Esas personas que te descubren nueva música

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VALÈNCIA. “Recordatorio: las personas que te muestran nueva música son importantes”, dice una frase convertida en meme que lleva tiempo circulando por el ciberespacio. Como todos los buenos memes, contiene algo de broma y algo de verdad elemental. Como todos los buenos memes, es una frase que podría acabar impresa en una camiseta o tatuada en la piel de los más audaces. El caso es que sí: las personas que te descubren música que no conocías son importantes. Lo son tanto si te hablan de un artista ahora, esta misma semana, como si lo hicieron treinta años atrás. A veces cobran la forma de un conocido, de una desconocida, de una firma en una revista o de un nombre que aparece en internet en el momento justo. La versión original de la frase se limitaba a afirmar esa importancia. La más reciente —la que yo descubrí este verano, ilustrada con uno de esos paneles electrónicos que vemos en las autopistas— añade al principio la palabra recordatorio. Y esa palabra lo cambia todo, porque cuando una imagen se repite una y otra vez acabamos acostumbrándonos a ella y perdiendo contacto con su significado. Por eso conviene recordar a esa gente que, en las circunstancias más dispares, te descubre una canción, un álbum o un artista y se gana un lugar especial en la memoria. O al menos así es como yo lo veo y como imagino que lo verán los potenciales lectores de este artículo, hijas e hijos de la segunda mitad del siglo pasado.

Aunque mi primer impulso sea pensar en periodistas, locutores y demás profesionales de la comunicación, las personas que te muestran nueva música no tienen por qué pertenecer a ese mundo. Hay amistades y desconocidos que desempeñan muy bien ese papel y, además, te ahorran el contexto que envuelve a los llamados prescriptores. Prescriptor es una palabra muy fea y muy poco rocanrolera, pero ha habido expresiones mucho peores a la hora de referirse a periodistas y locutores que descubrían músicos y músicas a su público. Recuerdo que líder de opinión era una de ellas. Eso fue en los noventa, antes de que internet llegara para cambiar la vida en el planeta. Son expresiones que se remontan a los años en los que, para descubrir cosas que no sonaban en las radios convencionales, era primordial invertir tiempo, dinero y paciencia, además de apañarse un poco con el inglés para tener información fidedigna. Si te dedicabas a escribir sobre música o tenías un programa de radio que apostara por lo que se hacía en los márgenes —es decir, la periferia del pop antes de que adjetivos como alternativo o indie fueran oficialmente aceptados—, seguramente llegaste a ser una de esas personas importantes. Gracias a ti, alguien supo que tal grupo existía y, desde entonces, ese grupo o esa solista ayudó a apuntalar la vida de una persona en momentos muy concretos. La música pop es una de esas formas de arte que va revelando nuevas capas de información a medida que pasa el tiempo: un vasto contenedor de datos culturales que, sin pretenderlo, avanzaban ideas del futuro cuando la mayoría los tomaba únicamente por un entretenimiento inocente y sin mayor recorrido.

Hubo un pasado ya lejano —por el tiempo transcurrido y porque durante ese mismo tiempo se han generado multitud de cambios, algunos muy violentos, que todos hemos podido conocer de inmediato— en el que recomendar música con conocimiento de causa no era tarea fácil. Pero sigo hablando todo el tiempo de profesionales cuando lo cierto es que, al ver ese meme, lo que me vino a la mente fueron esas personas que, de una manera aleatoria, te llevan a escuchar algo cuya existencia desconocías. Llegados a este punto del camino se produce una bifurcación importante. Seguramente, donde hoy tienen lugar más descubrimientos de todo tipo es en esa Matrix que conforman las redes sociales. Mis hallazgos por esa vía son muy específicos y, salvo memorables excepciones, suelo interesarme más por los perfiles donde el contenido, y no su generador, es el protagonista. Me atrae el comentario espontáneo, el que se hace sin un público delante, el que surge entre cinco, cuatro, tres, dos personas. El de la vida real. Seguro que los otros caminos son útiles para decenas de miles de almas, pero, recordatorio, no suelen serlo para mí.

Jonathan Richman —últimamente lo cito a menudo, supongo que porque es un maestro en la destilación de lo esencial— tiene una canción que se titula Important in Your Life, 'importante en tu vida'. Esa imagen, aplicada a la música, me parece maravillosa: alguien, amiga, amigo, extraña o extraño, que en un contexto seguramente aleatorio te dice: “¿Conoces esta canción? ¿Te suena este músico?”. Y resulta que, en esos dos casos y en cualquiera de sus variantes, la respuesta es no. Eso difícilmente pasará en la vida virtual porque, cuando alguien formule esa pregunta, muchos usuarios, papá-mamá Google mediante, dirán que sí, aunque la respuesta verdadera sea que no. Hablamos de un espacio donde lo importante no es la realidad, sino escenificarla; apropiarse de la información aprovechando que se juega con la distancia. También propicia no tener que dar las gracias, ni con palabras ni con emojis.

Por eso, cuando aparece ese meme y lo hace añadiendo la palabra recordatorio, estamos hablando también de gratitud. Les estoy muy agradecido a mis maestros y maestras del periodismo musical por toda la música que me enseñaron a través de sus artículos, cuando escribir sobre música era una vocación que probablemente no deparase beneficio alguno. También les estoy muy agradecido a las personas que me han recomendado discos. Tal vez, en el mundo actual, alguien como yo (me refiero más bien a mi trayectoria profesional) no debería decir estas cosas en público, y menos aún dejarlas dichas por escrito. Como nunca me ha gustado eso que ahora llaman postureo —una forma suave de hablar de impostura—, escribo esto como acto de reafirmación. La importancia de las personas que te descubren nueva música es inseparable de la gratitud que les debemos. Lo sé por experiencia. Por las veces que he dado las gracias a quienes me enseñaron y por las veces que me las han dado mis lectores, además de alguna que otra oyente atenta en las raras ocasiones en las que hice radio. Una canción también es una forma de compañía. No deberíamos olvidar a quien nos la presentó.

 

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