impedido tomar el doble de cerveza al que me ha acostumbrado desde hace días, a última hora de la mañana, sin el cual esta existencia, ya de por sí muy gris, se hace menos soportable.

Noto el enfado de mi madre cuando hablamos después de comer. Se ha tirado una semana llamando al centro de salud y no le han cogido el teléfono. Esta mañana se ha presentado en la centralita. La funcionaria ha negado que no cojan el teléfono. Mi madre ha pedido cita con su médico y le han dicho que está de baja. En julio se jubila. ¿Y el sustituto? No hay, al parecer, un recambio físico para el doctor López Abril. "Ya le llamaremos por teléfono", le dice para quitársela de encima. Han colocado unas mesas para impedir el acceso a las consultas.

Comparto el malestar de mi sagrada madre. Con el pretexto del virus chino quieren tomarte la tensión por teléfono o enviándote un wasap. Nos tratan como a ganado.

El teletrabajo, la nueva esclavitud

Un alto cargo del Gobierno valenciano asegura, en una entrevista concedida a Valencia Plaza, que el teletrabajo ha llegado para quedarse. Lejos está de ser una frase original; desde el inicio de la crisis todo experto que se precie la repite de manera cansina.

Digámoslo claro ya que ellos lo ocultan: el teletrabajo es la nueva esclavitud. El empleado pone el centro de trabajo, esto es, el alquiler, la luz, el wifi, la impresora, el papel, el culo gordo, etc. Como tu casa es la oficina, no hay distinción entre el horario laboral y la vida personal. Todo el día hay que fichar.

El teletrabajo ha sido la excusa de este capitalismo homicida, versión Pekín, para apretarles las clavijas —aún más— a los trabajadores. Supondrá un formidable ahorro de costes laborales. Y si no estás de acuerdo, ya sabes lo que te espera: puedes elegir entre las colas del hambre de Aluche o de Casa Caridad.

 El coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos, destituido por el ministro del Interior. Foto: EP

A las tres de la tarde la noticia más leída en el diario monárquico es la siguiente: "Luz verde para jugar al pádel y al tenis en dobles".

La cadena triste se ha marcado otro de sus reportajes de denuncia social. Esta vez la ha tomado con algunos chiringuitos de la Marina de València por servir copas y permitir aglomeraciones de clientes el pasado fin de semana.

Los grises del iaio Ribo han abierto al menos diez expedientes sancionadores contra esos establecimientos. Es un toque de atención para quienes han olvidado que España sigue siendo una cárcel con horarios delimitados de salida al patio para los presos.

"Necesitamos tocar para aprender"

En el País Vasco los colegios y los institutos han reabierto sus puertas. En declaraciones a un periodista, uno de los alumnos se sincera: "Tenía ganas de volver a clase. Necesitamos tocar para aprender".

El chaval no lo podía haber resumido mejor. Ahora díselo a los niñatos de Google.

El lenguaje inclusivo ha frenado su salvaje expansión desde que tuvimos noticias del bicho. Todos los muertos tienen sexo masculino. En estos meses de crisis jamás he leído que España sumaba otros 128 fallecidos y fallecidas.  
Esta mañana, cuando me encontraba lejos de casa, he caído en la cuenta de que me había olvidado la mascarilla. He salido a la calle como si viviera en una democracia homologada, léase Alemania o Portugal. Al entrar en el quiosco me he disculpado ante la dueña, que no se lo ha tomado a mal. He regresado por las calles menos concurridas. No me sacudo la sensación de seguir viviendo en un Estado policial en el que estás obligado a demostrar que eres inocente.

El Gobierno esconde 2.000 muertos

El Gobierno trilero ha escondido casi 2.000 muertos. Ahora son 26.834 y no los casi 29.000 del día anterior. Por arte de magia y sin asomo de vergüenza. Nada por aquí, nada por allá. Son muertos de quita y pon, muertos de ínfima categoría por los que el dictador maniquí y su banda de desalmados no sienten la más mínima consideración, mucho menos piedad. Nadie puede creerse sus mentiras de hojalata.  

El ministro de la porra se ha cortado el pelo. Su flequillo a lo Octavio Augusto le queda muy bien. Está requeteguapo. Hemos conocido que ha destituido al jefe de la Guardia Civil en la Comandancia de Madrid, el coronel Diego Pérez de los Cobos, por investigar la relación entre las manifestaciones del 8-M y la propagación de la enfermedad. Craso error. Este Gobierno autoritario no tolera que nadie abra la caja de Pandora en la que se acumulan el dolor y la soledad de casi 40.000 muertos.

La propaganda que no cesa. Nueva campaña del Ejecutivo para inocular optimismo en la población acongojada. "Salimos más fuertes" es el lema elegido.

¿Más fuertes? Valiente estupidez la de los publicistas del Régimen. De esta tragedia  saldremos más rotos y divididos. Vendrán más años malos y nos harán más ciegos, más fríos, más secos y más torvos, como escribió el cascarrabias Ferlosio.

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