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DEL ESTUDIO AL TALLER

Entre diseño, ilustración y sátira: nuevas generaciones empujan los límites de las fallas

Repartidores de Glovo, casas apiladas como en el Monopoly o pájaros cuco que invaden cerebros: creadores como Miguel Hache, Javier Valiente o Estudio Quemadera introducen nuevos lenguajes en las fallas

  • Mentides en construccio? de Javier Valiente
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VALÈNCIA. Las Fallas han sido siempre un espacio donde experimentar con nuevas ideas, pero en los últimos años algunos artistas están empujando ese terreno un poco más lejos. Nuevas generaciones de diseñadores, ilustradores y artistas visuales se acercan al universo fallero desde otros lenguajes, imágenes y discursos que se alejan de la estética habitual para hablar de temas tan necesarios como la crisis en la vivienda, la precariedad o, simplemente, para explorar otras maneras de imaginar el monumento. “La gente quiere ver cosas nuevas y sorprenderse. Me gustaría que esto avanzara hacia unas fallas más diversas, porque para gustos… las fallas”, apunta el artista Miguel Hache.

Uno de esos ejemplos es el propio creador valenciano, que este año ha diseñado cinco ninots, tres para fallas infantiles y dos para fallas grandes, en los que aparecen temas muy presentes en nuestra sociedad. Lo hace, además, a través de imágenes muy directas y simbólicas, como la de un repartidor casi empaquetado en su propia mochila de comida para llevar. Lo que quieras, donde quieras es el lema de esta propuesta, presentada por la Falla Micaela y nominado a mejor ninot experimental infantil.

“Pienso que las Fallas son una oportunidad para hacer reflexionar a la gente. Ocupamos un espacio público durante una semana, gracias al esfuerzo de una comisión que confía en tí un proyecto. Y esto es un compromiso, no solo con la comisión, sino con cualquier persona que pueda visitar la falla. Me interesa, por eso, hacer pensar un poco a la gente y poder dar voz a problemáticas que suceden en el barrio. Aportar este granito de arena me hace sentir mejor”, explica Hache. 

Entre esas imágenes aparece también la de un pájaro cuco que irrumpe en un cerebro convertido en nido. La escena, planteada para la falla Palleter, utiliza esta figura para hablar del daño cerebral como una invasión silenciosa. Una lesión -ya sea un ictus, un accidente o una enfermedad- actúa como el huevo de un cuco que llega sin permiso y altera el equilibrio construido durante años por recuerdos. En esa misma comisión el artista trabaja además un proyecto infantil centrado en las neurodivergencias. 

  • Falla Palleter, por Miguel Hache -

Por otra parte, la crisis de la vivienda aparece en sus propuestas para la falla de Plaça de l’Arbre con el ninot Balcón con divisas, una pieza que juega con el encarecimiento de las vistas en la ciudad. A través de la barandilla de un balcón, cuya ornamentación incorpora símbolos monetarios, el artista ironiza sobre uno de los factores que más encarece el precio de un hogar. La imagen se completa con otra escena protagonizada por un niño que camina sobre el marco de una ventana mientras lanza un avión de papel y sostiene una casa en la otra mano, una metáfora sobre la dificultad de emanciparse en el contexto actual.

Cuenta Miguel Hache que antes de dar forma a todas estas propuestas suele partir de una idea o mensaje que le gustaría transmitir. “Trabajar con imágenes me divierte, es como un juego. De alguna manera intento reducir a una imagen lo que quiero contar. Me hago listas, bocetos, pruebas con material... A veces, hasta que no construyo una maqueta no lo veo claro.”

En los últimos años, explica el artista, los trabajos experimentales están ganando más atención. “Creo que se le está dando más visibilidad a las fallas experimentales y que el nivel ha subido. Eso hace que haya más público interesado en ellas. No sé si está cambiando la forma de pensar, pero creo que es muy positivo para las Fallas.”

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A este interés por explorar nuevos lenguajes se suma también el trabajo de Javier Valiente. “Soy diseñador gráfico y utilizo las fallas casi como un campo de estudio. Me interesa comprobar si una idea gráfica sigue funcionando cuando deja de ser una imagen plana y pasa a ocupar un espacio: cuando pesa, cuando puedes rodearla… y cuando finalmente se quema”. Para el profesional, plantear un monumento fallero implica enfrentarse a cuestiones que en el estudio no suelen aparecer: “Diseñar una falla obliga a pensar en la escala, la construcción, los materiales o el oficio. No basta con que algo funcione visualmente tiene que sostenerse física y conceptualmente. Esa tensión entre la idea gráfica y la materia es precisamente lo que me resulta más estimulante. Para mí las Fallas son una forma de llevar el diseño fuera de la pantalla y ponerlo en contacto con la calle con el volumen y con el tiempo.”

Este año vuelve a plantar en la Falla Blanquerías con Mentides en construcció, un proyecto que parte de la idea de construir y apilar aquello que parece sólido pero en realidad es frágil e inestable. La propuesta invita al espectador a detenerse, mirar y leer la escena antes de descubrir que, como todo aquello que no se sostiene de verdad, terminará ardiendo.

“En mis fallas suelo partir de planteamientos muy gráficos, casi como si fueran ilustraciones o composiciones de diseño”, explica Valiente. “Me interesa ver cómo esas ideas se transforman cuando pasan a volumen y adquieren escala urbana”. Trabajar con presupuestos ajustados, añade, hace que el diseño se convierta en una herramienta fundamental para generar presencia con materiales más sencillos. “Intento que la forma, el color y la composición tengan mucho peso, de manera que la falla funcione casi como una gran pieza gráfica en el espacio”. 

  • Falla Plaça del Arbre, Miguel Hache -

El proceso, además, tiene una dimensión colectiva irrenunciable. “He hecho gran parte de la falla yo mismo: cortando piezas, atornillando, pintando… con la ayuda de mi padre y de familiares y amigos. Ese momento compartido también es muy importante, porque hacer una falla tiene una parte de construir entre varias personas algo que después acaba ocupando la calle”.

Para Valiente, la llegada de perfiles procedentes del diseño, la ilustración o el arte contemporáneo está ampliando también el lenguaje de las fallas, aunque reconoce que introducir propuestas distintas no siempre resulta sencillo. “Las Fallas tienen un público muy amplio y muy diverso, y no siempre es fácil que una propuesta diferente encaje a la primera”, señala. Aun así, defiende que esa tensión forma parte del interés del propio proceso. “Quiero intentar aportar otra mirada desde el diseño, explorar otras formas o maneras de construir la falla. No se trata de romper con la tradición, sino de abrir pequeñas grietas dentro de un lenguaje que a veces puede volverse demasiado homogéneo”. En ese equilibrio entre tradición y experimentación, concluye, reside buena parte de la vitalidad de la fiesta.

Nuevas miradas dentro de la falla tradicional

Esa voluntad de introducir otras miradas, en algunos casos, se produce en las propias fallas tradicionales. Es el camino que el Estudio Quemadera sigue en sus propuestas. “En las Fallas hay una endogamia estática muy fuerte, pero las oportunidades son infinitas, aunque a veces parezca que solo valga una cosa. Nosotros tratamos de desmarcarnos desde el punto de vista estético, porque en mi caso vengo de la ilustración, el diseño y el arte, y mi compañero Javi de la arquitectura. Tenemos otros referentes y partimos desde ahí”, explica Víctor Visa

Este año el estudio planta dos monumentos: uno en la Falla Olivereta-Cerdà i Rico y otro en Malilla Ingeniero Joaquín Benlloch. En el primer caso, la propuesta gira en torno a la relación de un padre y su hija a lo largo del tiempo. La obra recorre cuatro escenas distintas que muestran diferentes momentos vitales, desde la infancia hasta el momento en que los roles se invierten y es ella quien acaba cuidando de él. “Es una falla tierna”, explica Visa, que también reivindica el Día de Padre, celebrado el 19 de marzo, así como el origen artesanal de la fiesta y la figura del carpintero, vinculada al patrón San José. “Nosotros estamos aquí, porque nuestros padres hacían fallas, es un homenaje también a ellos”. 

  • Falla Olivereta Cerdà i Rico Estudio Quemadera 3 -

La propuesta de Malilla, en cambio, se mueve en un terreno más político y satírico. Bajo el título Geopolítica, el joc de taula, el monumento utiliza el imaginario de los juegos para hablar de poder, guerra o desigualdad social. Un soldado de juguete convierte el conflicto en una especie de partida, mientras otras figuras remiten al problema de la vivienda a través de casas amontonadas que recuerdan al Monopoly o a un cocodrilo sacamuelas que impide avanzar.

Pero esa manera de plantear escenas no siempre encaja de inmediato en un contexto donde el público está acostumbrado a otros códigos visuales. “A veces la gente lo mira con distancia: les gusta, pero no lo quieren en su falla”, reconoce Visa. Sin embargo, asegura que poco a poco también perciben curiosidad por propuestas distintas, incluso en comisiones más tradicionales. “Al final también hay cierto hartazgo de ver siempre lo mismo, y cada vez más comisiones nos buscan precisamente por eso”. 

  • Falla Malilla Ingenerio Joaquin Benlloc. Estudio Quemadera -

Del monumento al papel: nuevas miradas

Este relevo generacional también se percibe fuera del propio monumento. En los últimos años, diseñadores e ilustradores están renovando la gráfica fallera. Un ejemplo es el trabajo de Javier Valiente, que este año firma la portada del 85 aniversario de El Turista Fallero, una de las cabeceras más reconocibles del calendario festivo valenciano. Para esta ocasión, el valenciano recupera la estética exuberante y sin complejos de las portadas que marcaron las décadas de los setenta y ochenta, reinterpretándola desde un lenguaje visual actual. 

“Para esta portada he querido rendir homenaje a la historia gráfica de El Turista Fallero, recuperando esa estética excesiva de las portadas antiguas, pero hablada desde un lenguaje visual contemporáneo. La imagen mira al fuego de la falla con ironía y respeto, mezclando memoria, riesgo y una mirada actual”, explica el propio autor.

En paralelo, también se están abriendo propuestas que exploran otras posibilidades dentro del diseño editorial de los llibrets. El de la Falla Districte Saladar de Dénia, diseñado por Sergio Avargues, con ilustraciones de Marta Antelo e improso por Nice Guy Press, apuesta por una gráfica colorista y contemporánea. Por su parte, el llibret de la Falla Tío Pep, ideado por Lluís Ofer y también diseñador por Avargues, se articula como un conjunto de piezas impresas que combinan desde el libro principal hasta un desplegable ilustrado con el mapa de los comercios de barrio o un llibret infantil pop-up. Un reflejo más de cómo el imaginario fallero continúa expandiéndose también a través del diseño y las artes gráficas.

  • Llibret Falla Tio Pep -

 

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