Más cultura

UN JUEGO DE CARTAS CON FOTOGRAFÍAS

Jugar a mirar: La Breva transforma su archivo fotográfico en un ‘Dixit’ valenciano

El colectivo valenciano lanza Brevari, un juego de cartas a partir de su propio archivo que propone cinco formas distintas de activar la imaginación y la lectura de imágenes

Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

VALÈNCIA. Puede parecer sencillo a primera vista, pero hace falta algo de imaginación e ingenio para inventar una historia a partir de lo que sugiere una carta. Sobre todo cuando debes conseguir que la imagen que ésta contiene, ya sea por ejemplo una persona frente a un televisor, signifique algo más que eso. La dinámica del famoso juego Dixit se basa en ello: en escoger una carta de la baraja, asociar su imagen a una idea y comprobar después cómo el resto de jugadores ve cosas completamente distinta a ti. O a veces cercanas. Sea como sea, lo importante de esto no es acertar, sino ver hasta dónde puede llegar una imagen cuando pasa por diferentes miradas. En ese sentido, de ese ejercicio de imaginar y compartir lecturas ha surgido ahora Brevari, un juego creado por el colectivo valenciano La Breva que traslada esa misma mecánica al terreno de la fotografía. 

La diferencia es clave. Aquí no hay ilustraciones ni mundos fantásticos, sino imágenes reales extraídas del archivo del propio colectivo. Fotografías que funcionan como detonantes narrativos y convierten el juego en una herramienta para activar la mirada, la creatividad y la construcción colectiva de historias. 

El conjunto de obras es, además, tan variado como las miradas que lo componen. Brevari reúne fotografías de los 13 integrantes del colectivo: Mar Soldado, Charlie Gradolí, Maria Varo, Natàlia Navarro, Ana Ferràndiz, Paula Suárez, Silvia J. López, Charlotte Boulou, Alexandra Willoughby, Diego San Valero, Lorena Gómez, Ian Pérez y Oto. Fotografías procedentes de archivos muy distintos, sin una estética ni una localización común. “Nuestra idea era buscar imágenes a partir de una premisa tan amplia como los sentidos, pero esa idea no se traduce de forma literal en el juego, más bien funciona como una excusa para abrir el archivo, seleccionar imágenes y ver qué ocurre cuando se ponen en relación”, cuenta Navarro. 

La idea llevaba tiempo rondando dentro de La Breva, prácticamente desde los primeros pasos del colectivo. No obstante, decidieron esperar a estar más asentados y ver cómo funcionaban antes de consolidarla. Una vez que el grupo se ha “construido” como tal, y después de un proceso en el que el propio diseño del juego fue mutando y ampliando sus posibilidades, decidieron presentar Brevari el pasado mes de diciembre. Más allá de su semejanza con Dixit, su proyecto propone otras cuatro maneras de jugar. Algunas procedentes del imaginario popular, como puede ser el “teléfono roto”.

​​​​​​

La fotografía puesta a prueba 

“Creíamos que trabajar con la fotografía podía ser algo complicado”, explica Maria Varo. “Estamos mucho más familiarizadas con ella que con la ilustración y pensábamos que quizá, por eso, perdería ese punto de fantasía que te lleva a sitios más inesperados, pero al probarlo con la gente nos hemos dado cuenta de que funciona muy bien. Con una misma imagen, un niño y un adulto pueden construir historias completamente distintas”, apunta. Para La Breva, ahí está pues una de las claves del proyecto, que cada fotografía genere múltiples capas de lectura y abra interpretaciones diversas. 

La respuesta del público ha confirmado esa intuición. “El feedback ha sido muy bonito. Nos sentimos en una incredibilidad constante, porque no esperábamos tanta aceptación”, cuenta el colectivo. La primera tirada fue pequeña y casi sin anunciar, pensada simplemente para llevarla a la Feria Recreo y terminó volando. “Ni siquiera habíamos publicado nada en redes. Luego esperamos un poco para lanzar el proyecto y hacer una segunda tirada, porque no tenía sentido presentar Brevari sin copias que ofrecer”. Desde entonces, la acogida ha seguido creciendo, también fuera de los circuitos habituales de la fotografía.

“No tiene filtro de edad y funciona incluso con gente que no tiene ningún víniculo con la foto”, explican. “Las publicaciones de fotografía normalmente se mueven entre un público muy nicho, pero el juego ha llegado a personas muy distintas. Incluso en la presentación había gente que al principio no se atrevía a jugar y acabó participando”. Para el colectivo, el juego demuestra hasta qué punto una imagen puede activar la imaginación y acercar la fotografía a nuevos públicos, desde lo lúdico y lo compartido.

  • -

Otra posibilidad: jugar con tu propio carrete

Con todo, Brevari también funciona como una herramienta para repensar la propia práctica fotográfica. El juego incluye instrucciones y propuestas que invitan a trasladar la dinámica a archivos personales o proyectos a medio hacer. La idea es imprimir imágenes, mezclarlas, y mirarlas desde otro lugar sin la presión de ese resultado final que a veces exige el propio trabajo fotográfico. 

Para el colectivo, esa dimensión es clave. “Si llevas un tiempo un tiempo bloqueada, el juego puede ayudarte a activar otras cosas”, explican. “Proponerse fotografiar solo un suelo, un marco o un sillón, trabajar esa vista fotográfica, pueden desbloquear procesos creativos estancados”, apunta Charlie Gradolí. En este sentido, Brevari no está pensado solo para jugar, sino también como un dispositivo que fomenta la experimentación, el error y el “crear por crear”, una idea que atraviesa buena parte del trabajo de La Breva. 

Por otra parte, el cuidado por el objeto también era importante para el proyecto. El reverso de las cartas y el propio packaging han sido diseñados por Estudio Ejemplar y, además, cada carta incluye la autoría de la fotografía. Una decisión consciente, explican desde el colectivo, dado que el juego también tiene un punto “coleccionable” y porque las propias piezas pueden acabar circulando fuera de la caja. “Puede pasar que una carta se regale o caiga en manos de alguien a quien le interese el proyecto. Al menos, que pueda saber quién está detrás o contactar con esa persona”, señalan. 

El deseo, en cualquier caso, es que Brevari no se quede en esta primera edición. “Ideas hay demasiadas”, reconocen entre risas. Los valencianos no conciben el juego como una publicación cerrada, sino como un punto de partida con recorrido. “Nos gustaría que la idea tuviera una vida bastante larga”, apuntan, dejando abierta la puerta a nuevas versiones. 

  • -

De la autoedición al acompañamiento creativo

Desde su puesta en marcha en 2023, La Breva se ha ido consolidando como un espacio de trabajo colectivo para la fotografía emergente en València. El proyecto nació cuando varias de sus integrantes, recién salidas del grado de fotografía de la EASD, compartían la misma duda: qué hacer después. Frente a la incertidumbre y a una práctica artística habitualmente ligada al proyecto individual, optaron por organizarse y generar una red de apoyo mutuo.

Desde entonces, el colectivo ha impulsado distintas líneas de trabajo. Su primer fanzine, Cae la breva, marcó el inicio, pero con el tiempo han ido surgiendo otras iniciativas que se han asentado como parte central de su actividad, como las ‘Terapias de Proyectos’. Sesiones periódicas abiertas a cualquier persona interesada en compartir trabajos fotográficos en proceso, independientemente de su grado de profesionalización o disciplina. La idea es, según cuentan sus impulsoras, reunirse para compartir su biblioteca efímera (los libros que les ayudan a inspirarse en ese momento) y empezar a charlar de cada uno de los trabajos. Todo sucede, explican, de manera “horizontal”, “sin mediar”, dejando que las conversaciones fluyan sin jerarquías. 

  • -

A esta dinámica se suma también la temática del mes, una propuesta que lanzan desde Instagram y que invita a remover archivo, resignificar imágenes o crear nuevas fotografías a partir de un concepto común. Una práctica que refuerza, de nuevo, esa idea de crear por crear. Además, La Breva funciona como plataforma de visibilización, tanto en redes como en mercados y ferias especializadas. Recientemente han pasado por la feria BALA en Bilbao, ampliando su red de contactos y contrastando su trabajo con otros proyectos a escala estatal. “Moverte por férias da vértigo, pero también alimenta mucho la mirada colectiva y la forma en que pensamos los proyectos”, señala Gradolí. 

Sobre su futuro, las fotógrafas insisten en que su prioridad es mantenerse fiel a esa forma de hacer horizontal. “Muchos proyectos nacen desde lo colectivo y acaban mutando hacia otras dinámicas. Nosotras hemos intentado cuidar justo eso”, explican. En este sentido, La Breva no tiene ambiciones cerradas, sino más  bien deseos a medio plazo: desde seguir publicando de manera colectiva y mantener los espacios de encuentro, hasta poder contar con un lugar físico donde trabajar juntas y custodiar un archivo común. “Lo importante para nosotras es que el proyecto no se agote. No nos movemos desde la ambición, sino desde el deseo de conocer. El otro día un chico nos hablaba de una feria en Polonia. Ahora mismo es cero planteable ir, pero ojalá lo pudiéramos realizar, que La Breva vaya a Polonia”, concluyen. Por lo pronto, las valencianas estarán el 14 y 15 de febrero en la segunda edición de la feria de la autoedición de Castelló, Tragapinyols.  

  • -
Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo