VALÈNCIA. Los Premis al Mèrit Cultural del Ayuntamiento de València han hecho de la Lonja de la Seda la sede de su gala de entrega en sus últimas ediciones. Este 2026, además, el monumento histórico celebrará el 30 aniversario de su declaración como Patrimonio de la Humanidad. Pero más allá de su espectacularidad arquitectónica, La Lonja también sirve de telón de fondo como símbolo del potencial de excelencia que ha estado presente a lo largo de la historia de la ciudad.
Este año, el jurado ha elegido a unos ganadores que representan lo amplio y lo diverso de la cultura y la creación valenciana. La alcaldesa de València, María José Català, ha remarcado, en este sentido, que los premios, de carácter honorífico, pretenden recordar que la cultura “no es un adorno, sino el fundamento del futuro” de una ciudad.
Ricard Camarena ha sido el primer galardonado en tomar la palabra. Su discurso ha querido recordar la definición de cultura en clave antropológica y defender la gastronomía como un lenguaje cultural colectivo —“La cultura es el conjunto de prácticas que una sociedad desarrolla para organizar su vida”. Desde ahí, el cocinero ha subrayado que la cocina no puede entenderse únicamente como un sector económico o una forma de ocio, sino como “territorio, memoria, técnica, hospitalidad e identidad”. Un ámbito, ha señalado, que durante años ha quedado “en una frontera administrativa”, sin un espacio claro de interlocución, precisamente por su carácter transversal. “Este premio tiene un valor especial porque reconoce que la gastronomía pertenece plenamente al ámbito de la cultura”, ha afirmado, y ha añadido que asumirlo implica visión a largo plazo: “No se trata solo de conservar tradiciones, sino de acompañar su evolución”. Camarena ha aprovechado para desplazar el foco del reconocimiento individual hacia un trabajo colectivo que conecta campo y ciudad, pasado y futuro. “Una ciudad que reconoce su gastronomía como cultura es una ciudad que cuida su territorio y entiende que su identidad también se construye cada día alrededor de una mesa”, ha concluido.
Por su parte, la diseñadora Isabel Sanchis ha centrado su intervención en el trabajo colectivo e invisible que sostiene el mundo de la moda. Tras agradecer el galardón, ha recordado su vínculo personal con el oficio y ha dedicado el premio a su padre, que inicialmente no vio claro su cambio de profesión, pero acabó apoyándola “incondicionalmente”. Sanchis ha reivindicado la moda como artesanía e industria, y ha enumerado los oficios que la hacen posible: “Modistas, sastres, figurinistas, orfebres”. Frente a la idea de frivolidad que a menudo la acompaña, ha defendido que detrás de cada prenda hay “gente que trabaja con pasión” y una industria que “genera muchos puestos de trabajo, cultura y emoción”. La moda, ha subrayado, “está presente en muchos momentos importantes de la vida de las personas”, y ha querido compartir el reconocimiento con todas las personas que forman parte de ese proceso.

- Magüi Mira, durante su discurso. -
Ángeles López Artiga ha hablado desde su trayectoria larga, marcada tanto por la creación como por la docencia. En su discurso, ha querido remarcar el valor añadido de recibir el premio en su propia ciudad: “Hoy es un día especialmente feliz porque este reconocimiento procede de mi ayuntamiento, de mi ciudad, de mis paisanos”. En un contexto social que ha definido como especialmente necesitado de sensibilidad y reflexión, ha defendido el papel del arte como espacio de cuidado: “La música es una forma de alimento para el espíritu”. Para López Artiga, la música es “la más espiritual de las artes” y una manera de “elevar lo cotidiano y mirarlo desde otra perspectiva”. En todas sus facetas —intérprete, cantante, compositora o docente—, ha afirmado haber trabajado desde la honestidad, convencida de que “esa sinceridad es esencial en la relación del artista con la sociedad”. Si algo desea dejar como legado, ha concluido, es la idea de que “el arte musical es una forma de amor”.
Magüi Mira ha cerrado la entrega con un discurso atravesado por la memoria y la identidad. Ha reivindicado València como el lugar que le ha proporcionado la “savia” necesaria para construir su camino artístico y ha afirmado sentirse profundamente vinculada a la ciudad: “La considero mía, muy, muy mía”. También ha evocado su infancia, las personas que la han acompañado y los espacios que han modelado su mirada, y ha definido València como “oxígeno, luz y belleza”. Frente a un presente marcado por la violencia y la crudeza, ha defendido el arte como una forma de resistencia: “El arte es un antídoto”. Un espacio que permite “usar la palabra” y seguir avanzando desde la emoción y el pensamiento. Mira ha dedicado el premio “a todas las mujeres valencianas”, y ha cerrado su intervención recordando una frase de su madre: “Todas las mujeres somos la misma mujer”.