VALÈNCIA. La Habitación Roja ha entrado en la casa de la Orquestra de València, el Palau de la Música. Y la formación municipal ha entrado en La Habitación Roja. Un viaje de ida y de vuelta, que rima bien pero hay que saber encajar.
En eso están estos días. En la Sala Iturbi conviven más de 60 músicos de la OV con Jorge Martí, Pau Roca, Marc Greenwood y José Marco. Entre los dos mundos, el maestro Daniel Abad se encarga de mediar y ordenar. Ejerce como director invitado para finiquitar el encargo que recibió hace ya más de un año: el de transformar al formato sinfónico una setlist que resuma 30 años de discografía.
A tres días del concierto con el que la banda celebrará esas tres décadas de vida, el ensayo de ayer ya dejó entrever que no se trata solo de un cruce entre indie y música sinfónica. “Tengo la sensación de que para llegar hasta aquí… Esto no ha sido un regalo. Son 30 años haciendo discos, canciones y cientos de conciertos”, confiesa Jorge Martí, en conversación con este diario.
Él habla de “justicia poética” y de “recompensa moral”. De una trayectoria levantada desde abajo, sin grandes estructuras industriales detrás, que desemboca ahora en uno de los escenarios más simbólicos de la música valenciana. “Todo nos ha llevado aquí”, resumía. Así se toman el concierto que llevarán a cabo este viernes 22 de mayo en la sala grande del Palau, para el que apenas quedan unas decenas de entradas.
La escena del ensayo, al que fueron invitados los medios de comunicación, tenía algo de descubrimiento mutuo. Era el primer día que se subían al escenario juntos, y hoy era el momento de mirarse a la cara, conocerse y reconocerse, y empezar a ajustar el sonido.
Los músicos de la orquesta leen unas partituras construidas a partir de canciones que forman parte ya de varias generaciones de oyentes valencianos; la banda, por su parte, trata de encontrar su sitio dentro de una masa sonora tan consolidada como la OV.
30 años y un leitmotiv
“Suena conmovedor. Daniel Abad ha cogido nuestros arreglos, nuestras melodías, elementos que nosotros reconocemos perfectamente. Ha intentado ser fiel a las canciones y aportar luego su parte, pero siempre respetando las melodías”, desarrolla Martí.
El encargado de construir ese puente entre ambos mundos lleva cerca de tres meses trabajando codo con codo —principalmente por teléfono— con los miembros del grupo: “Pienso en las canciones de La Habitación Roja como si fueran un dibujo muy bonito al que me han permitido colorear. El dibujo en esencia ya era bueno. Yo he tenido la oportunidad de mezclar diferentes colores y texturas para darles una apariencia diferente”.
El repertorio recorre tres décadas de trayectoria y etapas musicales distintas: canciones más inmediatas y rockeras conviven con otras más melancólicas e introspectivas. Abad reconoce que las primeras fueron las más complejas de trasladar al lenguaje sinfónico, aunque asegura que el resultado ha terminado sorprendiendo incluso a los propios músicos: “El primer día, sin estar todavía la formación completa, ya sonaba casi como una banda sonora”, apuntaba.

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- Foto: LIVE MUSIC VALENCIA
También Jorge Martí habla de esa referencia: “Muchas de nuestras canciones siempre han tenido un punto cinematográfico. Había momentos del ensayo en los que pensaba: ‘Ostras, esto parece una banda sonora’”.
Esta emoción y carácter melódico de las canciones ha facilitado el encuentro entre la banda y la orquesta. “Nuestra música casa bien con este tipo de formato. Las letras tienen un calado emocional grande, mucha verdad ahí; y creo que va a ser muy emotivo”, defiende Martí.
El concierto también obliga a ambos mundos a desplazarse ligeramente de su terreno habitual. La Habitación Roja juega “de visitante” en la casa de la orquesta, aunque reivindicaba el aprendizaje mutuo que está produciéndose durante el proceso. “He descubierto también la importancia de un buen director de orquesta. Consigue amalgamar todo y dotarle de continuidad y coherencia”.
Abad, por su parte, subrayaba precisamente esa capacidad de diálogo: “La actitud de la Orquesta está siendo maravillosa. Al final, la música es música, y la buena música siempre es atractiva para todos los músicos”. El concierto se grabará para una futura edición y el setlist recorrerá canciones de varios discos.
Quedan todavía ajustes técnicos, equilibrio de volúmenes y ensamblaje fino entre banda y orquesta. Quedan también unas 48 horas. Pero incluso en medio del proceso, con los nervios aún encima, en el ensayo ya flotaba la sensación de asistir a una la dimensión de unas canciones que, sin dejar de ser reconocibles, parecían empezar a respirar de otra forma. Como si durante treinta años, hubieran estado avanzando silenciosamente hacia este escenario.
