¿Cambio de ciclo?: el sector musical valenciano responde en su año más convulso

Música y ópera

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VALÈNCIA. Las últimas cifras conocidas de la música en directo en la Comunitat Valenciana siguen siendo extraordinarias. El sector aportó en 2024, según el estudio elaborado por el IVIE, más de 384 millones de euros al PIB valenciano y mantuvo una tendencia de crecimiento que ni siquiera la dana consiguió frenar. Sin embargo, apenas unos meses después de presentar ese balance optimista, el sector atraviesa probablemente su momento de mayor incertidumbre desde los años de pandemia. 

Una sentencia y su onda expansiva que ha obligado a replantear el modelo de festivales en la ciudad València; pero a todo eso se le suman también las dificultades para compatibilizar grandes eventos y descanso vecinal en otras ubicaciones, el aumento de los costes de producción y un mercado que empieza a mostrar síntomas de agotamiento. El punto actual trasciende la pregunta sobre dónde celebrar los conciertos, sino que obliga a analizar si la industria valenciana está entrando en un cambio de ciclo que podría obligar a repensar buena parte de su modelo.

Si algo define el estado de ánimo del sector es la incertidumbre y cierto desánimo. Aunque el volumen de actividad continúa siendo elevado, todo es más complicado y los sold out, simplemente han dejado de suceder.. "Estamos muy preocupados porque es una situación de incertidumbre absoluta. Incertidumbre para nosotros, para el público, para los proveedores y también en los contratos con los artistas", resume Joanvi Díez, presidente de Promfest

El promotor describe un escenario que va mucho más allá de las consecuencias jurídicas de la sentencia sobre los festivales de la Ciutat de les Arts i les Ciències: "Cuando estás en pleno concierto y la gente empieza a quejarse, llegan los representantes enfadados, el artista no está cómodo... Se genera una situación que nadie desea".

El caso del Bigsound, trasladado con atino este año a Torrent tras la polémica decisión judicial, hace no solo posible sino necesario encontrar espacios y fórmulas que permitan compatibilizar la actividad con el descanso vecinal. "No sé si estamos hablando de una nueva etapa para toda la Comunitat Valenciana, pero probablemente sí para la ciudad de València", señala. La capital encadena cancelaciones, cambios de sedes y desaires políticos; otros municipios podrían aprovechar la situación para absorber parte de esa actividad. 

Luis Óscar García, presidente de la Federación Valenciana de la Industria Musical (FEVIM), comparte parcialmente ese diagnóstico y rebaja el alcance territorial del conflicto. "Lo que está ocurriendo sucede en la ciudad de València; fuera de ella no pasa. Castellón y Alicante siguen funcionando con bastante normalidad", explica. 

Incluso considera positivas algunas de las limitaciones sonoras introducidas durante los últimos años: "Como promotor y como empresa de sonido creo que una regulación es necesaria, también por la salud auditiva del público. Otra cosa distinta es cómo se aplica esa normativa".

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Un diálogo todavía sin soluciones

El sector tampoco habla con una sola voz cuando analiza la relación con las administraciones. Ambos representantes consultados coinciden en que durante los últimos años se habían producido avances importantes en la interlocución institucional, pero discrepan sobre hasta qué punto esos canales están siendo capaces de responder a la crisis actual.

Díez insiste en que las promotoras llevan años intentando construir soluciones junto a las administraciones y rechaza que el sector haya permanecido inmóvil ante los problemas de convivencia. "Siempre hemos intentado ser propositivos. Sabemos que existe una norma y que hay que cumplirla, pero también creemos que es una norma extraordinariamente restrictiva”, explica.

Por ejemplo: "Hablar de 45 decibelios por la noche es prácticamente hablar de silencio absoluto. Es imposible cumplir esos niveles en un espectáculo de música en directo". Por ello, asegura que ahora mismo el objetivo pasa por negociar modificaciones o excepciones que permitan compatibilizar la actividad cultural con el derecho al descanso. 

El contexto de este año, que sigue teniendo consecuencias en todos los eventos musicales de la ciudad, he hecho urgente una reclamación que tenían mucho antes de la sentencia: la de un recinto en el que poder hacer un festival con garantías.

Desde la FEVIM, el balance institucional resulta bastante más optimista. García sostiene que la relación con la Generalitat continúa siendo "buena" y recuerda que las asociaciones profesionales siguen participando en reuniones para consensuar convocatorias de ayudas y otras medidas. 

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Sobre la anunciada Dirección General de Industria Musical, anunciada por Carlos Mazón en julio de 2024 y paralizada tras la dana, García opina que “era un proyecto que podía haber supuesto un salto importante para la industria musical valenciana", afirma. Aún así, reivindica que el actual Consell fue el primero en elevar la música “a una cuestión estratégica desde Presidencia”.,

El futuro inmediato pasa, en todo caso, para uno y para otro, por recuperar una interlocución estable entre administraciones y sector. "Ahora mismo lo que estamos intentando es aportar propuestas. Porque la situación, sencillamente, no es sostenible”, lamenta Díez.

El cambio de ciclo que ya preocupa al sector

Si el terremoto regulatorio de la capital ha marcado la conversación pública durante los últimos meses, la mayor preocupación de muchos promotores va bastante más allá de València. En toda España se acumulan los festivales cancelados por problemas de viabilidad. Los costes de producción continúan creciendo, los cachés de los artistas siguen disparados y el público ya no compra entradas con la facilidad de hace apenas unos años. Después de muchos años con premoniciones que los datos de asistencia y recaudación demostraban falsas, ¿es este el verdadero final de la burbuja de los festivales?

"Antes los festivales hacíamos sold out con una facilidad increíble. Ahora ya no se venden las entradas como antes”, reconoce Joanvi Díez. Los datos macroeconómicos continúan siendo positivos, pero los promotores advierten de que esas cifras todavía reflejan una inercia que puede no repetirse en los próximos ejercicios porque ha cambiado el contexto.

El consumo de los festivales parece haber dado paso a los macroconciertos-experiencias que, anclados además en Madrid y Barcelona, desfondan económicamente al público de otros territorios como el valenciano.

Díez no habla todavía de una crisis irreversible, pero sí de un mercado que está dejando atrás la etapa expansiva posterior a la pandemia: “Creo que estamos entrando en un cambio de ciclo. Hay que hacer un análisis interno porque las entradas simplemente ya no se venden igual”.

Las consecuencias empiezan a verse en la programación. Algunos ciclos desaparecen, otros reducen dimensiones y muchos promotores prefieren renunciar a determinados proyectos antes que asumir pérdidas.

El presidente de FEVIM, por su parte, recuerda que el mercado siempre ha funcionado por ciclos, con proyectos que desaparecen y otros que se consolidan. “No creo que estemos ante una burbuja de festivales", sostiene.  Sin embargo, sí reconoce que el encarecimiento del mercado está provocando cancelaciones y obliga a profesionalizar todavía más el negocio. A su juicio, parte de las suspensiones responden también a que “hay mucho amateurismo. Hay gente a la que le gusta la música y piensa que montar un festival es sencillo. Luego descubre cuánto cuesta contratar a un artista o producir un evento y el proyecto termina cayéndose".

Frente a ello, García reivindica la experiencia acumulada por las empresas profesionales del sector y considera que la Comunitat Valenciana continúa manteniendo una posición sólida dentro del panorama nacional.

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Reiniciar el modelo sin renunciar a la música

La sentencia sobre la Ciutat de les Arts i les Ciències otra vez ha actuado como detonante de problemas que el sector llevaba tiempo señalando: la necesidad de espacios preparados para grandes eventos, una regulación adaptada a la música en directo y una planificación compartida con las administraciones.

Paradójicamente, pocas voces cuestionan el potencial de la Comunitat Valenciana como territorio musical. El propio Bigsound ha demostrado en Torrent que siguen existiendo alternativas cuando existe coordinación institucional y planificación previa.

En ese sentido, Joanvi Díez sigue defendiendo el proyecto de València Music City, aunque reconoce que requerirá mucho más trabajo del previsto: ”Yo creo en ese proyecto. Tendremos que hablar con los vecinos, con las administraciones, con los políticos y con los técnicos, pero tenemos que creer que es posible”.

Luis Óscar García comparte ese optimismo y cambia el foco: “A mí lo que realmente me preocupa es el cambio generacional. La media de edad en muchos conciertos es muy alta y habrá que ver cómo se incorpora la gente joven a la música en directo”, advierte.

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