Música y ópera

VALÈNCIA A TOTA VIROLLA

El concierto del Palau que el pianista Talón no quería acabar nunca… porque alguien escuchaba por primera vez

El concierto más reciente del músico valenciano en el Palau de la Música escondió un suceso del que casi nadie en el público fue consciente. David, uno de sus grandes amigos, podía sentir su música por fin

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VALÈNCIA. Hace unos días Rubén Talón estaba a punto de aparecer en la Sala Rodrigo del Palau de la Música de València. Talón al piano. Allí ocurriría algo inédito que, en cambio, en pleno fragor, no sería percibido por nadie. Excepto por un grupo muy reducido. El concierto iba a tener una dimensión insólita para dos personas. Alguien escuchaba a Rubén Talón por primera vez. No porque no hubiese querido escuchar antes. Mucho antes. El pianista tocaba por primera vez para ese alguien.

El programa de la tarde incluye a Satie, Liszt, Chopin y Ravel. Sirve de viaje por la Europa del XIX y el XX. Todo fluye entre estética y lirismo. Ni el propio Talón -concentrado primero, como dejándose llevar por la naturaleza de la escena, después- sabe qué le va a ocurrir hacia el final de su concierto. Ignora que, compinchado junto con algunos amigos, en las primeras filas, ese alguien escucha al pianista. Ahora ya sí.

Talón, de quien se dijo que se trataba de uno de los músicos valencianos más prometedores, ahora ya consolidado. Talón, el primer español en ser admitido por la Accademia de Imola, Italia. Talón, Gold Prize en el World Classical Music Awards por su último disco. Talón, que ha sido llevado en andas durante la última hora y pico por el público de su ciudad, que llena la Rodrigo, se ha sorprendido bruscamente al acabar. Ha visto a alguien. “Justo cuando salí a tomar el primer bis, lo vi”, dice Talón. Que también explica cómo “en ese instante, la emoción se multiplico. Me sentí tan conmovido que, de forma espontánea y poco usual en mí, dirigí unas palabras al público diciendo que veía a muchos amigos entre la audiencia”. Talón, al acabar en rigor el programa, antes de la zona bis, se gira a la audiencia. Es uno de esos momentos en el que una cierta cuarta pared se viene abajo. Y es cuando Talón ve a David.

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David ha estado atendiendo a Talón desde antes incluso de su carrera formal. Desde sus primeros compases. Presenciando sin poder escuchar. Preguntando cómo suena lo que el pianista toca. “Me esforzaba por traducir las notas a palabras, intentando que él pudiera ‘ver’ la música a través de mis descripciones”, recuerda Talón. “Durante toda mi carrera, el deseo de que pudiera escucharme fue un anhelo compartido, una meta que parecía inalcanzable”, dice también. Porque David nació con sordera neurosensorial bilateral congénita profunda. Un montón de palabras para tratar de llamar a una ausencia. 

Cuando el pianista se gira, casi para despedirse, ve a David allí, escuchando, por primera vez. La primera vez. La primera tras su cirugía del implante coclear. No, nadie en el público sabe qué ocurre ni puede imaginar que allí, a punto del bis, dos amigos se cruzan las miradas y entienden que lo inalcanzable está delante de ellos. El pianista solo puede responder de una manera. De aquí no se marcha nadie. Otro bis. Cuando parte del público sale escopetado, que llegamos tarde a la cena, otro bis. Y otro bis. “Estaba allí, junto a nuestros cinco amigos que tenemos en común, escuchándome”, cuenta Talón. Otro bis más. 

Cuando el público se retira del todo, ese alguien se queda. “En un abrazo nos lo dijimos todo. En ese momento se condensó todos nuestros años de silencio compartido. Me confesó que se sintió conmovido por la música y la capacidad transformadora que tiene para hacer experimentar un sentimiento de felicidad plena; me dijo que, por fin, todo cobraba sentido. Aquellos gestos corporales que él veía cuando yo tocaba y que siempre intentaba imaginar cómo sonarían, finalmente tenían un sonido real. Ahora, por fin, entendía lo que antes solo podía ver”. 

A David su operación le ha descubierto un universo nuevo. Dice que puede percibir sonidos que antes ni imaginaba. El susurro de las olas de mar, los pájaros. El piano.

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