VALÈNCIA. ¿Quién dice que un perro no puede ladrar en clave de pop? Sí, sí, ladrar, componer melodías con ese sonido que para tantos es tan molesto y que para los dueños que saben escuchar suenan como palabras. Un diálogo con un perro puede ser, si se piensa bien, una canción, y una manera de componer un mundo alrededor del animal. Este es parte del reto del artista Lluisen Capafons, miembro fundador de la banda valenciana Gazella y que ahora se presenta en solitario con su proyecto musical Rey don perro, que se subió a dar un paseo por la Sala 16 Toneladas este viernes 15 de mayo dentro de la primera edición del Festikarrots.
Ese mismo día presentará, por primera vez en directo, su primer EP como Rey don perro: Mansión Castillo, un trabajo único en el que Capafons demuestra que “no hay que tenerle miedo al pop”. Entre nueve temas que viajan desde París hasta el interior de una casa -que bien podría ser una persona- el artista y compositor se atreve a jugar con sonidos nuevos en un trabajo en el que juega a esconderse tras una máscara plasticosa de perro que encontró por internet. Una vez descubierta su identidad, se atreve a componerle un EP nada más y nada menos que a su perrita: Ozzy, una bola de pelo encantadora que ahora puede decir que tiene un humano que le ha dedicado varias canciones.
“Siempre he tenido un vínculo muy especial con los animales, principalmente con los perros, y la idea de dedicarle un disco a ella, a mi pareja, a mis amigos y a mi familia me parecía muy interesante. Todas las letras hablan de mis vínculos y del amor, de la casa familiar y de mis emociones, basándome en el concepto de la familia”. De hecho, el nombre de este trabajo, Mansión Castillo, hace referencia a una casa centenaria de su familia “tradicional valenciana, con los suelos clásicos y los techos superaltos”. Abriendo las puertas de su hogar a quien quiera escucharlo, Capafons compone, entre nueve temas, un viaje al interior de su cabeza a través de la música.
Lo hace con un trabajo en el que empieza a construir su carrera en solitario y donde suena puramente a Lluisen, dejándose llevar en su sonido “más pop” y experimental. “Juego con una producción un poco más urbana y también me atrevo con letras que van más directas al oyente, busco un concepto que sea más tangible y menos atmosférico. Creo que a veces le tenemos un poco de miedo al pop y es un género en el que te puedes mostrar de una manera más cruda, en la que te expones más a la gente para que pueda verte directamente”.
Para encontrar este sonido más puro y que habla de él, viajó hasta su pueblo, Caminreal, junto a su productor Pablo Iglesias (Opio del mono) para encontrar un sonido único en el que reflejarse como en un espejo. Con un teclado MIDI, una guitarra eléctrica, una acústica y una flauta compuso lo que sería este primer EP en el que quiere sonar más puro que nunca: “Busco generar un trabajo que pueda sonar con una guitarra; quería que las canciones tuvieran un sentido y una melodía muy concretos para hablar de las cosas que me importan”, destaca el artista, que a golpe de un “guau” encuentra en Mansión Castillo un enorme patio con una pradera verde en la que comer, desenterrar huesos de la tierra y jugar con los animales que le rodean.

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- Foto: HECTOR PARRA