VALÈNCIA. Los rituales transparentan. Igual que realzan el entallado, a base de repetición, dejan ver las costuras. Y las costillas. Como en una tarde, tras otra, donde una sociedad sale a aplaudir a los balcones y entonces se descubre que hay porciones de nuestras ciudades -de apariencia céntrica- donde no se escuchan los aplausos porque ya no queda casi nadie para aplaudir. O, como en los últimos marzos, en algunas demarcaciones premium, con miembros de casales falleros que pillan hotel para pasar las noches de Fallas cerca de la comisión porque sus viviendas están lejos. La ciudad está transformándose, los rituales que fijaban con sus manos lo inmutable resisten a duras penas.
Si el fútbol, ritual popular, lleva una década y pico mostrándole a València lo que ocurre cuando sus emblemas arraigados quedan en manos de poderes desubicados, y el emblema queda reducido a simple instrumento financiero, las Fallas comienzan a dar pistas no previstas. Aunque sí previsibles.
En la calle Túria, donde el asfalto cruje ante la amenaza de dejar de ser calletúria, en el antiguo casal de la Falla En Plom (la dejaron en 2017) hoy los candados precintan unos apartamentos turísticos solicitados en 2023, informa Levante-EMV. Al igual que en tantas variaciones a ras de vía, el problema no suele ser tanto lo que se va como lo que viene. Qué simbólico el cambio: de un casal, a un airbnb. Podrá limitarse la importancia de los airbnb en la crisis de la vivienda (es un factor, no el principal), pero queda poca duda de su relevancia en la otra crisis: la simbólica, la identitaria, la de la pertenencia desgajada. Donde antes había musculatura local, un atisbo de comunidad hecho de conexiones cercanas (fueran éstas de donde fueran), ahora hay paso y tránsito rápido.
Se pasan de frenada quienes idealizan la vida en un casal fallero convirtiéndolo en algo así como una Biblioteca de Alejandría de la socialización ciudadana, pero se ciegan quienes pasan por alto la importancia multiplicadora de los recintos donde la vecindad tiene metros cuadrados para vincularse.
En 2024 la falla Séneca-Yecla, en Algirós, plantó un monumento bajo el título de ‘Guiriland’. No hablaban de oídas: la dueña de su casal les había pedido amablemente que se fueran de allí porque iba a abrir apartamentos turísticos. No eres tú, soy yo, que puedo mover las maracas muchas veces si en lugar de falleros pongo pisitos para visitantes.

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En Benicalap sigue la lucha, a cara de perro. En varios de sus edificios siguen las obras para convertir bajos comerciales en apartamentos turísticos. Uno de ellos correspondía a la falla Nova de Benicalap, quienes ya se marcharon antes de este proceso. Insistamos: donde antes había cohesión local, ahora habrá tránsito lateral.
Las Fallas, el ritual, están dando información privilegiada para quien quiera procesarla. Que a pesar de su fortaleza, de su trato preferente, muchas comisiones lleven unos cuantos meses pidiendo ayuda para poder comprar sus locales, sospechando que ellas pueden ser las siguientes, es una advertencia en mayúsculas. No para la fiesta, que también, sino para una ciudad que puede sentir cómo hasta sus baluartes tiemblan.
Si ocurre con los casales falleros -quintaesencia de la demarcación entre calles-, qué no ocurría con el resto… Aunque más bien sucede a la inversa: el agua le llega ahora a las fallas porque ya arrasó con el resto. Muchos de esos casales son peritas en dulce para los hostigadores: locales espaciosos con equipamientos básicos y capacidad para ser troceados a conveniencia.
La pérdida, desde luego, es de cohesión social y por tanto de bienestar ciudadano. ¡Pero si hasta en Turianova, tierra de nadie, se abrió antes un casal que un bar! Bastaron 70 vecinos y dos calles para que, sin tener tiendas ni centros cívicos surgiera una falla: la de Gonzalo Tejero Langarita.
El afán humano por converger se abre paso, sea donde sea, podría pensarse a partir del caso laboratorio de Turianova. Y sí, pero claro que no: un continuo de bajos desprovistos de puntos de encuentro es a la ciudad lo que el scroll infinito para nuestro alumnado. Convierte en pasiva a la sociedad activa. Cuando llegue el informe PISA de las ciudades entenderemos los efectos…