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LA LIBRERÍA

‘Mundo Weird’, una colección de relatos asombrosa que te hará mutar

El postgrimorio extraño y palpitante que publica Holobionte Ediciones es una de las mejores antologías que uno recuerda; de hecho es tan buena que puede que haya sido soñada

26/12/2022 - 

VALÈNCIA. Por estas fechas los medios se llenan de listas de lo mejor lo-que-sea del año: son útiles para escoger regalos para la familia o para sugerir regalos ante la pregunta qué queremos para Reyes, que a medida que uno crece, puede volverse más y más difícil de contestar. Estas listas suelen ser bastante uniformes: en el caso de los libros —en la mayoría de casos, en realidad—, es común que se dé cierto consenso. Esto es así porque la publicidad consigue que sea lea más o menos lo mismo, o bien que se diga que se ha leído, al margen de que haya sido así o no. Confeccionar una lista y dejar fuera alguno de los títulos que el canon marketiniano ha dicho que son la gran revelación de la temporada puede dañar la reputación de quien la firma. Mucha gente está convencida de que un libro es excelente, e incluso le puede sorprender no encontrarlo en ese tipo de selecciones, pese a no haber visto ni sus tapas

Es la magia de los grandes presupuestos, de la presión psicológica que pueden llegar a generar, pero también de la pereza: si todo el mundo dice que es un libro que tiene que estar, resulta más sencillo incluirlo en una lista remix de otras listas. Tantas listas no pueden estar equivocadas, y si lo están, nadie va a señalar al rey para mostrar que está desnudo. Por supuesto, hay listas honestas. El problema de las listas es que no pueden contenerlo todo: quedan en sus márgenes las siguientes mejores obras, pero sobre todo, ese inmenso océano de lo que no se ha leído —o escuchado, o visto—. La producción cultural del ser humano del Antropoceno es tan masiva que es absolutamente imposible conocer una proporción decente de cualquier rama como para considerarse experto sin reducir mucho el espectro de lo mínimo que se necesitaría para ser realmente un experto. Incluso con muchísimo tiempo libre, o con un trabajo que supusiese una dedicación total a leer, nadie podría leer ni una ínfima parte de lo que se edita al año no en el mundo, sino solo en España. Eso, claro está, deja un margen muy amplio a la sorpresa. A la exploración salvaje.

Una antología de relatos es en sí misma una lista, sin embargo, una vez leída, cuesta creer que en esa barbaridad que es Mundo Weird. Antología de ficción extraña vol.1 y que ha publicado Holobionte Ediciones (la edición es de Federico Fernández Giordano y Ramiro Sanchiz) haya quedado fuera algo mejor que lo que ya contiene. Y es posible que así sea, lo que pasa es que la lista, tal y como indica ese vol.1, no está cerrada. Victoria. No exageramos si decimos que este libro debe ser de lo mejor que ha recibido número de depósito legal durante el año dos mil veintidós por estas tierras. El weirdonomicón que Holobionte ha extraído del fango musgoso de un planeta similar al nuestro a la deriva en el espacio temporal que no es el pasado, el presente ni el futuro, y que ha tenido que arrancar de las manos de tu cuerpo, que yace allí ni vivo ni muerto, reúne diecinueve textos procedentes de diferentes corrientes literarias de la Tierra, como la escena anglosajona o el increíble boom weird latinoamericano; desde la ciencia ficción hasta la ficción especulativa, pasando por el ciberpunk o el bizarro. La plantilla de weirdomorfos holobiónticos incluye, nada más y nada menos que a China Miéville, Gary J. Shipley, Michael Cisco, Liliana Colanzi, Luis Carlos Barragán, Maximiliano Barrientos, Simon Sellars, Blake Butler, Agustín Fernández Mallo, Ana Llurba, Joe Koch, Amy Ireland, David J. Roden, Mike Corrao, Germán Sierra, Stephany Méndez, Edmundo Paz Soldán, Jorge Carrión y Cynthia A. Matayoshi. La apuesta es alta, pero es que desde la primera página, una sustancia oleaginosa, una materia oscura ciclonopédica, se filtra hacia nuestro interior a través de los poros, y no podemos más que contemplar admirados el terrible paisaje del relato Covehithe de Miéville. A partir de ahí, la locura: Amor de gulgumbro, de Luis Carlos Barragán, debería ser referenciado incansablemente en cualquier conversación sobre buena literatura; No está muerto lo que duerme eternamente, de Ana Llurba, es sencillamente sensacional; Por favor, entre, de Cynthia A. Matayoshi, te hackea el cerebro; Bienvenido al nuevo mundo, de Edmundo Paz Soldán es terroríficamente bello. Para siempre, de Amy Ireland, terrorífico del modo en que lo es la eternidad. 

Para hacernos una idea, ¡Cuidado, lobo! (Fragmentos), de Gary J. Shipley, termina así: “Y también buscamos a otros y los trajimos: la azafata japonesa con media docena de gatitos ciegos en su prolapso después del embarazo; el cartero de Nueva Jersey demolido poco a poco por sus propios estornudos; la actriz de cine B norteamericana con los recuerdos de Edmund Husserl; el gigante de origen ucraniano gratificado analmente por la punta del edificio Chrysler; la mujer de la limpieza italiana dirigida desde el interior por soldaditos de plomo conmemorativos de la guerra de los Bóers; el neonazi transexual griego clonado a partir de mil prejuicios judíos; la princesa descendiente de los cocodrilos; el bebé con el cerebro dañado que puede respirar bajo el agua y recitar la obra completa de Rimbaud; los reclusos con chinches en las muelas; la familia nuclear congelada en una sola pieza y parecida a un tetrápodo primitivo; el…”. Hay que leerla para entender su potencial para expandir los correosos límites de la imaginación humana, tendente a atrofiarse por efecto de lo estándar. Mundo Weird es lo antiestándar, un artefacto hipnagógico que encapsula una sustancia bionarrativa nacida del continuo weird, cuya mayor virtud no es lo adictiva que resulta, sino que por suerte para sus consumidores se vende con la promesa de que esta no será la última dosis, sino que habrá más, y si tenemos la suficiente fortuna o afinidad dimensional, las últimas las disfrutaremos ya en el otro lado. 

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